Día: 24 septiembre, 2014

Sin salirse de la raya

El niño no domina el trazo y en cuanto al botón, sigue sin sabérselo abrochar, me salta la profesora Isabel, educanta del Jacobín, esa mujer tan guapa como retorcida.

Por lo del botón, no te preocupes,  no conozco a nadie de veinte años para arriba que no se los abroche mal que bien, cada uno a su ritmo y sin forzar, me parece a mí. Y en cuanto al trazo no sé lo que es.

Que se sale de la raya coloreando y mucho. Un poco es normal a esta edad pero él se sale mucho. Eso quiere decir que no tiene la habilidad necesaria para avanzar en una grafomotricidad más compleja.

Y dicho eso me enseña con cara de disgusto unos dibujos de caras redondas de payasos y globos  por donde los lapiceros de colores del Jacobín han triscado a su antojo, plenos de anarquía y libertad.

Pues yo no lo veo tan mal, lo que pasa es que a él todo lo cirquense no le gusta, a lo mejor por eso se ensaña, si le pones balones de fútbol seguro que los rellena mejor.

No es por eso, insiste ella inflexible, es que hay que ponerle límites en el comportamiento de la conducta motriz del pintar.

Bueno, tenga en cuenta, además, que es un ser feérico.

¿Qué dices?

Pues que es hijo de un hada y como tal se comporta. Además, que salirse de la raya es muy bonito, denota mayor creatividad.

Dile a su madre que venga a hablar conmigo, por favor, es urgente, me responde ella mirándome con desagrado.

Pues no va a poder porque está a puntito de abrir la puerta.

Pero, ¿de qué puerta me hablas?, manifiesta con impaciencia.

De la de los mundos mágicos, claro está, pero ya le doy yo el recado de lo del trazo y el botón. Mucho caso no creo que te haga. Ella, le digo en un aparte y susurrado para transmitirle la importancia del mensaje, también se sale mucho de las rayas.

Inaudito, exclama la Isabel dándome la espalda.

Sí, es muy inaudita, ahí si que la has clavao.

A guardar cada cosa en su lugar,  a guardaaaar, se pone a cantarles a los pobres infantes que pacíficamente jugaban  poniendo, de paso,  punto final a nuestra conversación.

Buah, qué canción tan tonta! Como si las cosas tuvieran un lugar determinado en el que estar, con la tendencia que tienen ellas a cambiarse de sitio sin consultar con nadie. Es una batalla perdida, Isabel, maja, le hubiera dicho de no ser ella tan arisca.