Mes: septiembre 2014

Empoderadas

Así es como dice la Esme que nos tenemos que volver, que ya está bien de dejarnos pisotear, de cumplir todos los deseos menos los nuestros y de ser unas mujeres que ni pinchan ni cortan. Que tenemos que pinchar y que cortar pero que para eso, primero, nos tenemos que empoderar.

Perdóname, Esme pero es que esa palabra es rara y no la entiendo y ahora mismo estoy haciendo la cena y te tengo que dejar que se me pasa el huevo frito.

¿Eres idiota, Eva? primero que los huevos fritos no se pasan y segundo que seguro que le estás haciendo la cena al Toni.

Pues sí, para los dos.

¿Ves?, lo que te digo, no estás empoderada pero eso lo arreglo yo. Pásate mañana por el parque cuando dejes al niño en la guardería que te voy a explicar el sistema. Nuestro momento se aproxima, te lo anuncio desde ya para que te vayas preparando.

Ah, pues qué bien pero me lo tendrás que explicar rapidito que el hada no se anda con tonterías con los horarios.

¿Pero de qué hada me hablas?

De la Patricia, de quién va a ser, que sospecho que es un hada disfrazada de mujer.

Tu jefa lo que es es una pija de libro.

Bueno, es que tiene que haber hadas de todas las clases sociales.

Mira, Eva, tú estás muy perdida pero aún tienes arreglo. Los miércoles por la tarde no tienes nada que hacer, ¿verdad?

No, bueno, lo de mi casa, poner la lavadora, ir a la compra, planchar, quitar el polvo…

Calla, pelma, que me amuermas con esa ristra de obligaciones, nos vamos a apuntar a un seminario de empoderamiento y vamos a resurgir como mujeres nuevas, ya verás. Tengo aquí los papeles. A ver, contesta a este test : ¿estás haciendo lo que verdaderamente te gusta?

Hija, Esme, ya sabes que me puse de empleada doméstica porque no me quedó más remedio pero que esa no es mi verdadera vocación.

Pues ahí le has dado. Sigue el test:  ¿sientes a veces que no tienes el control de tu vida?

No sabría decirte.

O sea, que sí, que lo sientes. Y por último,  ¿no sabes cómo transformar los retos en oportunidades?

Si te refieres a qué no sé qué hacer con un huevo frito quemado y con la yema dura, pues sí.

No creo que se refiera a eso pero me vale, lo que tienes que tener claro es que tú y yo nos vamos a empoderar.

Y dale con la palabreja, si ese vocablo me parece a mí que no lo recoge el diccionario de la RAE.

Bastante te importa a ti ese diccionario, si te pasas el día saltándotelo. Venga, que te apunto, que la inscripción se hace por internet. Ya estás, apuntada. Verás que bien, vamos a salir de la zona de confort que es una zona aburridísima donde nunca pasa nada y vamos a entrar….eso ya lo veremos sobre la marcha.  Además, que luego nos dan un diploma.

¿Pero un diploma de qué?

Pues de guías de otras mujeres que se quieran empoderar, vamos a liderar muchedumbres, ni la Merkel, bonita. Ya me he pensado los estilismos para cuando seamos pastoras de masas, mañana te los cuento.

Huy, Esme, qué pereza me está entrando.

Tienes que creer más en ti misma, Eva, se me pone, y conectar con tu esencia femenina.

Eso lo estás leyendo tal cual de la propaganda del seminario, ¿a qué sí?

Te veo mañana en el parque. Y va y me cuelga con mucho empoderamiento y bastante mala educación.

¿Quién tiene?

