Día: 14 octubre, 2014

Charcos

Anda que la doña Margarita también….se ha empeñado en que la saque de paseo a la calle que quiere ver el otoño en primera línea de acera. Digo, pero mujer, si es que llueve, nos vamos a mojar. Claro, me salta ella, es lo que a mí me gusta, mojarme un poco a ver si me hidrato que mira que pellejos más resecos tengo.
Bueno, eso es verdad, está usted muy pellejosa pero no sabía yo que la lluvia fuera un tratamiento anti-aging.
Cualquier cosa que divierta y entretenga vale de tratamiento y a mí la lluvia me gusta, ¿no serás tú de esas que temen al agua y que en otoño se deprimen?
No, yo de deprimirme soy poco pero, vamos, que lo del otoño y la oscuridad y las lluvias torrenciales ya se lo ha pedido el Toni, por eso me he tenido que quedar con el sol.
No sé quién es ese Toni del que hablas tanto. Venga, colócame el impermeable, las botas de goma y el gorro y vámonos antes de que llegue mi sobrina y nos lo impida con sus mojigaterías.
Lo que nos hemos mojado!, es que la doña Margarita no quería un paseo normal, así rapidito y a casa, no, ella quería recrearse en cada detalle, que si mira qué alfombrado de hojas tan original así entremezclado con castañas, qué si observa la belleza de los charcos, que parecen los espejos del mundo, que si mira cómo brilla la calle, que si aprecia que círculos tan mágicos forman las gotas antes de integrarse sobre el agua ya caída, que me detenga a escuchar el sonido de la lluvia chocando y rebotando y estrellándose.

Y que me pare a hacer fotos de ese charco donde se refleja el árbol,  de ese otro dónde se refleja la casa, del de allí dónde se refleja el cielo, de este donde nos reflejamos nosotras y donde ahora también se reflejan las caras asombradas de los transeúntes mirando a la atípica pareja que, bajo el chaparrón, fotografía charcos.