Mes: octubre 2014

Charcos

Anda que la doña Margarita también….se ha empeñado en que la saque de paseo a la calle que quiere ver el otoño en primera línea de acera. Digo, pero mujer, si es que llueve, nos vamos a mojar. Claro, me salta ella, es lo que a mí me gusta, mojarme un poco a ver si me hidrato que mira que pellejos más resecos tengo.
Bueno, eso es verdad, está usted muy pellejosa pero no sabía yo que la lluvia fuera un tratamiento anti-aging.
Cualquier cosa que divierta y entretenga vale de tratamiento y a mí la lluvia me gusta, ¿no serás tú de esas que temen al agua y que en otoño se deprimen?
No, yo de deprimirme soy poco pero, vamos, que lo del otoño y la oscuridad y las lluvias torrenciales ya se lo ha pedido el Toni, por eso me he tenido que quedar con el sol.
No sé quién es ese Toni del que hablas tanto. Venga, colócame el impermeable, las botas de goma y el gorro y vámonos antes de que llegue mi sobrina y nos lo impida con sus mojigaterías.
Lo que nos hemos mojado!, es que la doña Margarita no quería un paseo normal, así rapidito y a casa, no, ella quería recrearse en cada detalle, que si mira qué alfombrado de hojas tan original así entremezclado con castañas, qué si observa la belleza de los charcos, que parecen los espejos del mundo, que si mira cómo brilla la calle, que si aprecia que círculos tan mágicos forman las gotas antes de integrarse sobre el agua ya caída, que me detenga a escuchar el sonido de la lluvia chocando y rebotando y estrellándose.

Y que me pare a hacer fotos de ese charco donde se refleja el árbol,  de ese otro dónde se refleja la casa, del de allí dónde se refleja el cielo, de este donde nos reflejamos nosotras y donde ahora también se reflejan las caras asombradas de los transeúntes mirando a la atípica pareja que, bajo el chaparrón, fotografía charcos.

Multiverso

Dice el Toni que él ya lo sabía y desde hace mucho, además, que no era uni sino multi. Y se pone todo ufano a mojar la tostada en el café y a mirarme con cara de visionario.
Pues resulta, majo, que no sé de qué me hablas a estas horas tan sombrías del lunes, si es algo de la liga de fútbol, paso.
Que alucina de la incultura científica que tengo, que se cree el pez que todo es agua.
Sigo sin pillarte el hilo y esa tostada es mía que ya llevas dos.
Que se refiere a lo del universo, el nuestro, el de centenares de miles de millones de galaxias visibles y similar cantidad descomunal de estrellas en cada una.
Sí, es muy vasto, digo por decir algo arrebatándole con maña la tostada.
Que ya lo venía él diciendo en el bar, que hay más de uno, que cuando se formó el nuestro, se formaron a la vez otros muchos y, lo que es mejor, todavía se siguen formando nuevos en un incesante fenómeno de creación. Que por fin los científicos corroboran esta tesis con modelos matemáticos y teorías de cuerdas.
¿Y eso lo estabas tú diciendo tú en el bar en vez de hablar de políticos corruptos, como todo el mundo? Cualquier día te echan, Toni. Claro que siempre podrás abordar el tema en la cola del paro. No te digo yo que no crees tu propio grupo de parados multiversales.
Que a lo mejor me creo graciosa pero eso es porque no me he parado a reflexionar en la magnitud e importancia de lo que me está diciendo y en que, con este nuevo dato, nuestras vidas, ya de por sí insignificantes, se empequeñecen aún más. Que si no me resulta patético pensar en todo lo que no conocemos ni conoceremos jamás, en la estrechez, pobreza y limitación de nuestras cortas existencias.
Bueno, Toni, es que yo soy más microcósmica que macrocósmica, le rebato sin saber muy bien lo que digo, a ver por dónde sale.
¿Quieres decir que en lo pequeño se refleja todo lo grande y que en nuestras vidas minúsculas está contenida toda la grandeza, toda la belleza, toda la armonía….
Bueno, no sé y luego también podemos viajar. Yo no conozco Cuenca y creo que es muy bonito lo de las casas colgadas.
Que ni hablar, que él acaba la semana machacao y que lo más lejos que se va es al pueblo.
Mira tú el de las ansias de multiverso.

