Supervivientes

Me marcho a la peluquería, igual tardo un poco que voy a darme mechas, nos anuncia la doña Repolluda.

La suerte nos es propicia, doña Marga, mientras ella acaba con las existencias mundiales de laca, nosotras nos escapamos al parque y así le presento a la Esme que como ayer me presentó usted a la Emily, pues por corresponder.

Ah, ¿también escribe poesía?, me pregunta ingenuamente.

No, ella es más de novela súbita.

Pero la doña Marga ya no me hace caso porque en cuanto sale a la calle le entra ansiedad por mirarlo todo, que si la luz, que si los árboles,  que si las fachadas, que si qué niño más gracioso, que si que perro, que si qué farola. Lo que es la observación al detalle del entorno urbano y sus habitantes.

Total que hemos llegado al parque y según nos vamos acercando al quiosco veo….pero qué veo, pobre Esmeralda, algo le ha debido de pasar, un disgusto de los gordos, de esos que te echan de golpe treinta años encima, está horrorosa y con bigote.

Nos acercamos más, yo con miedo de hallarme ante una tragedia de dimensiones internacionales, cuando me percato, no sin cierto alivio,  de que ese ser  no es la Esme sino un señor viejo.

¿Quién es usted y dónde está Esmeralda?, si se trata de un secuestro exprés no se haga ilusiones, la Esme no tiene un duro y todavía no es famosa, ha pinchado en hueso.

Sooooo, soooooo, me contesta él confundiéndome con una acémila. ¿Dónde vas con el cabás, muchacha?, así que conoces a mi Esmeralda, es una de las tres joyas de mi corona, las otras son la Rubi y la Perla.

Pobre Esme, ha caído, añosa y todo, en las redes de la trata de mujeres, tanto que quiere ella que le pasen cosas y justo cuando le pasan son de esta calaña.

Deje en paz a la Esme, viejo proxeneta,que ella no es de esas, por mucha diosa Afrodita que lleve en su interior.

Sooooo, muchacha, sooooo, sin faltar, que la que me tiene que dejar en paz es ella a mí que ya le he dicho yo, una tarde vale, pero no te hagas ilusiones de que voy a venir mucho más. Es que cuando no me toca ir a recoger a los niños de la Perla, me toca hacerle la compra a la Rubi. Y ya les he advertido: no abuséis tanto de vuestro anciano padre que lo que me quede de vida lo quiero aprovechar con el mus y las mareas ciudadanas, y no haciendo de yayo. Apañaos estaríamos, toda la vida trabajando para que luego te expriman las hijas. ¿A que a usted tampoco le gusta hacer de yaya?, le pregunta a la doña Marga.

Sea lo que sea eso, definitivamente, no. ¿No tendrá un cigarrillo?

Sí tengo aunque la Esme me ha dicho que no fume dentro del quiosco, dice que es un espacio libre de humo pero si le quitamos lo del final ,se queda en espacio libre, oseasé que podemos fumar. Tenga, señora.

¿Cuántos años cree que tengo?, le reta doña Marga expulsando el humo con gran maestría.

Muchos, mujer, como yo, unos ochenta y pico. Véngase a la próxima marcha por la dignidad, aquí me la tengo apuntada, es en defensa de…espere que no veo.

Tengo ciento dos, proclama ella orgullosísima, podría usted ser mi hijo. Qué tarde maravillosa, añade entre caladas y carcajadas. Porque si algo le gusta es presumir de supervivencia.

Que no, que no, que no nos representaaannn, se me pone a cantar el otro sin venir a cuento.

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5 comentarios en “Supervivientes

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