Día: 27 marzo, 2015

Materiales

El poeta malo se ha estado fijando, con gran atención lo ha hecho. A base de tiempo, estudio y anotaciones ya lo tiene, ahí está todo lo necesario extendido sobre la mesa. Tiene la luna, unas cuántas estrellas, tiene la lluvia, vientos y mares, montes y pájaros. Un páramo también. Tiene desolación en abundancia, miedo a la muerte, amor, amor tiene muchísimo, sexo bastante, desesperación, pesar por el paso del tiempo. Tiene hasta una lata de sardinas y un vagón de metro. Sangre, calles vacías y llenas, vísceras, abundancia de atardeceres con diferentes colores y matices. Y manos y bocas y muslos y pubis y pechos. Soledad para poner por las esquinas.

No le faltan infancias ni madres ni troncos secos, tumbas ni cunas, tormentas, agujeros negros, brisas, besos. Por si acaso se ha agenciado además un contenedor de basuras, un semáforo, una caja y un espejo. Por ir alternando. Alternando va con todo eso. Lo mezcla, lo conjuga, lo rima, lo compone, lo gira, lo mueve, lo ordena. Colocado no está mal pero queda un poco tieso.

En sus minuciosos análisis ha visto que a veces es mejor desordenar, dejar que el caos fluya.  Tira todo abajo, deja fluir el caos. Y el caos fluye, inunda todo el poema,  lo desborda, es un mal poema muy caótico, con todos esos materiales flotando sobre su turbia superficie, a la deriva. No entiende el motivo. Lo lee una vez con un ritmo, otra con otro, más deprisa, más despacio, cambiando de entonación, sentado mirando al frente primero y paseándose cabizbajo después. No sabe qué ha podido pasar, por qué al otro, con esos mismos elementos, incluso con alguno menos,  le salió esa maravilla que todos alaban con emoción, recitan y hasta citan y al él ese  poema tan malo que lo más que da es risa y hasta un poco de vergüenza.

(Cuaderno de doña Marga)