El solar

Alrededor de una tapia, dando vueltas tontamente, ahí es donde me he encontrado esta mañana al Toni cuando he salido para ir a trabajar. Pero, Toni, le digo, ¿qué haces gira que te gira, no deberías estar ya en el bar? ,se te va a echar encima la hora punta de los cafés y verás tú el Manolo que alegría, luego dices que le tiene enchufe al majo pero es que….

Mira, mira, dice él señalándome el interior de la tapia, dentro de ese solar hay árboles, han crecido por generación espontánea, la naturaleza es que en cuanto le das una oportunidad….y mira qué bonito, como ha llovido se han quedado las gotas colgando de las ramas pero sin llegar a caerse, no te pierdas cómo brillan.

Sí, precioso el destello de las gotas que penden pero como te decía llegas tarde al trabajo y pareces un loco dando vueltas a esa tapia y haciendo fotos con el móvil.

Fíjate que hay de especies diversas, ese es un ailanto o árbol del cielo, esos crecen por todas partes, son muy resistentes a la contaminación pero también hay un pino y eso que asoma, ¿qué será?, me gustaría entrar y explorar pero no tiene puerta o yo no se la veo, voy a dar otra vuelta.

Sí, eso, tú da más vueltas, yo me voy, adiós, Toni. Y ahí le he dejado con cara de felicidad dando vueltas al solar abandonado y diciendo no sé qué de que no tiene que desaprovechar lo poco que se le ofrece y que le gustan mucho esos espacios asalvajados y perdidos en mitad de la ciudad.  Lo que no sabe es que la señora fea del perro feo que tanto odia viene por el otro lado y se la va a topar en la esquina. Qué poco dura la dicha en casa del pobre, que diría mi madre.

Confusión

Pues que no me encuentran la diosa y eso que se pasaron las mujeres toda la tarde buscándomela. A la Esme sí, ella lleva en su interior a la Afrodita y eso lo han sabido nada más verla y ella también lo sabe y todos lo saben, se la han activado como el que activa un móvil y ya puede ir por la vida con su diosa puesta. Pero yo…

A ver si va a resultar que no tengo, les digo a la Cloé y a la Anabella, no busquéis más que va a ser eso. Pero ellas se han puesto así como ofendidas, que todas las mujeres tienen, que es imposible que no tenga, que incluso puede ser que tenga más de una o más de dos, como un batiburrillo de diosas dentro de mí y que por eso no terminan de ver cuál es la predominante.

He tenido que hacer un test y todo, como si fuera un examen pero muy tonto respondiendo a preguntas del tipo, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre? Nada, tumbarme a la bartola. ¿Qué tipo de libros lees? Los que lee la Patricia pero un poco más despacio y con mayor dificultad. ¿Qué estilo de ropa te gusta? La que me cabe y me puedo comprar con mi magro presupuesto. Más magro todavía desde que me lo gasto en que me hagan preguntas idiotas. Esto no se lo he dicho por no ofender.

Pues después de mirarse mucho entre ellas como si tuvieran delante un caso de enfermedad rara y de cuchichearse no se qué con bastante mala educación, me han hecho el siguiente diagnóstico: no me encuentran la diosa porque no tengo una personalidad definida, porque, según ellas, soy una persona sin objetivos vitales y que copio las personalidades de otros, que me dejo influenciar por figuras que yo considero de autoridad y que pueden ser tanto mi madre como mi pareja como mi jefa o como el carnicero. Que me tengo que centrar y definir y saber primero qué es lo que quiero. Y que cuando lo sepa, lo que quiero en la vida, que vuelva previo pago de matrícula que la anterior ya no me vale.

Con qué desazón he recorrido las calles en dirección a mi casa observando la agitación del mundo, ¿qué quiero, qué quiero, pero qué quiero de todo esto?, me he preguntado una y otra vez auto interrogándome hasta la tortura. Y nada, jaleo en mi interior, como si todas las diosas se estuvieran peleándo a ver cuál se queda conmigo. Qué mal rollo, majos. Y sigo sin saberlo. Igual es que soy tan sosa que no quiero nada, ¿será eso posible?

Mi madre por teléfono (8)

Que te vengas para el pueblo pero ya, deja esos trabajos tan ridículos que tienes y vente que el bicho anda suelto. El Toni que no venga, el Toni que se quede.

¿Te refieres al eb..?

