Día: 4 marzo, 2015

Reflexiones de la Esme (2)

Qué día tan bonito hace, qué cielo, qué aire, qué alegría más pura de vivir me está entrando. Florecen los almendros, trinan los pájaros alborotados como me alboroto yo camino de mi sempiterno quiosco. Le tengo un poco de manía a ese cubículo de mis afanes aunque, por otro lado, mejor no quejarse que me da el sustento y está el género femenino muy malamente que lo han dicho en un informe de Cruz Roja, al borde mismo de la exclusión social, ni poner la calefacción pueden algunas, yo la pongo al mínimo pero todavía la puedo poner. Así que quiosco de mis amores acógeme en tu seno y no me abandones, prefiero que me abandone el Hipólito, fíjate lo que te digo.

Y no es que quiera yo verme otra vez sola pero como no pare ya de dejarme camisas para lavar la que le planto soy yo, que bastante tengo con todo el roperío de mis vástagos. Que tengo una edad. Cincuenta y qué mal suena. Nunca pensé que alcanzaría semejante numerazo avasallador. Pues ahí estás, Esmeralda, con lo joven que tú eras.

Y mira lo que pone aquí, ¿será posible, los muy capullos? Hollywood no quiere a las mayores de cincuenta, lo dice la propia Kristin Scott Thomas y sabrá de lo que habla. No me extraña que anden todas como locas haciéndose destrozos en las caras para que las sigan teniendo en cuenta. Burkas invisibles le llamo yo a eso.

Menos mal que a mí lo de Hollywood ni me va ni me viene. Pero es que son muchas exigencias las que te impone la llamada sociedad: tienes que ser madre y con dedicación, tienes que ser profesional y estar todo el día demostrando lo profesional que eres, tienes que estar guapa y flaca, tener un grupo de amigas, una vida sexual satisfactoria, tiempo para ti, desarrollar tus aficiones íntimas, hacer deporte. La madre que me parió qué angustia. Me estoy estropeando el día yo sola con tantas exigencias.

Pues,¿sabes qué?, me declaro en rebeldía vital. Que le den morcilla a la sociedad, a sus exigencias y al que se las inventó, sobre todo a este último. Soy solo yo, la imperfecta Esmeralda con dos hijos que me tocan las narices día sí y día también, un trabajo más bien cutre del que tampoco es que se pueda presumir mucho, un cuerpo medio normal, una cara…yo me veo muy buena cara, las gafas de cerca, el dolorcillo en las articulaciones, los sudores repentinos, la alegría de vivir, la desesperanza de existir, todo eso soy.

Y tan contenta que hoy hace un día maravilloso, de esos que te tientan con sus encantos, de esos que te hacen creer que tu vida va a dar un vuelco, el famoso vuelco, y más bien lo que te da luego es un revolcón que te deja con los pelos del revés. Y hablando de pelos, me tengo que depilar, que esa es otra.

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