Camisa de rejilla

Para mal rato el que me ha dado el Luis de Guindos, ministro de Economía.Pues no va y se me persona en casa a media mañana del sábado, y me dice, con cara de mal genio, que dónde está su camisa blanca, que se la tiene que poner para una reunión del Eurogrupo y que cómo no se la he lavado todavía.

Me he puesto a buscar la camisa y la he encontrado dentro de un barreño; madre mía que prenda más fea, si era de rejilla.

Digo, señor de Guindos, con todos mis respetos, pero así no se puede presentar usted en Bruselas y me contesta que claro que sí, que se han puesto todos de acuerdo para ir con camisa blanca, símbolo de pureza, y que se la vaya lavando a mano. Toda la pureza que quiera pero esta rejilla que me gasta va a acabar al instante con la confianza de los mercados. Que qué sabré yo de eso y que me dé prisa que a este paso no se seca.

A ello me disponía cuando un ronquido del Toni que más se asemejaba al último estertor me ha liberado de la pesadilla. También es mala suerte, es que ni en sueños puedo dejar de ser empleada doméstica. Hay quién sueña que vuela pero yo, dale que dale, a ras de tierra y sin dejar de destrozarme las manos con el detergente.

Lo siento por este episodio onírico, a mí personalmente no me gusta nada que me narren sueños y cuando alguien lo hace pongo cara de que escucho pero en realidad desconecto. Lo mismo en los libros, si aparecen sueños, me los salto. Y en las películas si se ve a alguno de los protagonistas haciendo cosas un tanto extrañas, generalmente en escenarios acuáticos, aéreos o neblinosos, pienso, ya está, nos han colado un sueño de rondón, y me pongo a pensar en mis cosas hasta que lo devuelven a su vida cotidiana.

Creo que es porque las ficciones me gustan hasta cierto punto. Necesito, como todos, la evasión de las historias pero si se alejan  demasiado de lo posible,dejan de interesarme. Lo mismo me pasa cuando me invento mis propias aventuras para pasar el rato, la imaginación me pone límites, como si me advirtiera: muy bonito pero no te pases que lo estropeas.

Total, que como Luis de Guindos y su camisa blanca de rejilla sin lavar me han desvelado, me he levantado y me he puesto a escribir esta tontería, qué malo es el insomnio y a cuántas aberraciones conduce, y ahora me vuelvo a la cama que son las cinco de la madrugada. Pero no estoy tranquila, tengo miedo de que una vez dormida y sin capacidad para saber que solo se trata de un sueño, se me aparezca el Montoro, el de Hacienda, y me pida que le lave a mano con jabón lagarto sus prendas delicadas o cualquier otro capricho de ministro.

Anuncios

13 comentarios en “Camisa de rejilla

  1. Es que lo que se aleja mucho de lo posible es más complicado para empatizar y verse reflejado. Aunque hay quien tiene el don de narrar cosas absolutamente alejadas de lo posible con una verosimilitud pasmosa. A mí eso me encanta.

  2. Lo de las camisas es importante y, muchas veces, denota determinadas intenciones.
    El Juanje (de mi pueblo adoptivo) se ponía todos los sábados una camisa calada y con chorreras y se cabreaba porque yo le decía que ya se había puesto la camisilla de joder. Ya sabes, le decía:
    -Sábado, sabadete, camisa limpia y… otra vez que no.
    Y no sé si se mosqueaba por lo primero o por lo segundo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s