Calla, no digas el nombre que es muy contagioso, pues claro que me refiero a ese, que se ha saltado todos los protocolos y circula a sus anchas.

Que no, que el que se ha saltado los protocolos no es el virus, son las personas.

Me da igual, además que no sé lo que es un protocolo pero no me gusta cómo suena, ¿tú sabes lo que es un protocolo? Venga con el protocolo parriba y el protocolo pabajo todo el santo día. ¿Qué será eso?

Pues es un comportamiento que hay que tener y que…

Que me da igual, tú te vengas y ya está, no me gusta lo que está pasando, si eso parece ya una película de esas de catástrofes que tan bonitas son de ver desde el sofá. Árboles que se caen, bichos malignos, tarjetas oscuras…

Querrás decir opacas.

Y qué más da, tampoco sé lo que significa pero bueno no es. Y además está lo del perro, he oído que la gente se manifiesta y todo para que no maten al perro, ¡qué alpargatos!, me dejan a mí a ese perro y, vamos, me dejan a mí todos los perros…mira, ahora sí se despierta tu padre, es oír perro y resucita de entre los muertos. Tranquilo, hombre, que al Pancho todavía no lo voy a sacrificar. Está el mundo muy mal, pero mal, mal, pobre la Ariadne Manuela, el panorama que se va a encontrar. Y tú te vienes, ¿cuándo vienes, te apunto ya a la Peña Leticia? A tu amiga la Natalia la ha apuntao su madre, tú no vas a ser menos.

Es que aquí tengo mi vida, no me quiero ir.

Pero, ¿qué risión de vida es esa?, hazme caso, no le digas nada al Toni, preparas la maleta cuando se marche al bar y cuando vuelva tú ya no estás. Ni te lo pienses, estás a tiempo de salvarte, del bicho ese y de todo lo demás. Haz caso a tu madre que la mayoría de los males vienen por no hacer caso a las madres. Ale, que te guardo unas croquetas con los restos del cocido que hice ayer. Que qué hay hoy, pregunta tu padre. Que hartita me tiene con las comiditas, tengo la cabeza llena de menús, ¿tú no?

Escribo porque no escribo

Me digo ayer, mira tú que si voy a serlo…todos los indicios apuntan a que sí. Escribo, en un blog, es verdad, no es la seriedad del soporte libro pero también son palabras entrelazadas formando un discurso más o menos coherente. Pero no es porque escribo por lo que he llegado a esa conclusión porque escribiendo llevo mucho tiempo y no se me había ocurrido nunca considerarme escritora. Pero ahora sí, tengo un síntoma clarísimo y de lo más clásico, ese justamente, el de la hoja en blanco o la pantalla en blanco, ese síndrome tan feo de querer decir algo y que no se te ocurra nada.

Pero, ¿cómo puede ser que no se me ocurra nada con lo ocurrencial que he sido siempre? Si algo no me ha faltado son ideas, buenas o malas, ingeniosas o penosas esa ya  es otra cuestión pero ,¿cómo es posible que me haya quedado vacía de ideas si el mundo está lleno de situaciones, personas y objetos sobre los que comentar, si hay material en abundancia, si sobra y se te ofrece a poco que mires y escuches? También es verdad que el material está un poco sobadillo pero, bueno, eso no impide que queramos seguir jugando con él.
Pues nada, toda la tarde dándole vueltas y nada, o sí, algo: sequía, vacío, aburrimiento. Esto ya lo he dicho, eso ya lo ha dicho el otro, eso no tiene interés y eso lo tiene pero no sé explicarlo.

Tiene que ser eso, que ya soy una profesional con mis crisis y todo, con las angustias y los bloqueos propios del gremio, con ansiedades y delirios. Bueno, no tanto pero ya que me pongo me pido el cuadro completo.
Total, que esta es mi conclusión: como no se me ocurre nada qué escribir pero me empecino en hacerlo, soy escritora. O también: soy escritora porque no tengo nada qué decir y aún así me empeño en decir algo. Tipiquísimo de escritor. Qué contenta me he puesto, ya no soy sólo chacha. Voy a limpiar los cristales pero con otra alegría. Mi duda es, ¿me aceptarán en tan ilustre oficio?  Tiembla, Patricia que voy lanzada. Ya no eres la única que sufres delante de un teclado.

