Día: 29 octubre, 2014

Punto y final

La editora empoderada ha vuelto con mucho trajín de tacones por el pasillo. A su lado el hada, que cuando se desplaza no hace nada de ruido, lo que para mí supone un gran inconveniente, parecía un ser frágil y etéreo a puntito de disolverse. No hay que engañarse que la Patricia tiene mucha fuerza interna y esas que pisan tan fuerte y hablan tan alto no son tan poderosas como quieren parecer.

Lo de su elevado tono de voz me ha venido muy bien para enterarme de toda la conversación sin necesidad de agazaparme tras ningún mueble. Instalada cómodamente en la cocina, tabla de la plancha de por medio, he podido escuchar la perorata entera. Resulta que tan emocionada que estaba con el libro de la Patricia y ahora le ve una pega y no menor, según ella: el final. Dice que parece un libro sin acabar, como si se hubiera cansado de la historia y la hubiera dejado tirada así, como el que se aburre de lo que se está comiendo y lo deja en una esquina del plato. (Eso lo hará ella porque yo me lo como todo y hasta rebaño).

Qué mujer más tonta, para ser del mundo editorial no sabe que eso es un final abierto, que no es que te hayas cansado, ni mucho menos, que por ti seguirías eternamente dándole vueltas a lo mismo pero que comprendes que todo tiene que acabar y, con gran dolor, cortas bruscamente porque si no lo haces de golpe y sin pensar ya no serías capaz de hacerlo y seguirías toda tu vida enfangada en los mismos personajes y la misma trama.

Esa es mi opinión aunque la de la Patricia no la sé porque ella, al contrario que su editora, habla en susurros. Pues no contenta con eso va y le sigue diciendo que no sólo parece que se ha cansado sino que también tiene la sensación de que no sabía por dónde seguir. Eso la verdad es que yo también lo pensé cuando leí su anterior libro, de cuyo título no quiero acordarme que luego me entran pervertidos al blog, pero es porque entonces todavía no estaba formada como lectora ni era culta, ahora tampoco pero algunos trucos del oficio ya me sé.

Patricia, perdóname que te sea tan sincera, se pone (ay madre, los sinceros qué peligro tienen) sabes que soy amante de tu literatura y profunda admiradora de tu modo de narrar (y muy cursi, también) pero creo que esta vez has sido un poco, ¿cómo decírtelo?, chapucera. (¿Chapucera mi hada?, qué ganas me estaban dando de soltar la camisa del Pelayo e intervenir).

A continuación he oído susurros durante bastante rato hasta el punto de que me estaba quedando medido dormida y mareada de ver rayas porque las camisas del Pelayo producen un efecto bastante psicotrópico si las miras fijamente, pero la empoderada ha vuelto por sus fueros librándome de las alucinaciones. Que le da un plazo de un par de semanas, tres a lo sumo, para que arregle ese cierre. Y se ha marchado taconeando con gran seguridad mientras el hada se quedaba toda espachurrada en su silla mirando fijamente la pantalla del ordenador. Tiene de fondo un único árbol en mitad de un campo como si se representara a ella misma en su soledad creativa.
Fíjate que por un momento me he sentido contenta con mis nada complicadas labores, no me gustaría a mí verme metida en ese lío. Ala, maja, a pensar finales que yo voy a seguir planchando rayas que se mueven.

(Resulta que me acaban de comunicar los del WordPress, que tampoco es que corran mucho, estarían ocupados repartiendo limones por los blogs, que hoy es mi primer aniversario. Yo creía que era mañana y tenía pensado algo especial pero ya que es hoy me podéis felicitar y el sorteo del jamón virtual  lo dejo para otro día.)