Mi madre por teléfono (12)

Eva, contesta, hija, que te he llamado ya cuatro veces y no contestas.

Es que estoy en el trabajo y a mi jefa no le gusta que hable por teléfono.

Naturalmente, en los trabajos no se está para eso pero es que yo soy tu madre. ¿Y si me he muerto y te llamo para decírtelo?

Eso lo veo difícil

Me refiero a que te llama otro con mi teléfono, tú supón, me tienes que contestar a la primera por si es grave.

¿Pero es grave?

No, mujer, todo va bien pero es que te quería contar que ayer, en la clase de informática, nos metimos en el Portal de la Transparencia. Más bien, maja, ahora ya sabemos lo que cobran todos, que si este cobra más que el otro, que si mira este otro, bueno, eso, que nos metimos. Nos dice la profesora, la Ariadne, que también podemos hacer preguntas, las que queramos. Mira qué bien, digo yo, pues voy a preguntar a ver qué pongo de cena en Nochebuena porque no se me ocurre nada.

Pero eso no se puede preguntar, solo es de cosas de la Administración.

Ya, ya lo sé, ya nos lo explicó la Ariadne después. Digo, pues vámonos para otra página web que me resuelva la papeleta. Total, que le tuve que preguntar a tu padre. Digo, ¿qué pongo de cena en Nochebuena? Lo que tu quieras, me contesta el muy simple. Lo que yo quiera, pues si pongo lo que yo quiera no pongo nada y cenamos aire y agua. Mal no nos sienta, seguro, y barato, ni te digo. Así que ahora te pregunto a ti: ¿qué pongo en Nochebuena?

Cualquier cosilla, no te compliques.

Ya me has sacado de dudas, me voy otra vez al portal transparente ese a ver si veo algo, no de la cena sino de algo. Qué bien que se inventen esas cosas tan bonitas y con esos nombres tan representativos  para entretener a las personas, antes de eso no había, pero ni soñarlo.

4 comentarios en “Mi madre por teléfono (12)

    1. Qué suegra tan maja tienes, por lo menos es sincera. Veniros y cantamos el ropoponpom todos juntos y luego jugamos al bingo. Aunque parezca que me lo estoy inventando así son mis Nochebuenas en familia, no nos falta un tópico.

  1. En Nochebuena solían las mujeres pasarse la tarde (bueno el día entero y el de antes) cocinando los mejores guisos o los más tradicionales (el besugo y la lombarda, antaño).
    Los hombres, sin embargo, se pasaban la tarde de despedidas por los bares, tomándose pócimas de todos los tipos con los amigos y, cuando se presentaban a cenar, iban ya casi sin hambre y algunos, también, sin pizca de sed. Los más buenos se apiadaban de las mujeres y hacían el simulacro de cenar, los menos buenos seguían bebiendo y, lejos de agradecer nada, montaban el número. Yo creo que, para acabar el espectáculo sin que las cosas llegaran a mayores, se inventaron los villancicos que salen bien vayas como vayas.

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