Pescadería

Le dicen de todo los pescados cuando pasa por delante, desde sus cajas de corcho blanco se lo dicen, acostados en sus camas de hielo picado se levantan para decirle de todo, pero de todo. Los rapes con sus caras tan feas y los lenguados aplastados le dicen qué culo tienes, vaya par de tetas, le gritan sin ningún recato los boquerones con sus pequeñas bocas deslenguadas.

Y los besugos y los salmonetes y el rodadaballo y hasta el pulpo sin cabeza, solo tentáculos, es capaz de gritar: ¡eso son piernas! Y esas piernas son las que se tropiezan con un adoquín levantado porque van corriendo,  siempre corriendo para no tener que oír todo lo que esos pescados soliviantados le quieren hacer cada mañana cuando va a clase.

De vez en cuando un aspersor les lanza un chorro de vapor para que se callen, para que se calmen todos esos peces. Pero no se callan, ni muertos se callan. Ha probado a cruzarse de acera pero gritan más fuerte, enrabietados.

No le digan nada a la niña, parece mayor pero no lo es, ¿no han visto el uniforme? Un poco corto, opina la merluza. Y tanto, eso no es falda, se escandaliza la pescadilla. La madre también está buena, le susurra el jurel al bacalao.

Corren, corren, corren las piernas largas tratando de escapar, impulsando al cuerpo parapetado tras una carpeta de gomas porque los pescados le siguen diciendo de todo y ahora también los pescaderos que se asoman a la puerta con sus delantales relucientes de escamas, riéndose con bocas muy abiertas.

( Cuaderno de doña Marga)

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