Día: 26 noviembre, 2014

Niña y perro entre las hierbas

A las tres y media la niña saca a pasear al perro. Hasta hace poco no la dejaban salir sola. La niña está contenta, el perro está contento. La niña no lleva abrigo, tampoco el perro. Buscan un sitio donde correr. Caminan dos calles y lo encuentran, es un macetero grande que colocó el Ayuntamiento delante del rascacielos de oficinas. Hubo flores pero se marchitaron y nadie las repuso, ahora crecen hierbas salvajes de ciudad.

La niña se sube al borde del macetero y corre por su senda de hormigón tirando de la correa del perro. La niña es muy veloz, su vestido rojo se mueve al compás de sus zancadas, el perro corre detrás con gran excitación. A veces la niña le permite que pase delante y se deja llevar por el impulso del can. Cierra los ojos y casi vuela alrededor de los hierbajos.

Va contando:   cinco vueltas, seis vueltas, siete vueltas, ocho y ahí ya no cuenta más. Le da la risa de su propia velocidad, el perro ladra feliz. Rodean y rodean el macetero hasta marearse. Por encima los altos edificios de oficinas con sus luces encendidas y la sombras de sus trabajadores dentro. Los autobuses pasan casi rozando su alborotado vestido rojo.

(Del cuaderno de doña Marga)