Día: 23 octubre, 2014

Los tres felices

Ya he contado que buscar la puerta de salida es la principal ocupación de don Margarito y sus compañeros de clase y aunque es verdad que la mayoría dedican sus energías a intentar escapar hay tres que se mantienen al margen. No es porque lleven más tiempo y se hayan rendido, es porque son más desmemoriados y ni siquiera tienen la intuición de que hay otro mundo cruzando la puerta. Se encuentran cómodos donde están porque ya no tienen referencias con las que comparar y han encontrado un nuevo papel que desempeñar en esta vida que tienen ahora.

La primera es la mujer madre, siempre lleva un muñeco entre los brazos y lo acuna, arropa, besa y achucha como si fuera de verdad. A su lado se sienta la segunda, otra mujer, la que dice nueve. Nueve, nueve, nueve, recita con una voz muy grave y convencida de la importancia de su misión. Una mañana logró pasar al diez y se asustó tanto que le tuvieron que dar una tila por haber roto sus rutinas tan de golpe. Al cabo de un rato y tras tres nueves temblorosos volvió con seguridad a su número de siempre.

El tercero es el hombre bueno de los jerseys tejidos a mano. Nunca se enfada con nadie y obedece ciegamente a las cuidadoras, come cuando hay que comer, duerme cuando le mandan dormir, canta cuando le dicen que cante y trata de calmar a los inquietos buscadores de puertas llevándoles de la mano y con mucha paciencia hacia sus sillones.

No sé por qué me dan casi más pena que los desasosegados que buscan la salida, por qué los compadezco si ellos son felices, a lo mejor es porque pienso que para ser feliz de verdad hay que ser consciente de la propia felicidad o porque yo, que los observo, sé sobre sus vidas algo que ellos no saben. Pero eso tal vez nos pase a todos si nos miran desde fuera.