Día: 11 marzo, 2015

Descontrol de plagas

Muy contenta y muy feliz, una paloma se posa en la cima del cartel donde está dibujada otra paloma dentro de un círculo rojo con una barra también roja por encima, tachándola. La paloma real, sucia y gris, observa con sus ojillos de alfiler a su hermana simbólica y como no le ve la gracia a esa congénere, la ignora y se pone a picotear las migas de pan que cada día sacude una viejita desde el piso cuarto.

Se las come todas, infla el buche, zurea saludando al autobús 27 que acaba de detenerse debajo, lleno hasta los topes, toma el sol de la mañana y en el momento de alzar el vuelo, deja caer un excremento blanco y gris que aterriza un poco más abajo, sobre otro cartel que dice: “Convolar. Ahuyentamos aves. Control de plagas.”

Se da una vuelta por la calle principal atestada de tráfico a esas horas, y a casi todas, se dioxigena bien y fortalecida por el monóxido de carbono vuelve al cartel de la paloma genérica, roja y tachada. Como no hay más migas, sube hasta el primer balcón y se entretiene dando picotazos a los molinillos de plástico que su dueño colocó para asustarla. El plástico no está tan bueno como el pan pero es mejor que nada. Otras palomas grises y sucias se unen a la primera, muy felices y contentas, picotean plástico y zurean  a coro.

Se levanta una brisa suave que hace girar los mellados molinillos. Está empezando la primavera y los palomos, excitados, persiguen a las palomas por la barandilla.

(Cuaderno de doña Marga)