Laminada

Ayer por la tarde volví a ver a doña Margarita. Está muy bien pero más laminada porque eso es lo que hace el tiempo con algunos cuerpos, los lamina hasta que ya no queda más que una capa tan fina y translúcida que parece de aire mismo. De algo muy aéreo y poco sustancial me pareció ayer la doña Marga perdida entre la tela de flores de su sillón. Pero sigue teniendo el cerebro intacto y también la carcajada, por ahí no ha pasado la máquina de cortar y rebanar.
Quiso saber todo lo que había hecho yo este verano y se lo fui contando más o menos liado pero a la mitad de la narración se quedó dormida. Su sobrina, la doña Repolluda, que andaba por los pasillos según ella poniendo orden, me dijo que vigilara a su tía, que la veía muy débil y que en cualquier momento, zas¡ Dijo zas, como si la muerte se pudiera concentrar en esa onomatopeya tan tonta. Me puse un poco nerviosa de pensar que se iba morir en ese mismo momento, que yo nunca he visto morirse a nadie,pero luego me convencí de que no, de que la doña Repolluda es tonta y no sabe lo de la inmortalidad de su tía.
Como no tenía nada que hacer me puse a mirar por aquí y por allí, las paredes, los cuadros colgados en ellas, los muebles, las fotografías, las alfombras, el suelo, las ventanas, los libros de la estantería. De vez en cuando me aseguraba de que doña Margarita seguía respirando y volvía otra vez a mirar.
Me asomé a la ventana y entonces vi abajo, en un banco de la calle, a don Margarito al lado de un mendigo departiendo amigablemente. Don Margarito se encendió un puro y le ofreció otro a su acompañante de banco, los dos se pusieron a fumar. Al rato, don Margarito miró el reloj, se levantó y se fue y el mendigo se tumbó en el banco a terminarse el puro mirando al cielo.
Cuando doña Marga se despertó de su siesta me contó que ese señor del banco se llama Pedro pero que don Margarito le llama Pierre y le ha dado trabajo de secretario.Tiene tres misiones básicas, la primera es guardarle el banco para que cuando él baje no se lo haya quitado nadie, para lo cual Pierre se tumba y se hace el dormido. La segunda es ir a comprarle puros y la tercera charlar un rato con él. A cambio de eso, don Margarito le da dinero para que se compre lo que necesite, que suele ser vino.
¿Y a ti eso te parecerá normal, verdad, tía?, oigo que suelta la doña Repolluda asomando su poco amigable jeta por la puerta.
Doña Marga encogió sus laminados hombros y luego se echó a reír con una risa muy energética totalmente alejada del zas!
(Para los nuevos: doña Margarita es una señora que cuido un par de tardes, tiene cien años y es muy simpática, don Margarito es su hijo, también tiene muchos años y se le ha ido un poco la chaveta, la doña Repolluda es una sobrina, su intención es ingresarles a los dos en una residencia).

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5 comentarios en “Laminada

  1. A veces los viejos se amojaman tanto, se hacen tan enclenques, pierden tanto cuerpo que la muerte no sabe como matarles. Sólo les puede matar un accidente.
    Ya lo decía mi abuela: Estoy tan bien que, como no me de un trastazo un coche, tenéis abuelita pa rato.

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