Día: 25 marzo, 2015

Comentarios de los viajeros

Estoy contenta porque la Patricia me ha dado unos días de vacaciones y he conseguido que el Toni se avenga a salir de su zonas de confort ( el sofá y el monte de nuestro pueblo). Aunque todavía no las tengo todas conmigo porque él es muy de cambiar de idea en el último momento y alegando alguna enfermedad  potencialmente mortal deshace la maleta y me deja tirada. Ya he vivido esta experiencia en anteriores ocasiones. Por eso digo que no termino de fiarme. Es que aborrece viajar, es un ser sumamente sedentario que sufre cuando le apartan de sus terruños.

Venga, Toni, anima esa cara, le digo esta mañana, que nos vamos a hacer una escapada. En buena hora he pronunciado esa palabra. Que no diga escapada, que odia ese vocablo casi tanto como el de “finde”, que es sólo oírlo y le dan ganas de matarse y de matar. Será al revés, digo yo, porque si te matas primero pocas fuerzas te van a quedar ya para lo segundo. Y como le he preguntado cómo tenía que llamar a una salida de tres días, que viaje me parecía un poco desmedido, me ha dicho que lo llame ganas de enredar, moverse por no estarse quieto o desplazamiento sin sentido con alto riesgo de atasco.

Bueno, accedo a no decir escapada nunca más en mi vida pero ve buscando un hotel barato para nuestro desplazamiento sin sentido. Mal, si es que no escarmiento, del alojamiento me tengo que encargar yo porque a él nada le parece bien. Es un forofo de mirar esas páginas donde la gente que ha estado antes deja sus comentarios pero, en lugar de fijarse en los cuadraditos verdes que justo al lado viene lo positivo, él anda a la caza de los rojos donde ponen lo malo y así va descartando uno tras otro.

Aquí ni de coña, le oigo hablando solo, sábanas rotas, serán guarros… Este tampoco, “ruido entre habitaciones y ruido de la calle”. A ver este, “olor a cañerías”, para oler a cañerías me quedo en casa que también huelen pero por lo menos son las mías.  “Hacía un frío que pelaba en las habitaciones, óxido en la bañera”, pues si que…, “mosquitos, no pudimos dormir en toda la noche”, descartado. Almohada muy alta, me levanté con dolor de cervicales”, fuera también. “Almohada demasiado baja, el colchón se hundía y hacían ruido los muelles”, otro que no. “No había cacahuetes en el mini bar”, hombre pues vaya mierda.

Lo que os digo, como siga así me veo pernoctando en un cajero automático, único lugar donde los que duermen no dejan comentarios.

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