Día: 3 septiembre, 2014

El tedio

No le veo yo intenciones a la Patricia de dejar de hacer el hada. Ya ha terminado agosto y ella sigue arrastrando gasas y tules por el suelo reseco, contemplando los árboles con arrobo, anotando pensamientos, bucólicos me supongo, en su libreta y ensimismándose como solo ella sabe hacer. Yo, por lo menos, nunca he conocido a nadie que se ensimisme tan bien y con tanta elegancia, eso hay que reconocérselo.

Todo eso está muy bien pero, ¿y si no sabe qué día es, y si no ha caído en la cuenta de que ya estamos en septiembre, el mes de volver, de hacerse propósitos, de no cumplirlos luego? Podría decírselo pero cuando la veo parece que ella no me ve a mí y no me atrevo a interrumpir su éxtasis o lo que sea que vive y cuando ya me voy acercando decidida a espabilarla, desaparece y se refugia en su cuarto.

Os lo digo: ser la sombra de un hada empieza a resultarme muy aburrido, más que aburrido, tedioso. Porque me parece a mí que tedio es como el aburrimiento llevado al extremo. El aburrimiento es más de andar por casa, más manejable, hasta instructivo y simpático pero el tedio no, el tedio no tiene nada de majo. El tedio es como una nube pesada y espesa que te envuelve y no te deja respirar. El tedio es una bruma que tapiza el mundo y te impide ver sus colores. El mundo se ha vuelto grisáceo, que también es peor que gris a secas porque es como un gris gastado y a jirones, y nada de lo que te gustaba o interesaba es capaz de estimularte.

Grazna la urraca, gra, gra, gra. Y lo hace tediosamente. Llora el Jacobín y su llanto es monótono y sin fuerzas. Al muchachito le pasa como a mí, que tanta soledad no le conviene, necesita su dosis de congéneres aunque sea para pegarse. Zumba el abejorro, se extiende el campo amarillo ante mis ojos, vuela aturdida una mariposa.
Que yo no soy un hada ni una ninfa de los prados, quiero volver a Madrid, a subirme al autobús y escuchar absurdas conversaciones, a ver caras y caras y caras, la fauna humana en toda su variedad, ruido, jaleo, movimiento. Todo eso que odia tanto el Toni, yo no estoy hecha para tanta quietud.

Y dices tú, dice la Pili interrumpiéndome un bostezo tan grande que casi se me desencaja la mandíbula, ¿a qué es bonito esto? Mira qué hermosura de hortensias, tiene una mano mi Josean pa los jardines…
Las miro pero solo veo las flores de todos los días que ya están empezando a secarse y decolorarse, lo mismo que me va a pasar a mí si la estancia en Villa Peligrosa se prolonga mucho más. Pero es que la que percibo no soy yo, es el tedio.