Día: 3 marzo, 2015

El Toni vuelve a las habladas

Por si no tuviera bastante con que le dé por hablarme de vez en cuando en lírico, con que recite poemas en la ducha, en el sofá o en el autobús que nos lleva al pueblo sin importarle lo más mínimo la hilaridad que desata en su derredor; pues por si esto no fuera poco, ahora intercala la poesía con un lenguaje que no sé de dónde se ha sacado pero lo sospecho.

Esta mañana, por ejemplo, estaba preparando el desayuno, tarea de que se suele escaquear alegando falta de tiempo, torpeza manual y otras viles excusas y al preguntarle yo que a qué se debe tamaña heroicidad matinal me responde que simplemente está escenificando una nueva estrategia en nuestras relaciones de pareja.

Ante mi cara de pasmo, se ríe y me dice que aboga y apuesta por desmontar muchos de mis erróneos argumentos y dicho esto agarra mi cartera y se guarda un billete de veinte en el bolsillo del pantalón. Pero Toni, ¿ahora me robas en mis narices?, si quieres dinero pídemelo. No te estoy robando, Eva, me contesta, estoy actuando de dinamizador económico y ahora voy a frenar la descomposición de la pila recogiendo los cacharros antes de irme a trabajar, no sin antes impulsar un posible acuerdo de reparto de tareas. Me pido el desayuno y tú la cena. No me digas que no estoy poniendo en marcha un plan ambicioso. Somos los autores y protagonistas del cambio.

Bueno, le digo yo, pues si todo eso tan raro que dices sirve para que colabores en las tareas del hogar, me parece bien, ahora que si solo son palabras que esconden el vacío y la falta de intenciones verdaderas al modo la jerga política, te advierto que no estoy para juegos verbales a estas horas de la mañana.

No intentes socavar mis esfuerzos negociadores ni desviar el foco del debate que gira en torno al desafío medular de…

Casi que me gustaba más cuando clamabas !oh monte, oh prados, oh todo eso y todo lo otro!, por lo menos te entendía algo y me parecías más sincero. Pues me contesta que no cuestione el diseño de su campaña ni rehúya hablar de alianzas.

Le he puesto el libro de la Emily Dickinson bajo el brazo por aquello de que pueda actuar de antídoto y de un empujón le he llevado hasta la puerta. He cerrado, he cogido aire profundamente como hace mi Patricia en sus momentos críticos y hasta en los que no lo son. Inspiro, me lleno de todo lo bueno, expiro, suelto todo lo malo. Así hasta tres veces y no más porque se me echa el tiempo encima con esa manía tan suya que tiene el tiempo de avasallar a personas inocentes y, además, que tanta oxigenación tampoco creo que me convenga.