Día: 5 noviembre, 2014

Muerte o boda

Lo desesperada que estará la Patri con el punto y final que hasta ha convocado a unas cuantas amigas para que le ayuden a perpetrar el obricidio. Qué inocentona es, se nota que procede de los mundos mágicos y no sabe que en este, el nuestro de cada día, a casi nadie le importa mucho lo de los otros. No quiero decir con esto que a sus amigas no les importe lo que le pase, si se pusiera enferma o se separara del husband o se instalara su madre a vivir con ella, sus amigas, que son buenas personas, acudirían presto a socorrerla pero que lean sus escritos, se involucren en ellos  y encima le den ideas es mucho pedir.

Para empezar les había enviado la novela por correo electrónico para que se la leyeran y así pudieran ayudarla. Primer y tremendo error, eso no se les hace a unas amigas, si acaso a un enemigo. Las pobres mujeres han tenido que leérsela o fingir que se la han leído, luego se han visto obligadas a mentir diciendo que les había encantado o requetechiflado, como dicen ellas, y, por si fuera poco, han debido imaginar finales como si estuvieran sobradas de imaginación.

Y todo eso, ¿a cambio de qué?, de un cafetillo con bollos, ellas lo llaman repostería pero engorda igual.  Ese café se lo he servido yo sacando a relucir mis mejores mañas de doméstica finísima y, de paso, me he enterado de la trama.

Sinceramente, son muy básicas, tanto las de un bando como las de otro porque se han formado dos facciones como en todo grupo que se precie. El bando tanatórico opina que debe matar al protagonista, para mí que le han cogido manía y por eso anhelan su brusco fallecimiento, porque esa muerte tiene que ser repentina e inesperada para darle al cierre mayor impacto y dejar al lector  deprimido y rumiando sobre su propia mortalidad. El bando cupidesco quiere que la novela termine con un flechazo, también repentino e inesperado porque para eso es flechazo y posterior boda, si le da tiempo. Lo que os digo, unas básicas, o lo casan o lo matan, sin términos medios.

Zanjado el tema, que se notaba que no era mucho de su interés, han pasado a relatar cada una sus propias visicitudes personales, mucho más interesantes que los mundos de ficción de la excéntrica  de su amiga Patricia. Si es que me tenía que haber preguntado a mí, que se me ocurren maneras de finiquitar bastante más originales y, además, me hubiera comido los bollos que a ver qué hace ahora con toda esa repostería endureciéndose en el plato.

 

 

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