La hora del té

No pensaba yo que la Doña Marga iba a decorar la casa de Navidad. Pues si le ha puesto de todo, si lo viera la Noemi que también tiene horror vacui… Había un belén grande en la entrada y otros mas pequeños distribuidos por encima de mesas y mesitas, árbol en el salón bien llenito de colgajos, luces de colores en las ventanas, velas, piñas pintadas de purpurina, espumillones sobre los marcos de las puertas y hasta ella misma se había de decorado con una chaqueta de brillantitos y unas medias con estrellas. Para mi gusto se le ha ido un poco la mano pero es que a veces la doña Marga es como una niña. Yo creo que de puro vieja toca la infancia, como si estuviera tan al final que se juntara con el principio.

Madre mía, doña Marga, vive usted en el reino de la fantasía y la ilusión invernal, qué precioso lo ha puesto todo y se ha puesto a sí misma.

Me ha ayudado la otra chica, hemos sacado todos los adornos que tenía en el altillo, le he dicho que no dejara nada dentro de las cajas, que lo colocara todo, absolutamente todo, es que el invierno es tan austero y comedido que hay que animarlo un poco, ¿no te parece?

No sé, el Toni dice todo lo contrario, que el invierno es limpio, silencioso y esquemático y que no queramos recargarlo con artificios que ya está bien como está. O eso decía antes, ahora ya no tengo tan claro lo que diría.

Curioso personaje ese Toni, ¿quién es?

Pero doña Marga, si se lo he dicho muchas veces, es mi pareja.

La memoria cercana me falla un poco pero la lejana la tengo intacta. Abre ese cajón que quiero una cosa.

Aquí no hay ningún cuaderno y adornos de Navidad tampoco, solo hay una caja con sobres, unas medicinas y un paquete de tabaco.

Eso, eso, el tabaco y un mechero que está dentro.

Muy bien, ahora lo tiro que tiene esto que estar más seco que la pata del Perico.

No, mujer, si lo que quiero es que me des un pitillo que me lo voy a fumar, puedes fumarte tú otro también, ¿quieres un whisquito?

Pues no, es que yo no fumo ni tampoco bebo.

Haces muy bien en preservar tu cuerpo de los tóxicos pero, comprenderás que yo ya poco tengo que preservar, así que me voy a fumar un cigarro y a beberme una copilla, lo que se dice un trago breve.

Qué bueno está, dice lanzando al aire una bocanada de humo muy bien lanzada, al estilo de una estrella de cine negro.

En realidad no está tan bueno pero qué bien me está sentando. Venga, no seas tan sosa y brinda conmigo.

Oye, no me ha quedado más remedio que meterme un lingotazo a palo seco a las cinco de la tarde, ¿pero esta no era la hora del té?

Me lo ha mandado el médico para subirme la tensión que la tengo por los suelos, se pone ella con una risita que se ha convertido después en una de sus energéticas carcajadas coronada por una tos.

Pues Feliz Navidad, Eva, me desea antes de quedarse dormida con el cigarro entre los dedos.

Voy corriendo a tirar la colilla y a lavar los vasos no vaya a presentarse la doña Repolluda y la tengamos. Qué mareo por el pasillo, si es que a mí no me gusta beber.

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7 comentarios en “La hora del té

      1. Lo mismo te deseo a ti y a las otras Maris, con niños la Navidad es mucho más bonita. Muchos besos y gracias por seguir leyendo y comentando que tiene más mérito.

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