Maneras de volar

Cuando cuido de la doña Marga y se duerme, cosa que ocurre con bastante frecuencia, me pongo a mirar por la ventana. Su ventana no es como la mía que solo se ve una pared de ladrillos, su ventana es más bien un ventanal y por ella entra un buen pedazo del cielo de Madrid con todos sus ingredientes. También entran otras cosas según hacia donde enfoques. Si miras para abajo ves el patio de un colegio con sus niños jugando dentro, saltando, corriendo, pateando balones, dando volteretas, empujándose, deambulando, formando corros y otras muchas actividades que desempeñan los niños en los patios.  Si desplazas la vista hacia el frente ves a esos mismos niños, serán otros pero parecen los mismos, dentro de las clases sentados en sus pupitres y la silueta de un profesor paseándose entre las mesas. A veces dos o tres de esos niños se asoman a la ventana, cuando se va la silueta,  a reírse, escupir o lanzar papeles.

En el tejado del colegio vive una urraca, posiblemente es más de una pero me pasa como con los niños, que me parece siempre la misma. Es una urraca muy dispuesta y afanosa, se pasa la tarde haciendo recados y gestiones. Vuela en línea recta, decidida y segura, en dirección a otro tejado que no veo, pasa allí un rato haciendo lo que tenga que hacer y vuelve a su casa. Y así varias veces, sin perder el tiempo ni entretenerse como hago yo siempre que puedo, con las ideas muy claras. Cuando empieza a anochecer se acomoda en una antena, tiesas las dos, y observa un rato su porción de mundo.

Justo en ese mismo momento un pequeño murciélago sale de su guarida dando tumbos, revolotea atolondrado, confuso, perdido el rumbo. Ay, que se choca contra una acacia, contra la fachada de la casa de enfrente, contra la farola. Pero justo antes de estrellarse cambia el sentido del vuelo, es un poco vacilón. Como hace calor los insectos no se han muerto todavía, por lo que abre la boca y se llena sin esfuerzo. Ya saciado sigue dando vueltas por el puro placer de darlas, los pájaros se han retirado a dormir y tiene el cielo solo para él.

¿Qué miras tanto por la ventana, qué hora es, llevo mucho rato dormida?, todo eso me pregunta doña Marga cuando intentaba decidirme sobre qué me gusta más si el vuelo flecha decidido, seguro de dónde va o el vuelo remolino atolondrao que hace virajes inesperados. Creo que soy más partidaria del segundo pero, por eso mismo, podría cambiar de opinión en cualquier momento.

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13 comentarios en “Maneras de volar

  1. Deja de dedicar todos tus “Marga duerme” a la ventana, y dedícate a escribir. Escribe algo ( además de aquí); un relato por ejemplo o una novela. Se te da muy bien, tienes talento. ¡Aprovéchalo!

    ¡Un abrazo!

    1. Hola, Saliary. Muchas gracias por tu comentario y tal vez tengas razón pero este blog me ha dado muchas alegrías, la de ser leída principalmente. He escrito mucho, más largo y más serio que esto, pero sin destinatario y eso es muy deprimente. Otro abrazo para ti y de nuevo gracias.

  2. Puede que eso del vuelo fijo o el vuelo errante tenga que ver con eso que nos decían de pequeños que una persona tiene que ser consecuente con sus ideas (o sea, de vuelo fijo). Sin embargo, en la vida todo nos incita a ir variando para no matarnos en ese vuelo fijo que, a mi parecer, es un poco suicida.

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