Silla rota con nubes al fondo

Hace días se rompió una silla del comedor. La separé de las otras y la puse en un rincón para que nadie se sentara. La miro y pienso que hay que arreglarla, que no se puede quedar eternamente una silla rota en un rincón, el rincón de la silla rota. También pienso que las otras no están rotas pero emiten un crujido sospechoso, que seguro que en cualquier momento se rompen ellas también y no sé si debería llevarlas a arreglar antes de que se quiebren y tenga que buscar más rincones para irlas aislando, como si fueran infecciosas, y la mesa se quede vacía, sin nada a su alrededor y los rincones se llenen de sillas inservibles.

Todo eso pienso mientras miro la silla y me acerco a tocar el travesaño partido, astillado, con una madera en punta muy peligrosa y aprieto ese saliente contra el resto del respaldo como si por apretarlo con el dedo se fuera a recuperar. La silla pesa y no puedo llevarla sin ayuda a una tienda de arreglar sillas, tampoco sé dónde está esa tienda ni si existe. Tengo apuntado el teléfono de un carpintero que vino una vez a arreglar dos puertas. Lo busco y lo leo pero no marco, solo miro la silla en su rincón y el hueco que ha quedado en la mesa. Y me siento en las otras sillas y compruebo que sí, que crujen, que están cansadas y a punto de reventar, como yo.

Me desplazo hasta el sofá y miro por la ventana, pasan nubes cambiando de forma, el viento las lleva alegremente hacia el norte. Mirando el viaje de las nubes se me contagia su felicidad, su ligereza y me olvido del carpintero, de la silla rota, del hueco que queda en la mesa, de que todo se rompe, de que yo también crujo y me astillo y me parto y ningún carpintero va a venir a encolarme.

(Cuaderno de doña Marga)

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6 comentarios en “Silla rota con nubes al fondo

  1. Yo tengo una silla rota en un rincón…desde hace tantos años que ni recuerdo jajaja. Menos mal que a nadie le ha dado por ir a sentarse.
    Dile a Doña Marga que…loctite. Eso lo arregla (casi) todo.

  2. Hola!!… en mi caso “sí” se sentaron en la silla, y no veas que apuro pasé y la risa tonta que nos entró (había confianza), el asiento acabó por un lado y la persona encajada en la silla (era un poco gordita) lo peor es que no pasó una vez, sino dos, así que la segunda ocasión, ya no me reí tanto porque se suponía que mi marido la había arreglado. Era un auténtico “juego de las sillas”, ya antes de sentarnos comprobábamos los asientos para no caernos… (ya las he renovado). Besos y buen finde…

  3. Los arreglos de la cosas de la casa suelen posponerse por desidia. Los desconchones interiores y propios se suelen dejar por ver si el tiempo genera algún tipo de olvido que los restañe.

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