Día: 13 agosto, 2014

La madeja

Otra vez estoy on the road, o lo que viene a ser lo mismo en mi caso, subida a un autobús que atraviesa la meseta castellana. Mi destino es Villa Peligrosa, es casa tan truculenta perteneciente a los antepasados del Husband. Vuelvo a mi vida como sombra, tampoco es que me importe mucho ser una cosa o la otra. He llegado al convencimiento de que estés donde estés y seas quién seas hay algo o alguien dispuesto a molestarte. Son maestros que te pone la vida, dice la Esme con sus típicas frasecitas sacadas del último libro que se ha leído (por encima). Y yo que pensaba que una vez abandonado el instituto ya no me iban a dar más la vara. Ilusa que soy, o que era.

Pero no era de esto de lo que quería hablar, aunque ahora que me detengo a pensarlo, qué más da hablar de un tema o de otro si mis palabras caen por el agujero negro del WordPress, esa “avanzada plataforma semántica de publicación” ( madre mía qué frase tan maja) y se enredan ahí con otras muchas palabras formando una bola informe, como esos ovillos de lana hechos de restos de muchas lanas, cada una de color pero que al final son siempre grises. Quería hablar de pies pero casi mejor lo dejo para otro día porque esta extensión amarilla, sin relieve alguno, tan semejante a un infinito calcinado, me da sueño. Voy a dormir y voy a callar y así no contribuyo a engrosar la madeja que bastante gorda está ya.

He intentado dormir pero no he podido porque el saber que la plataforma donde escribo está orientada a la “estética, los estándares web y la usabilidad” me ha causado una desazón incompatible con el sueño.  ¿Qué hago?, otra vez dando de comer al ovillo. Me  callo, me callo. Adiós.