La puerta azul

Los compañeros de clase del don Margarito tienen en común, además de haber  perdido la memoria, que se pasan el día buscando la puerta de salida con bastante desesperación. Esa puerta de salida, que está pintada de azul,  siempre está cerrada y por mucho que prueben a forzar el picaporte, no consiguen abrirla.

Exploran las paredes, deambulan por el pasillo en busca de otra puerta, investigan las ventanas y acaban tan cansados de sus fallidos intentos de fuga que terminan por dormirse en los sillones con una cajita de zumo entre las manos y el sonido de un televisor siempre encendido como nana demencial.  Cuando despiertan, recobradas las fuerzas, sueltan el zumo y vuelven a intentarlo de nuevo.

Y así hasta que alguien viene a buscarlos. El que sale lo hace muy deprisa y sin mirar atrás,con urgencia, sin querer saber nada de esos compañeros de desgracias que se arremolinan a su alrededor intentando aprovechar la apertura para escapar.

Las profesoras o guardianas o cuidadoras o todo ello a la vez, siempre alertas, los reconducen  con cansancio, llevan todo el día reconduciendo,  hacia las mesas donde volverán a jugar al quién tiene, a encajar piezas de madera en agujeros, a dar desganadas palmas al ritmo de una canción, a merendar derramando el café con leche y a mirar con ansia la puerta cerrada.

Porque aunque no se acuerden bien y les falten referencias  intuyen que algo no marcha bien, que ese no es un buen sitio, que después de ese sitio ya no hay otro y que la única salvación posible está tras la puerta, del otro lado, siempre del otro lado. Pero el otro lado ya no les pertenece, allí ya estuvieron haciendo eso de lo que ya no se acuerdan, siendo algo que han olvidado. Han cruzado la puerta azul, no hay vuelta.

Circos

No he tenido tiempo de estudiarme los apuntes ni de averiguar qué diosa llevo dentro porque ha ocurrido algo en casa de la Patricia que me ha mantenido en vilo toda la mañana y quién dice en vilo dice escuchando tras las puertas. Que no está bien eso que hago de inmiscuirme en la vida del hada, ya lo sé, pero tendréis que comprender que no sólo de fregonas y lejías vive la empleada doméstica.

Es que ha venido una editora a parlamentar con ella y eso, como dicen en las películas americanas del norte, “no me lo perdería por nada del mundo”. Y no me lo he perdido. La editora, una mujer con gafas que sabe perfectamente qué diosa lleva dentro, lo digo por el empoderamiento y resolución que mostraba al desplazarse por los pasillos, quiere publicarle a la Patri sus escritos pero a cambio….

Pues a cambio el hada tiene que hacer el indio. Que ahora ya no se presentan los libros como antes, Patricia, entiéndelo, que la industria editorial está en crisis, como todas las industrias, la competencia es feroz, el libro electrónico avanza y acogota al de papel, los lectores escasean, los escritores proliferan y el público en general es reacio a gastarse el dinero pudiendo piratear. Básicamente y resumido.

Se creía el hada que se iba a sentar en una mesa con un micrófono delante a contar a unos cuantos periodistas el tema central del libro y a responder a unas cuántas preguntillas como en tiempo pretéritos. Pues no, ahora los libros se presentan con espectáculo. ¿Qué tu obra trata de la caída del comunismo? Pues te ponen detrás un falso Muro de Berlín, le arreas un martillazo mientras suena The Wall de Pink Floyd y un actor alto y rubio vestido de militar entra con una carretilla llena de ejemplares de tu obra, por poner un ejemplo de reciente actualidad.
¿Que tú abordas el tema siempre apasionante de las pirámides de Egipto? Pues qué menos que meterte en una para presentar tu libro y si te tienen que hacer una foto dentro del sarcófago pues te aguantas y te acuestas con la momia. Esto también es otro ejemplo sacado de las noticias culturales que le ha puesto la editora empoderada para que se fuera haciendo una idea de lo que puede esperarla y no venga luego con pegas y remilgos.

En realidad no sé de qué trata el libro de la Patricia ni de qué espectacular manera va a tener la mujer que intentar de vender su trabajo elaborado a base de horas de silencio y reclusión pero una cosa os digo : si no sois un poco payasos no os metáis a escritores de éxito, ya no. Si acaso a escritores de fracaso que es mucho más cómodo y descansado.