¿Quién tiene el paraguas azul?
Nadie contesta
¿Quién tiene la taza roja?
Un susurro leve, como de hoja moviéndose
¿Quién tiene el perro y el niño?
Aquí, dice una voz a la que le ha costado mucho salir.
Muy bien!, exclama la misma que pregunta.
¿Quién tiene el monedero?
Silencio. El que lo tiene no lo reconoce o se ha dormido o no le da la gana decir que lo tiene.
Es el colegio del don Margarito, lo han apuntado para tenerlo a buen recaudo y que no le de por vagar por las calles y confraternizar con mendigos aunque en un cartel en la puerta dice : clases de memoria. Por decir que no quede. A mí me toca ir a buscarlo a las cuatro y llevarlo de vuelta a casa donde le aguarda su madre.
La profesora del don Margarito no se parece en nada a la del Jacobín, ni es guapa, ni es joven ni le importa un pito el trazo.
Venga, venga, Cecilio, mire que bien, han venido a buscarle. Lleva queriendo irse desde que entró esta mañana, ha estado muy inquieto, me dice en un aparte. Nos vemos mañana, ¿verdad, guapo?, le suelta con el mismo tono de voz con el que se habla a los niños.
¿Quién tiene la mesa?, sigue ella dando palmas para que no se le duerman los tres que quedan despiertos.
Esos tres dejan vagar la mirada por unas fichas con dibujos de objetos que tienen delante pero ninguno ve la mesa, parecen estar perdidos en mundos muy lejanos aunque sus cuerpos se hallen en este.

Criii, criii , crí

Pero, ¿qué es ese ruidito?, ¿eres tú, Eva o es la cama que chirría?, ¿no lo oyes?

No lo oía porque estaba dormida y soñando con hadas, ahora sí lo oigo pero me parece inofensivo. Duérmete.

Sí, claro, duérmete, como que puedo, es un ruidito bastante molesto. Agudo. No me gustan los sonidos agudos, me dan dolor de oídos, ¿a ti no?

A mí no, voy a volver a dormirme a ver si recupero el sueño que me estaba gustando.

Escucha, sigue una pauta, no es un sonido aleatorio, lleva un ritmo. Dos seguidos más largos y luego uno seco y corto. ¿Qué será?

No lo sé, no le hagas caso y ya está.

Claro, ¿tú crees que si pudiera no hacerle caso estaría despierto? Si no me duermo es porque no puedo ignorar ese cri, cri, crí. El último lleva acento, los dos primeros son átonos.

Cri, cri, crí? Pues entonces es un grillo, los grillos hacen cri.

Imposible, aquí no hay grillos, esto es una ciudad, aquí no viven. Además ya no hace calor, los grillos son del verano.

Será un grillo urbano otoñal aficionado a la noche madrileña. Vivirá entre los ladrillos de la pared, ahí viste una araña hace poco, pues perfectamente puede vivir también un grillo.

Qué alegría, pues no me deja dormir.

No te entiendo, Toni, pero si a ti te gustan esos sonidos de la naturaleza y siempre te estás quejando de que aquí no los tienes. Ahora resulta que llega un grillito de nada a aderezarte el sueño y no puedes dormir, eres pesado.

A mí me gusta el conjunto de grillos, muchos a la vez forman un sonido como el del mar, que seda y adormece pero uno solo es molesto, es cansino, es repetitivo, es chirriante y me grilla. Es que hace criii, criii, crí.

Si, ya lo del acento y todo eso.

Sí, eso. Es el último crí, demasiado autoritario, como si pusiera un punto.

El punto sobre la i.

Me voy a levantar a ver si lo cazo.

No vas a poder, es un sonido engañoso, no proviene de dónde uno cree que lo está oyendo. Espera, se ha callado, vuelve a la cama y aprovecha para dormirte.

Es verdad, qué paz, ya sólo se oye a los vecinos y al camión de la basura, se lo habrá comido la araña, las arañas comen grillos, ¿verdad.?

Lo que les caiga en la tela, supongo.

Pues este se ha caído con todo el equipo, por grillar a deshora.

Criiii,  criii,  crí. Criii, criii, crí.

 

 

 

 

 

 

 

Monólogo de uno (3)

¿Qué le queda a un hombre si le quitan los pájaros y se los sustituyen por un helicóptero dando vueltas?

¿Qué le queda si por las noches, en lugar de ver estrellas, le deslumbra la luz de las farolas?

¿Qué le queda si le suprimen los olores a tierra mojada, a leña del invierno a flores de la primavera y le ponen en su lugar un mismo olor tirando a fétido mezcla de humo de coches y orines?

¿Qué le queda si no puede sentarse a descansar debajo de un árbol contemplando el horizonte, si en vez de grillos o susurro de hojas oye el jaleo del vecindario, bocinazos, motores…

Ponerse a la cola del último modelo de iphone y creerse que es feliz. Eso le queda.

