Sofía

Me hubiera gustado llamarme Sofía y sentarme en el pupitre todas las tardes después de merendar para hacer los deberes sin ponerme a mirar por la ventana la casa de enfrente, las ventanas de enfrente, el cielo de enfrente, todo lo de enfrente.

Mirar solo el libro, un libro forrado y sin pintar, subrayar con la cabeza ligeramente inclinada, escribir luego lo subrayado en un cuaderno limpio, en orden.
Llamarme Sofía y tener el pelo recogido en una coleta y así no ponerme a jugar con el pelo, a mirarme las puntas abiertas, a cortármelas con las tijeras que están dentro del estuche y que no son para eso, a cortar luego trocitos de hojas del cuaderno, las esquinas del libro, pegárselas después con el pegamento que está dentro del estuche y que tampoco es para eso.

Me hubiera gustado llamarme Sofía para terminar los deberes a tiempo, cerrar el libro y los cuadernos y salir a patinar, pero no me llamo Sofía y no puedo levantarme porque no he terminado, ni he empezado siquiera. Estoy mirando la casa de enfrente, las ventanas de enfrente, el cielo de enfrente, el patio de enfrente donde alegremente patina Sofía, la que no se distrae.

(Cuaderno de doña Marga)

Un comentario en “Sofía

  1. De niños, los mayores siempre nos ponían a otros de modelos. Pero que nos los pusiéramos de modelos nosotros mismos también era posible. Lo malo es que nunca coincidíamos con los de los mayores.

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