Diosas

No sabía yo que para empoderarse debidamente había que llevar tacones pero resulta que sí, que cuánto más incómoda vayas más te empoderas. Me lo ha dicho la Esme que venía calzada con unos zancos de aquí te espero. También dice que con los zapatos de suela tocinera que calzo habitualmente parezco la sor empleada doméstica y que no doy el tipo de alta directiva ni de ejecutiva de éxito ni de líder de muchedumbres ansiosas de ser guiadas.

Bueno, pues a mí qué.

Que con ese espíritu que no me apunte al seminario, que las cosas o se hacen bien o no se hacen.
Pero si ya me has apuntado tú.

Porque no quiero ir sola, pero no digas que eres chacha ni que yo soy quiosquera. Si nos preguntan, somos emprendedoras, ¿lo tienes claro?

Tan claro como un cristal recién fregao.

Que no ponga ejemplos de limpiezas que me delato, dice. Qué pesada, me quiere reprimir y yo así no me empodero, sea eso lo que sea.

Bueno, pues hemos entrado en el aula donde nos iban a impartir el seminario. Éramos las únicas alumnas lo cual me ha hecho sospechar y la palabra fraudulento me ha venido de repente a la mente.Me esperaba algo mejor, no te digo un aula magna pero tampoco el cuarto triste  con cuatro sillas viejas y unos carteles de mujeres haciendo cosas raras con los brazos, el motivo no lo sé. Nuestras profesoras, son dos, también me han parecido hadas por el tipo de vestimentas, pero no de la clase ata. Los pelos los llevaban sin teñir y los trajes  los he visto iguales en el mercadillo de mi pueblo. Se han presentado como Cloé y Anabella pero para mí que son nombres ficticios.

Resulta que en vez de explicarnos ellas los temas se han puesto a hacernos preguntas con la esperanza vana ( que va casi siempre con esperanza) de que supiéramos contestar. Yo no he dicho nada por no meter la pata pero la Esme no paraba de dar respuestas todas equivocadas y eso que llevaba los tacones de empoderar.

Supongo que como ya no sabían que hacer con nosotras nos han puesto deberes. Consisten en elegir para el próximo día la diosa con la que nos identificamos porque resulta que cada mujer, además del hígado, los intestinos, los pulmones y otros órganos internos, lleva una diosa dentro pero hay que saber cuál. Una vez averiguado esto y sin dar más palos de ciego, hallaremos nuestro camino en la vida. Y dándonos un listado de diosas nos han despedido previo empoderamiento de nuestros dineros.

Esme, ¿tú sabías que éramos diosas en potencia? Yo vivía en esa ignorancia.

No sé chica, tengo los pies machacaos.

¿Y con qué diosa te vas a quedar?

Con Afrodita, lógicamente.

Pues yo no sé, la Démeter me tienta pero la Perséfone también tiene su punto.

Y con este dilema tan fundamental me acosté ayer y lo mismo sigo hoy. Si es que a mí, si me das muchas opciones me lías y me bloqueas.

 

 

Palabras

Esta mañana, cosa rara, el Toni estaba muy locuaz y comunicativo y le ha dado por contarme mientras desayunábamos lo que él llama su momento de suprema felicidad. No ha sido conmigo, eso irlo ya descartando. Los momentos de suprema felicidad del Toni casi siempre son en soledad y cerca de un monte.

Te lo voy a contar, me dice, me ocurrió el sábado pasado, cuando estuvimos en el pueblo y yo salí a andar después de la lluvia. ¿Tú sabes el camino por donde se sube al pico del buitre que hay una hilera de álamos y luego un llano desde donde se ve mucho territorio?

Sí, sé.

Pues sitúate ahí imaginariamente. Empezaba a atardecer y después de tanta lluvia se abrió un claro, todos los pájaros de la zona se congregaron en los árboles y se pusieron a cantar al unísono como para despedir el día, de la tierra brotaban todos los aromas de después de la lluvia, el cielo empezó a teñirse de rojo, me quedé quieto un momento y sentí que formaba parte de todo eso, que ese era mi sitio. ¿Qué opinas?

Opino que eres muy bucólico, Toni, siempre lo has sido y me ha recordado también a esa canción de los pajaritos cantan y las nubes se levantan.

Podría enfadarme contigo por obtusa pero creo que no es tu culpa, es de las palabras, que nunca pueden mostrar la realidad tal como es o como uno la siente, si acaso rozarla, aproximarse, rodearla. Nada más.