Día: 25 septiembre, 2014

Tentando al hada

Ya lo tengo. Me he comprado un cesto muy majo en los chinos y luego en el herbolario el jengibre y la cebada y lo he metido en su interior. Personalmente me parece una guarrería de alimentación pero yo no soy hada. Por lo visto a ellas les gusta mucho y es lo que hay que ponerles para atraerlas, me lo ha dicho una amiga de la plataforma semántica. (Gracias, Marie)

Total, que salgo yo de casa esta mañana toda decidida a que el hada se manifieste de una vez y deje de fingir que es una mujer normal y corriente. Bueno, muy normal tampoco finge que es pero en fin…

Pero, ¿dónde vas, caperucita?, me suelta el Toni avistando el cestillo de las tentaciones hadescas.

A trabajar como todos los días y tú deberías hacer lo mismo.

Me refiero a ese cesto.

Ah, eso, no te importa, no quieras saber todos mis pormenores que las parejas tienen que tener sus secretos y sus enigmas y sus mundos interiores lo más arcanos posibles para no caer en el hartazgo.

Sí, vale, ¿pero qué potingues llevas dentro, no te habrás comprado un mulo y lo tienes aparcado en el portal?, que eso me parece pienso.

Es cebada para tu información y de mulo nada, qué rural eres, Toni, hermoso.

Bueno, tú sabrás, si me lo quieres contar bien y si no, también.

Pues no te lo quiero contar por el momento, así que adiós. Y me encamino hacia el autobús donde mi cestillo  con comida de hadas llama ligeramente la atención. Y digo ligeramente porque la gente en general va tan embebida en sus pantallas portátiles que puedes hacer mucho el estrafalario sin que apenas te miren. Y eso, lo de embeberse, no le pasa solo a la gente trabajadora que viaja en transporte público que hasta en la mismísima ONU, que lo he visto en la tele, están los representantes de los países entretenidos con sus cacharros y sin hacer ni puñetero  caso de los discursos ajenos. Qué tiempos aquellos tan crueles en los que tenían que tragarse los discursos a palo seco. Vamos mejorando.

Con toda esta disertación ya ni os acordaréis del cesto que tan graciosamente portaba colgado del brazo.  Pues volviendo al mismo, he pasado mis buenas horas buscando el lugar adecuado para ubicarlo porque esta casa es muy extensa pero carece de jardín. Primero lo he situado en la cocina pero luego me he dado cuenta de que el hada pasa poco por los fogones o por las inducciones. A continuación lo he dejado junto al sofá pero luego me he percatado de que el hada no lo frecuenta mucho ( si este sofá fuera mío me vararía en él de por vida, menos mal que no lo es). Después lo he llevado a uno de los baños pero no me ha parecido un buen sitio para poner comida y, finalmente lo he dejado justo en la puerta de su cuarto de escritura y meditación para que lo hallara cuando saliera despejarse.

¿Se puede saber qué haces toda la santa mañana dando vueltas por la casa con ese cesto?, me ha dicho al hallarlo, así como con mal genio. Qué disimulona!

Pues nada, mujer, buscándole el sitio adecuado que hay que guardar cada cosa en su lugar, que lo ha dicho la profesora del niño.

No sé qué es eso ni quiero saberlo pero quítalo de ahí que me voy a tropezar, me dice poniendo cara de asco y ponte ya a trabajar que se te pasan las horas y no has hecho nada.

Qué astucia tiene, cómo finge que no le interesa pero a mí no me engaña, en cuanto me marche a recoger al Jacobín,  esta se pone ciega a jengibre y cebada.