Indiferencia de la mañana

No entiendo a las ventanas, me extraña su simetría sobre los muros, que sigan abriéndose y cerrándose como cada día. Ni al cielo, será idiota, ahí sigue con su lucero del alba, la luz abriéndose paso como si nada.  Ni al suelo, sólido y sufrido, soportando las diarias pisadas. Deberías temblar un poco por lo menos, resquebrajarte levemente, hundirte al menos en parte, engullir algo, hacer un poco de teatro aunque sólo sea para acompañarme.

Y esos pájaros, ¿qué hacen trinando desde dentro del árbol? Por no mencionar al árbol, a todos los árboles de la calle que siguen repartiendo sombras como suelen, a la misma calle lineal con sus mismos viandantes apresurados. A los viandantes, a los coches, a los autobuses, al camión de la basura, a los perros que olisquean los rincones.

Pero ¿qué les pasa a todos, es que no se han dado cuenta, es que piensan seguir comportándose igual que siempre? Saberlo tienen que saberlo, tú te has ido y para siempre, ya no estás en esta casa, ni en esta calle, ni en este mundo.

Es insoportable la indiferencia del barrendero que pasa justo ahora con su carrito, la de los niños que cruzan para ir al colegio haciendo ruido con las mochilas de ruedas, la de los porteros que se asoman a fregar su parcela de calle y a tomar el pulso a la mañana, la indiferencia de la mañana entera.

(Cuaderno de doña Marga)

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7 comentarios en “Indiferencia de la mañana

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