Media hora

Vamos a comer, anuncia mi padre a las tres cuando ya estamos sentados, las servilletas puestas y el tenedor en la mano. Él lo anuncia todo, si se va a lavar los dientes, lo anuncia, si se sienta también y si luego se levanta lo vuelve a anunciar. No le gusta pillar a nadie por sorpresa. Las noticias, avisa a continuación y le da al mando de la tele.
Masticamos virus mortíferos que se expanden sin control, tragamos bombardeos, niños ensangrentados, terremotos, ciudades en ruinas, accidentes de tráfico. Deglutimos casos de corrupción, mujeres asesinadas, intervenciones de bancos.
De vez en cuando y como si los responsables de los informativos se apiadaran de nosotros, se cuela alguna noticia veraniega como una playa abarrotada o una tortilla de patata gigante.

Pues vaya tontería, dice mi padre, se nota que no tienen nada qué contar. Si es que….cabecea mi madre. Qué mona es esta chica nueva, ¿verdad?, se da un aire a la Letizia.
Seguimos comiendo entre desgracias y tormentos ajenos relatados con impasibilidad por la presentadora mona. La comida nos sabe bien  y el sol entra por la ventana.  Un perro ladra y otro le contesta dos casas más allá, un pájaro trina, alguien da golpes con un martillo, pasa una moto ruidosa. Cuando llegan los deportes hemos terminado.
Estaba todo muy bueno, dice mi padre limpiándose con la servilleta.
Pues ya hemos comido y tan ricamente, pronuncia mi madre a las tres y media.

10 comentarios en “Media hora

  1. Tan ricamente… hace ya mucho decidí apagar la tele a la hora de la comida. Prefiero enterarme de las noticias con el café de la mañana, no se porque pero de me hace menos indigesto. Besitos guapa!

      1. Es un placer leerte! Todavía no he terminado con la gran recuperación, pero mientras pasa el camión de basura me voy lavando los dientes. Me gusta poder leerte con tiempo y en silencio. 🙂

      2. JAJAJAJA, aquí pasa entre las once de la noche y las dos de la madrugada, es solo sentarse a esperarlo para disfrutar de sus múltiples encantos.

  2. En los conventos les leían a los monjes mientras comían en silencio, a veces, el Apocalipsis y por todo comentario oían de vez en cuando: “Hermanos, morir tenemos” a lo que sólo les estaba permitido responder: “Ya lo sabemos”.
    Ahora el Apocalipsis nos lo ponen por la tele a la hora de comer.
    Ya hemos comido. Una cosa hecha.

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