Día: 1 enero, 2015

La luna se ve gorda

Cuánto se aburre la luna toda sola en lo alto del cielo. Algún avión pasa raspándola pero enseguida se aleja, se aleja y vuelve a quedarse sola. Y todos esos cretinos ahí abajo señalándola: mira qué luna, ¿habéis visto la luna?, ¡oh, qué luna!

Ella se ve gorda, se ve fea, tan blanca y reseca y, encima, venga a hacerle fotos. Está de fotógrafos hasta las lunares narices. Pero no puede moverse ni esconderse cuando quiere, si alguna nube se pasara para taparla un rato…bah, a esas ya las conoce, van a lo suyo, todo el día viajando. Y ella sin parar de orbitar alrededor de ese planeta sucio donde tantos tontos la miran y señalan y le cantan que si esto que si lo otro. Tonterías de gente que no ha visto otra cosa, si solo es la luna, la costrosa, vieja y gorda luna.

Por entretenerse se pone a mirar su reflejo en las ventanas de un edificio de oficinas feo y gris.
Por hacer algo.
Se mira en una y al pasar a la siguiente su silueta se deforma, así pasa un buen rato reflejándose de una ventana a otra, riéndose de sus propias transformaciones.
En la planta baja hay un bingo. Bingo, bingo, bingo, centellean unas letras de colores. Luna, luna, luna, hace lo mismo ella en las ventanas de arriba copiando el ritmo de las letras.

Uno de los empleados del bingo sale a la puerta a fumarse un cigarro, mira hacia arriba, la ve y le lanza una bocanada de humo. Está llena, dice aplastando el cigarro con el pie y metiéndose de nuevo en la sala porque hace un frío que pela.

Está sola y se ve gorda.

 

(Cuaderno de doña Marga)