Día: 7 agosto, 2014

Buena nueva

Tañen y repican las campanas (son campanas, no se les puede pedir otro comportamiento), suenan y resuenan músicas triunfales, el sol brilla con más fuerza, el agua de las fuentes es más fresca y clara, dejan de ladrar los perros y hasta las chicharras se detienen para coger impulso y volver de nuevo con su hilo musical del verano. Algo va a pasar, algo está pasando, mi madre se desata el delantal con arrebato y lo arroja por los aires, mi padre se levanta de la silla que parecía tener adherida al cuerpo (resulta que no).
¿Qué pasa, qué acontece? Ah, ahora ya lo veo desde la ventana, ha llegado la Lauri y en estos momentos atraviesa la puerta del patio y avanza, despacio pero firme, conociendo muy bien el terreno que pisa, hasta abrazar a mis padres. Detrás de ella va el Diego cargado con unos tablones de madera. El Diego es su marido y nació con la tara de la afición  al bricolaje, pobre criatura. Pues ya estamos todos, o casi todos.

Bajo a saludar a mi hermana y por su sonrisita enigmática adivino que tiene una noticia que darnos. Sí, esa, que está embarazada. La tal noticia  provoca un delirium tremens a mi madre y una alegría contenida a mi padre. Yo también me pongo contenta porque voy a ser tía.

Una vez soltada la primicia,  la Lauri se mete de lleno en su papel de embarazada lánguida ( ella ya es bastante lánguida de por sí) y con una mano colocada sobre su tripa más plana que la mía se dedica a lanzar suspiros y a bostezar y a decir que todo huele muy mal, hasta el jabón. El Diego da martillazos a las tablas construyendo no se sabe qué, tal vez una cuna, tal vez nada y solo martillea de felicidad pre  paternal, mi madre sale por patas y en zapatillas a contárselo a sus amigas del hogar del ama de casa y mi padre vuelve a su silla, aún caliente, para informar al perro, no vaya a quedarse el animal en la ignorancia. Y yo, como no sé qué hacer, lo escribo en el blog.

Cierto que nuevos seres llegan al mundo a todas las horas del día y de la noche al igual que viejos seres lo abandonan, cierto que no es nada especial nacer como no lo es morir, son acciones muy generalizadas y, sin embargo, el nacimiento y la muerte, cuando son cercanos, siempre nos alteran y conmueven.  Qué señalados nos sentimos cuando nos atañen directamente, qué únicos y particulares como si la vida nos hubiera elegido solo a nosotros para desvelarnos parte de su misterio.