Caja de galletas

Es una caja de latón verde un poco abollada en la tapa y con la pintura descascarillada en las esquinas. Sobre la tapa hay un dibujo de una granja, de una granja como tal vez solo pueda existir en una caja de galletas. Una granjera muy mona, cubierta la cabeza con una pañoleta de cuadros rojos a juego con su delantal da de comer alegremente a gallinas y pollitos. También se ve un pozo, una casa y tres árboles a lo lejos.

Esa caja de galletas con ese dibujo que mirábamos mucho cuando éramos pequeñas mientras desayunábamos y luego ya dejamos de mirar y hasta de ver, se ha fosilizado en la cocina de mis padres y, anclada en un rincón, desafía el paso del tiempo. He abierto la tapa y dentro había unas galletas que podrían datar de hace más de veinte años tranquilamente. He pretendido tirarlas y sustituir la caja por otra más moderna y sin abollar pero no se me ha permitido.

Por aquí el valor de los objetos no va unido a su modernidad sino todo lo contrario. Un objeto es más valioso cuanto más resiste y persiste. La caja verde ha vuelto a su rincón, muy ufana y triunfante, para que la granjera sonriente y mona pueda seguir alimentando sin obstáculos a gallinas y pollitos con su pañoleta a cuadros rojos a juego con el delantal. Se ve que los imaginarios mundos felices no tienen fecha de caducidad aunque contengan en su interior galletas en descomposición.

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15 comentarios en “Caja de galletas

  1. Esa granjera y sus pollos han mantenido el tipo estoicamente durante años, por eso se merecen un final feliz como albergar una cápsula del tiempo o algo así y disfrutar de la eternidad enterrada en el patio. Las galletas ya no creo que se vayan a poner malas, quizá habría que dejarlas en la cápsula para que dentro de mil o dos mil años, cuando el único alimento sean pastillas, estudien la composición de la comida real que consumía la gente. Igual hasta haces que tus descendientes se hagan ricos. Nunca se sabe

  2. Yo hace unos años era fan de tirar y comprar algo nuevo. Ahora sin embargo cada vez me resulta más atractivo el reutilizar y darle una nueva vida a objetos con historia.

  3. Los productos, antes, pretendían en sus envases vender felicidad. Hoy venden información, tablas calóricas y recuento de vitaminas y anuncian ausencia de gluten, colesterol, grasas saturadas, azúcares añadidos. Con los envases de antes te podías imaginar un cuento.

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