Morirse

 

Ayer, mientras nos secábamos la mojadura del paseo de lluvia y charcos, la doña Marga se puso a hablar del morir. Y no digo a hablarme porque a veces no me habla a mí en concreto sino que se pone a pensar en voz alta sin importarle mucho el interlocutor que tenga delante.

Dice ella que debería haber cursos para aprender a morirse bien, que deberían ser obligatorios y que habría que matricularse pronto, sin esperar a tener ya encima el acontecimiento último, por llamarlo de alguna manera. Que no comprende cómo ese broche final que todos vamos a tener que poner a nuestro periplo se deja a la improvisación de cada cual.

Es que, perdone usted, la interrumpo yo, pero a esa academia tan fúnebre  no iba a querer apuntarse nadie, no iban a tener demanda.

Pues no entiendo el motivo, si la gente se muere tan mal es por falta de formación. He visto morir a muchos, a tantos y tantos…y salvo contadísimas excepciones, la mayoría lo hace de forma chapucera.

O eso o que el proceso en sí está mal diseñado, tiene un error de base y eso ya no hay clase que lo remedie. Deberíamos morir como el que apaga una luz, clic y se acabó, suavemente, sin agonías ni estertores ni dramáticas luchas. Abandonar el cuerpo como si de una cáscara se tratara, sin violencia ni dolor, ¿no te parece?, dice incluyéndome de repente en su charla al tiempo que me apunta con el bastón.

Baje el arma, doña Marga, que no sé si la lleva cargada y todavía no me he licenciado en morimientos. Además, ¿a qué viene tanta preocupación con la muerte si usted es inmortal?

Solo un poco, hija, solo un poco, dice con una risita y sacudiendo la mano en el aire como quitándose importancia.

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10 comentarios en “Morirse

  1. Nos preparamos para todos los hitos vitales excepto para el último, es verdad. Mira que sabemos que va a ocurrir (quizás el único del que tenemos la certeza desde bien pronto que va a ocurrir), y aún así, es un tema tabú, inaceptado, inasumido, del que no se quiere hablar, como si por no hablar de la muerte fuera a dejar de acontecer…. A mí me gustaría que la muerte se pudiera programar, como tantas otras cosas, y elegir el cómo: serena, rápida, indolora, en paz. Poder elegir incluso la banda sonora, elegir la canción de los créditos finales. Me encantaría.

    1. Eso sería lo ideal pero no siempre se puede elegir ni programar. De todas formas, pensar en la muerte, hablar sobre ella, tenerla en cuenta sí creo que ayudaría a morir mejor pero tú ya has escrito sobre esto y muy bien, además. Me acuerdo de esa entrada, me gustó mucho.

  2. He visto a mis mayores pensar en voz alta en ése momento, todos coinciden en lo de quedarse dormiditos y ya esta… no sé, será que como soy joven me centro más en vivir y disfrutar de la vida que es bien bonita. Ya tendré tiempo cuando sea mayor de reflexionar sobre la muerte igual que doña Marga. Besitos.

  3. Puede que morirse no sea tan difícil como imaginamos. Pero, sin embargo, puede que la ciencia médica, por su naturaleza, en lugar de facilitárnoslo nos lo ponga difícil. Y es que esa deontología que tienen a favor siempre de la vida puede entorpecer algo que es también natural como lo es la muerte.

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