Tentando al hada

Ya lo tengo. Me he comprado un cesto muy majo en los chinos y luego en el herbolario el jengibre y la cebada y lo he metido en su interior. Personalmente me parece una guarrería de alimentación pero yo no soy hada. Por lo visto a ellas les gusta mucho y es lo que hay que ponerles para atraerlas, me lo ha dicho una amiga de la plataforma semántica. (Gracias, Marie)

Total, que salgo yo de casa esta mañana toda decidida a que el hada se manifieste de una vez y deje de fingir que es una mujer normal y corriente. Bueno, muy normal tampoco finge que es pero en fin…

Pero, ¿dónde vas, caperucita?, me suelta el Toni avistando el cestillo de las tentaciones hadescas.

A trabajar como todos los días y tú deberías hacer lo mismo.

Me refiero a ese cesto.

Ah, eso, no te importa, no quieras saber todos mis pormenores que las parejas tienen que tener sus secretos y sus enigmas y sus mundos interiores lo más arcanos posibles para no caer en el hartazgo.

Sí, vale, ¿pero qué potingues llevas dentro, no te habrás comprado un mulo y lo tienes aparcado en el portal?, que eso me parece pienso.

Es cebada para tu información y de mulo nada, qué rural eres, Toni, hermoso.

Bueno, tú sabrás, si me lo quieres contar bien y si no, también.

Pues no te lo quiero contar por el momento, así que adiós. Y me encamino hacia el autobús donde mi cestillo  con comida de hadas llama ligeramente la atención. Y digo ligeramente porque la gente en general va tan embebida en sus pantallas portátiles que puedes hacer mucho el estrafalario sin que apenas te miren. Y eso, lo de embeberse, no le pasa solo a la gente trabajadora que viaja en transporte público que hasta en la mismísima ONU, que lo he visto en la tele, están los representantes de los países entretenidos con sus cacharros y sin hacer ni puñetero  caso de los discursos ajenos. Qué tiempos aquellos tan crueles en los que tenían que tragarse los discursos a palo seco. Vamos mejorando.

Con toda esta disertación ya ni os acordaréis del cesto que tan graciosamente portaba colgado del brazo.  Pues volviendo al mismo, he pasado mis buenas horas buscando el lugar adecuado para ubicarlo porque esta casa es muy extensa pero carece de jardín. Primero lo he situado en la cocina pero luego me he dado cuenta de que el hada pasa poco por los fogones o por las inducciones. A continuación lo he dejado junto al sofá pero luego me he percatado de que el hada no lo frecuenta mucho ( si este sofá fuera mío me vararía en él de por vida, menos mal que no lo es). Después lo he llevado a uno de los baños pero no me ha parecido un buen sitio para poner comida y, finalmente lo he dejado justo en la puerta de su cuarto de escritura y meditación para que lo hallara cuando saliera despejarse.

¿Se puede saber qué haces toda la santa mañana dando vueltas por la casa con ese cesto?, me ha dicho al hallarlo, así como con mal genio. Qué disimulona!

Pues nada, mujer, buscándole el sitio adecuado que hay que guardar cada cosa en su lugar, que lo ha dicho la profesora del niño.

No sé qué es eso ni quiero saberlo pero quítalo de ahí que me voy a tropezar, me dice poniendo cara de asco y ponte ya a trabajar que se te pasan las horas y no has hecho nada.

Qué astucia tiene, cómo finge que no le interesa pero a mí no me engaña, en cuanto me marche a recoger al Jacobín,  esta se pone ciega a jengibre y cebada.

 

 

 

 

Sin salirse de la raya

El niño no domina el trazo y en cuanto al botón, sigue sin sabérselo abrochar, me salta la profesora Isabel, educanta del Jacobín, esa mujer tan guapa como retorcida.

Por lo del botón, no te preocupes,  no conozco a nadie de veinte años para arriba que no se los abroche mal que bien, cada uno a su ritmo y sin forzar, me parece a mí. Y en cuanto al trazo no sé lo que es.

Que se sale de la raya coloreando y mucho. Un poco es normal a esta edad pero él se sale mucho. Eso quiere decir que no tiene la habilidad necesaria para avanzar en una grafomotricidad más compleja.

Y dicho eso me enseña con cara de disgusto unos dibujos de caras redondas de payasos y globos  por donde los lapiceros de colores del Jacobín han triscado a su antojo, plenos de anarquía y libertad.

