¡Ay la Navidad!

Qué mono iba el Jacobín ataviado de pastorcillo con su gorro de lana de oveja, su chaleco haciendo juego y su zurrón con caramelos dentro. Bien es cierto que su obsesión era arrancarse el disfraz con rabia porque le picaba y meterse en la boca todos los caramelos de golpe pero entre su madre y yo le hemos disuadido. Pero bueno, gracias a eso no he tenido que hablar mucho con mi jefa por el camino, de lo cual me he alegrado porque a solas esa mujer me impone bastante.

Yo solo me he quedado al villancico porque la función era únicamente para padres. Lo que he podido llorar viendo y oyendo a todos esos infantes inocentes cantando y dándose empujones embutidos en sus ropajes. La combinación música niños siempre me toca la fibra sensible, no se por qué. La Patricia me miraba de reojo con cara de, ¿pero qué le pasa a esta loca?

Podría hacerme de mi propia Sigmund Freud y llegar a la conclusión de que lloro por mi frustrada maternidad, por mi atípica y no muy satisfactoria vida de pareja, porque soy empleada doméstica sin ninguna vocación, porque nunca he sabido qué quería ser y puede que sea porque no quiero ser nada. Pero no me gusta psicoanalizarme, así que me he sonado los mocos y justo en ese momento los niños han dejado de cantar viniendo en mi ayuda.

Mientras representaban la función en la más estricta intimidad me he largado un rato al parque para despejarme en la grata o ingrata, depende del día, compañía de la Esme.

Qué llorera me he cogido viendo a los niños, le digo, es que no podía parar.

La misma que me entra a mí cada día cuando veo a los míos tirados en el sofá y mirando fijamente sus pantallas sin dar señales de vida en la Tierra.

Ya, pero no es lo mismo. Y oye, ¿qué son esos paquetes de macarrones y de galletas que tienes ahí guardados? ¿Te ha dado tiempo a ir a la compra?, eres la súper Woman en persona, hija.

No, mira, entre tú y yo y sin que salga de aquí, los he cogido del banco de alimentos con los que colaboro como voluntaria cuando no me miraba el de al lado que es más pijotero…

Esme, estás robando a los pobres, eres una corrupta, no me esperaba eso de ti, me decepcionas y mucho, que lo sepas.

A ver, Eva,  no me juzgues con tanta dureza que yo también soy pobre, mira qué perfil: mujer sola de pocos recursos y con dos ni nis a su cargo, ¿doy el tipo o no lo doy? Que muchos días no enciendo la calefacción por no gastar, suerte que el cambio climático está de mi parte.

Sigo viéndolo mal.

No, si yo ayudo, menudo dolor de pies el otro día haciendo guardia en el súper para que no se escapara ni uno sin aportar pero es que viendo tanta comida a mi alcance, los adolescentes comen que no paran, ya no sé con qué nutrirlos. Además, qué quieres que te diga, la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo.

Que me han entrado otra vez ganas de llorar sin motivo ni razón ¡ Ay la Navidad! qué fecha tan sensibloide.

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