Día: 8 agosto, 2014

Me acuerdo

Existe un libro que se titula así, lo sé porque lo he visto en la estantería de la Patri mientras quitaba el polvo pero no he tenido la ocasión de leerlo, así que no sé de qué se acordaba el autor. Yo hoy me estoy acordando de cuando conocí al Toni.

Fue en la aquí llamada Universidad del Besugo, una academia que abría los veranos para los que suspendían las matemáticas, la física, la química o las tres a la vez, que también se daba el caso. No le habían puesto ese nombre tan marino por lo brutos que éramos todo los que íbamos sino porque su profesor, el tal Bermabé, tenía unos ojos abesugaos y en los pueblos la gente no deja escapar ni media. Que así de paso nos llamaban también besugos a los alumnos, pues, oye, dos pájaros de un tiro.

La academia era la casa del propio Bernabé que había habilitado uno de sus cuartos como aula. El cuarto daba un patio que tenía una parra con uvas y aunque estaban verdes sacábamos la mano por la ventana y las arrancábamos para comerlas, por hacer algo, cualquier cosa menos atender al Besugo .

El Bernabé tenía unos dedos muy largos y muy flacos y decía: cogemos un logaritmo y estiraba los dedos en el aire como pinzas apresando los invisibles logaritmos.
De eso me acuerdo, de eso y de que el Toni, sentado tres filas por delante se daba constantemente la vuelta para mirarme. Así no avanzamos, Antonio, le reprendía el Bernabé y tenía razón porque el Toni suspendió en septiembre y eso que ya estaba repitiendo.
Pues así, entre uvas verdes, logaritmos que volaban por los aires dejándose agarrar por esos dedos flacos, alumnos sudorosos que fumaban y hacían círculos con el humo (el Bernabé dejaba fumar porque él también fumaba) y un calor que nos dormía se inició nuestro romance. En la mismita Universidad del Besugo, de eso me acuerdo.