Pues yo no lo veo tan mal, lo que pasa es que a él todo lo cirquense no le gusta, a lo mejor por eso se ensaña, si le pones balones de fútbol seguro que los rellena mejor.

No es por eso, insiste ella inflexible, es que hay que ponerle límites en el comportamiento de la conducta motriz del pintar.

Bueno, tenga en cuenta, además, que es un ser feérico.

¿Qué dices?

Pues que es hijo de un hada y como tal se comporta. Además, que salirse de la raya es muy bonito, denota mayor creatividad.

Dile a su madre que venga a hablar conmigo, por favor, es urgente, me responde ella mirándome con desagrado.

Pues no va a poder porque está a puntito de abrir la puerta.

Pero, ¿de qué puerta me hablas?, manifiesta con impaciencia.

De la de los mundos mágicos, claro está, pero ya le doy yo el recado de lo del trazo y el botón. Mucho caso no creo que te haga. Ella, le digo en un aparte y susurrado para transmitirle la importancia del mensaje, también se sale mucho de las rayas.

Inaudito, exclama la Isabel dándome la espalda.

Sí, es muy inaudita, ahí si que la has clavao.

A guardar cada cosa en su lugar,  a guardaaaar, se pone a cantarles a los pobres infantes que pacíficamente jugaban  poniendo, de paso,  punto final a nuestra conversación.

Buah, qué canción tan tonta! Como si las cosas tuvieran un lugar determinado en el que estar, con la tendencia que tienen ellas a cambiarse de sitio sin consultar con nadie. Es una batalla perdida, Isabel, maja, le hubiera dicho de no ser ella tan arisca.

Otros mundos

Mis sospechas se acrecientan. Un día contenta, triste al siguiente. Uno exultante, otro espachurrada. Uno simpática y afable, humana y comprensiva ; hosca y hostil al siguiente. Pero qué digo al siguiente si ni siquiera hay que esperar a que sea un nuevo día, ella cambia en cuestión de horas, de minutos, de segundos, bueno de segundos no que es demasiado poco tiempo para una metamorfosis en condiciones pero, vamos, que es rápida, eso os lo puedo asegurar.

Y si es tan rápida eso solo puede deberse a que posee ciertos poderes no humanos. ¿Que de qué leches hablo hoy? Pues de Patricia, que es un hada, tiene que ser eso. Este verano lo decía en broma pero ahora hablo en serio que para eso me he informado. Sí, ahí, donde se informa todo el mundo sin molestarse en comprobar lo fidedigno o no de las fuentes. En internet, claro, donde está todo: lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo feo y lo bello junto y revuelto.

Y según esas fuentes mal contrastadas, las hadas son seres contradictorios, volubles y cambiantes. (Es ella, tal cual). Resulta que los humanos no somos capaces de ver orden en sus decisiones y nos cuesta comprender su comportamiento que no siempre es justo pero sí sabio. (Ya me quedo más tranquila)

Dejan tras de sí una estela de polvo mágico, dicen mis informaciones. Eso también es verídico, en esta casa siempre hay polvo, claro que puede ser porque yo no lo quito pero me inclino más por lo del hada.

Conocedoras del poder y las virtudes de las palabras. (No me digáis que no, si está todo el día enredando con la escritura, eso es porque es conocedora y no porque no tenga otra cosa mejor que hacer como yo hasta ahora había mal pensado)

Obsesionadas con las flores (bastante, no había más que verla en Villa Peligrosa paseándose en éxtasis entre las hortensias).

A veces engatusan a un hombre de noble estirpe (el Pelayo claramente) transformándose en mujeres de gran belleza para quedarse embarazadas y dar a luz a un ser mitad humano mitad feeérico.  (El mismito Jacobín).

En sus mundos hay que penetrar con suma cautela porque nada  las enoja más (ellas no se enfadan si no que se enojan) que los humanos que curiosean sus dominios (ay, madre, qué peligro corro).

Pero asumo el riesgo porque que ellas, las hadas, también tienen la capacidad de abrir la puerta a otros mundos y tengo que estar ahí en el momento en que eso suceda para  acceder a ellos  y así poder escapar de la fregona, el amoniaco, la lavadora, el carro de la compra, la plancha…qué bonitos tienen que ser esos otros mundos, a ver si abre de una vez la puerta y transito para el otro lado, aunque solo sea por un rato.