Día: 20 enero, 2015

Patos sin paracetamol

Cuando empieza a atardecer los veo pasar desde la ventana. Van en formación de uve, atravesando el aire gélido en dirección al sur. A veces desmontan la uve par girar en círculos entrecruzándose unos con otros en un artístico vuelo sincronizado. Alguien que sabe me explica que están aprovechando una corriente de aire para desplazarse sin gastar energía y no jugando como creo yo. Prefiero pensar que juegan, que se divierten un rato, desentumecen los músculos, se relajan antes de volver a trazar la uve y pinchar el cielo.

Me dan envidia esos patos, envidia su viaje por el cielo nocturno, bajo las estrellas, sus rutas por cadenas montañosas o siguiendo las líneas costeras, envidia de su cálido destino. ¿Falta mucho?, preguntará alguno sin esperar respuesta, no hay tiempo para responder y claro que falta mucho, queda un largo recorrido con sedentarios depredadores al acecho y accidentales choques. ¿Quién puso justo ahí ese molino de viento?

Les dolerán las alas,  los picos, las palmeadas patas, las cervicales, tendrán sueño y hambre y alguno puede ponerse malo, ahora más que envidia me dan pena: pobres patos sin paracetamol.

(Cuaderno de doña Marga)

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