Otros mundos

Mis sospechas se acrecientan. Un día contenta, triste al siguiente. Uno exultante, otro espachurrada. Uno simpática y afable, humana y comprensiva ; hosca y hostil al siguiente. Pero qué digo al siguiente si ni siquiera hay que esperar a que sea un nuevo día, ella cambia en cuestión de horas, de minutos, de segundos, bueno de segundos no que es demasiado poco tiempo para una metamorfosis en condiciones pero, vamos, que es rápida, eso os lo puedo asegurar.

Y si es tan rápida eso solo puede deberse a que posee ciertos poderes no humanos. ¿Que de qué leches hablo hoy? Pues de Patricia, que es un hada, tiene que ser eso. Este verano lo decía en broma pero ahora hablo en serio que para eso me he informado. Sí, ahí, donde se informa todo el mundo sin molestarse en comprobar lo fidedigno o no de las fuentes. En internet, claro, donde está todo: lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo feo y lo bello junto y revuelto.

Y según esas fuentes mal contrastadas, las hadas son seres contradictorios, volubles y cambiantes. (Es ella, tal cual). Resulta que los humanos no somos capaces de ver orden en sus decisiones y nos cuesta comprender su comportamiento que no siempre es justo pero sí sabio. (Ya me quedo más tranquila)

Dejan tras de sí una estela de polvo mágico, dicen mis informaciones. Eso también es verídico, en esta casa siempre hay polvo, claro que puede ser porque yo no lo quito pero me inclino más por lo del hada.

Conocedoras del poder y las virtudes de las palabras. (No me digáis que no, si está todo el día enredando con la escritura, eso es porque es conocedora y no porque no tenga otra cosa mejor que hacer como yo hasta ahora había mal pensado)

Obsesionadas con las flores (bastante, no había más que verla en Villa Peligrosa paseándose en éxtasis entre las hortensias).

A veces engatusan a un hombre de noble estirpe (el Pelayo claramente) transformándose en mujeres de gran belleza para quedarse embarazadas y dar a luz a un ser mitad humano mitad feeérico.  (El mismito Jacobín).

En sus mundos hay que penetrar con suma cautela porque nada  las enoja más (ellas no se enfadan si no que se enojan) que los humanos que curiosean sus dominios (ay, madre, qué peligro corro).

Pero asumo el riesgo porque que ellas, las hadas, también tienen la capacidad de abrir la puerta a otros mundos y tengo que estar ahí en el momento en que eso suceda para  acceder a ellos  y así poder escapar de la fregona, el amoniaco, la lavadora, el carro de la compra, la plancha…qué bonitos tienen que ser esos otros mundos, a ver si abre de una vez la puerta y transito para el otro lado, aunque solo sea por un rato.
 

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6 comentarios en “Otros mundos

  1. Sólo debes juntar el polvo mágico en un cubo del tamaño de un cantor de tango mediano, y repetir las palabras cósmicas que tú elijas. Con eso y algunas certezas y convicciones, todas las puertas se abren hacia el más allá. Dicen.

  2. Cambiantes, contradictorios, pasivos o eufóricos, dejando tanto polvo tras de sí… no tendrán los políticos también algo de seres míticos. Su capacidad para comprender, o sea, interpretar la realidad no es parecida a la de los demás.
    ¿Estaremos conviviendo con seres de otros mundos y no nos percatamos?

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