La Emily

Pasa, guapa, pasa, me abre la puerta la doña Repolluda con cara de contrariedad. Mira, bonita -me dice a continuación- mi tía tiene la tarde torcida, si consigues enderezársela daré por bien empleado el dinero que te pagamos por estar sentada porque, como le digo yo siempre, ¿por qué no la pones a formar croquetas o a planchar un poco mientras te da conversación? Que aproveche  el tiempo y se gane el sueldo. Pero ella dice que no, que te quiere única y exclusivamente de dama de compañía, rarezas vendo y para mí no tengo.

Eso son consejos pero, bueno, no me voy a meter a enmendarle los refranes y voy directa a lo que de verdad me interesa: ¿ y qué es lo que le acaece a  la doña Marga?

¿Por qué hablas así, a qué viene ese acaece?

Las palabras son gratuitas y se puede usar una gran variedad de las mismas sin recargo alguno.

Lo que me faltaba, la ilustre fregona, me suelta tocándose el peinado crujiente de laca.

No sé si pretendes tomarme el pelo, guapita (de guapa me ha degradado a guapita) pero si esa es tu intención te advierto que a mala parte vas porque de mí no se ríe nadie y menos una empleada. Y a mi tía no le pasa nada: que es muy caprichosa, como lo ha sido toda su vida, que tiene un genio tremendo, como lo ha tenido siempre, y que quiere hacer lo que le da la santa  gana y eso, a su edad, no puede ser.

Pues precisamente a su edad ya se ha ganado la libertad, digo yo.

Contigo no voy a debatir,  como comprenderás, cada una en su sitio: pasa a la sala, entreténla como puedas y ni le menciones la palabra paseo, está empeñada en salir con el frío que hace pero de eso, nanay.

Nanay, será ridícula y luego se extraña de acaece.

Doña Marga, ya estoy aquí.

Aquí, aquí, siempre aquí, dice ella marcando los aquís con bastonazos al suelo. No me deja salir…con la tarde tan preciosa que hace  y las pocas tardes que ya me quedan y no es tan fría como ella dice. Yo quiero salir, quiero ir a dar una vuelta por la calle, mira, si me he puesto la chaqueta de los dinosaurios que está acolchada por dentro. Toca, toca, esto abriga muchísimo. Venga, dale la vuelta a la silla y sácame un rato que hasta la muerte, todo es vida.

Bueno,  lo intentamos pero me parece que está haciendo guardia. Me asomo  por el pasillo y compruebo que sí, que está como un pasmarote hablando por teléfono junto a la puerta de salida.

Esta ahí, doña Marga, no podemos salir.

Bueno, pues saca las botellas y el tabaco.

Rebusco en el mueble de siempre pero solo hay cajas de medicinas.

Me lo ha escondido, estoy segura, pues qué panorama tenemos más aburrido. Vamos a tener que recurrir a la ficción, ya que la realidad se nos pone en contra. Ten, lee un poco de esto.

Le advierto que la poesía se me ha atragantado un poco últimamente, le digo observando que el libro que me ha dado es de poemas.

Esta te va a gustar, te presento a la autora, es mi amiga Emily.

Encantada, maja, saludo educadamente abriendo las páginas del libro “La soledad sonora”. Se titula así, (otro título que ya tampoco puede usar la Esme), a ver con quién me encuentro.

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9 comentarios en “La Emily

  1. no me digas que también fuma….a pesar de haber pasado la vida escuchando lo malo que es…. al final la libertad va a ser algo que hay que ganarse cada día, al margen de cualquier victoria pasada…

  2. Siempre he tenido un dilema: ¿Cocretas o croquetas? Pero como viene del francés croquette y tú estás puesta, pues me lo has resuelto.
    En el pueblo que, como ya te digo, tengo muy malas influencias.

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