Mes: abril 2015

Paulonia Tormentosa

Sinceramente, no sabía de qué hablar hoy pero como si le digo a Eva que no tengo tema se me cuela la de los cuadernitos, he tomado la decisión de mirar al frente, respirar hondo y mentir. Sí, mujer, cómo no voy a tener tema , tú tranquila, vete al pueblo a tu bis a bis con el Toni que verás lo que te escribo. Y así, mirando al frente, he encontrado mi fuente de inspiración: un árbol. Si trabajara, es un suponer, en  el Adolfo Suárez Madrid Barajas, ojito al parco nombre del aeropuerto, igual hablaba de aviones pero al tener el curro en mitad de un parque pues a ver, qué quieres que te diga, de arbolitos y florecitas y pajaritos trinadores.

Pero este no es un árbol cualquiera, destaca sin proponérselo, todo lleno de flores moradas en forma de campanillas, mi Paulonia Tormentosa. Todos tenemos un árbol con el que identificarnos y este, claramente, es el mío. Primero por el apellido, Tormentosa, igual que yo, también soy bastante tormentosa en mi forma de ser, lo mismo me nublo, que arrojo rayos y truenos, que me despejo y luzco luminosa para volver a empezar de nuevo y, segundo y más importante, porque es un árbol que se asocia a la reencarnación y la regeneración, es tan resistente que soporta incendios y podas extremas y resurge una y otra vez. Lo comparto totalmente, podrás verme muy mal, fracasarán todos mis proyectos (y tengo muchos y variados, todos ellos con clara tendencia al fracaso), pero no me achantaré. Volveré a la carga como Paulonia.

¿Que no queréis participar en mi proyecto de micromecenazgo? No soy tonta, ya me he dado cuenta de que sois muy finos, mucho encantada de conocerte , Esmeralda, es un placer, bienvenida al wordpress, pero a la hora de soltar la mosca, la callada por respuesta. Me da igual, ya se me ocurrirán nuevos modelos de negocio.

Y para terminar, un dato más sobre  Paulonia: absorbe diez veces más nitrógeno de carbono que cualquier otro árbol y emite grandes cantidades de oxígeno por lo que es clave en el combate contra la contaminación y el cambio climático. Sí, lo acabo de sacar de la wikipedia, tampoco me pidáis que domine en profundidad todo tipo de cuestiones sean vitales o botánicas. Podéis decirme con qué árbol os identificáis y por qué y así animamos el cotarro, si es que no estáis con un pie fuera para salir de puente, qué bien viven algunos. Yo aquí me quedo, en eso también me parezco a Paulonia, he echado raíces en este parque.

(Si te gustó más, pero que mucho más, el post de ayer y este te ha parecido una porquería, ni se te ocurra comentármelo, me sentaría mal, tengo uno de mis días tormentosos)

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Primos morenos y primos rubios

Algunos fines de semana nos llevaban  a ver a los primos y según la dirección que tomáramos , llegábamos a una casa o a la otra. Si íbamos por el camino sur atravesando una zona de fábricas, descampados con lomas peladas y árboles raquíticos es que nos dirigíamos a la casa de los morenos.

Los morenos eran muchos y su casa, pequeña, siempre estaba llena de cosas, de gente, de ruidos. Era muy divertida para nosotros esa casa y también ellos mismos lo eran. Allí se podía jugar a tinieblas, saltar en las camas, disfrazarse con la ropa de los armarios.  Debajo de los sofás había pelusas y tostadas a medio comer.

Los primos morenos se peleaban entre ellos casi constantemente pero eran peleas triviales, fruto de la intensa covivencia porque también se reían casi constantemente. La madre se sentaba en un sillón a hacer punto y los miraba a todos sin inmutarse como si estuvieran locos y no fueran suyos. El padre intentaba poner un poco de orden sin conseguirlo pero parecía feliz en medio de toda su prole, satisfecho de haber engendrado tantos hijos morenos.

Los morenos no eran muy aficionados al estudio pero sí muy buenos en todas las actividades físicas, no hablaban del todo bien, pronunciaban con un deje extraño y les hacía gracia que tanto mi hermano como yo habláramos con lo que a ellos les parecía demasiada corrección. La madre, desde el sillón, decía “mira que son repipis estos dos” y los morenos se tiraban por el suelo de la risa. Todos participaban en las tareas de la casa a su caótica manera, era frecuente ver a alguno subido a una escalera limpiando algo por los altos, a otro dando escobazos sin mucho sentido o a otro recogiendo la cocina con estruendo de cacharros entrechocando.

Pero si tomábamos la dirección norte y dejando un poco atrás la ciudad nos adentrábamos en un territorio verde, de zonas ajardinadas, árboles altos y muros con hiedra y jazmín es que íbamos a ver a los rubios. Eran tres y su casa siempre estaba impoluta y ordenada, tranquila ,con muebles bruñidos que se aposentaban con seguridad sobre alfombras muy aspiradas.

Los rubios eran muy estudiosos, sacaban sobresalientes y tocaban instrumentos. Nunca supimos qué instrumentos eran y eso nos impresionaba más que si se hubiera concretado. Su madre, que también era rubia, nos ofrecía unos aperitivos muy ricos servidos en recipientes que hacían juego. Estaba muy mal visto no usar el posavasos o no limpiarse la boca con la servilleta antes de beber y aunque todo estaba muy bueno nos sentíamos un poco cohibidos y avergonzados. Allí ya no éramos niños repipis sino más bien  dos zotes que no tocaban instrumentos,  vulgares, bastos.

Nuestro pelo  era castaño pero  en casa de los rubios nos llamaban los primos morenos y en la  de los morenos, los primos rubios.

(Cuaderno de doña Marga)

Extraños en el sofá

No sé cómo hacen algunos para escribir a diario, ayer estuve todo el día y quién dice todo dice los diez minutos del café, dándole vueltas a algún tema para ofreceros, me terminé el café, miré al horizonte, o más bien a un castaño que tengo delante del quiosco, puse una cara lo más parecida posible a la de Virginia Woolf y la conclusión fue: nada.

Así que quité la cara de escritora de relumbre que ni me da resultados prácticos ni me favorece. Lo sé porque me hice un selfi para colgarlo en mi instagram y tuve que borrarlo. La de selfis que borro, para salir bien en uno me tengo que hacer veinte. Es la edad porque yo he sido guapa no, lo que viene a continuación. Qué pena de pretérito imperfecto. El pretérito se va y te quedas con el imperfecto a secas.

Sin embargo anoche, a la hora de la cena, tuve una iluminación o flash, como se decía en mis tiempos mozos, al contemplar a los dos habitantes de mi sofá, esos extraños a los que un día llamé hijos y ahora se lo sigo llamando más por costumbre o por inercia que porque de verdad se comporten como tales. A veces creo que son los del tercero que han subido para usar mi wifi cómodamente aposentados.

En latín de andar por casa: mea culpa. Les eduqué mal, a lo que me iba saliendo, sin leerme libros ni ir a la escuela de padres, les eduqué como pude y a veces, me temo que más veces de la cuenta, les dejé a su libre albedrío para que ellos me dejaran al mío. Intenté inculcarles hábitos cívicos como el de ayudar en las tareas del hogar pero si a la cuarta vez que yo pedía que pusieran la mesa ninguno se movía o si se movían era para matarse entre ellos por ver quién hacía menos, terminaba poniéndola yo para acabar antes y evitar masacres.Y este es el resultado de mi poca paciencia: los extraños del sofá. Parece el título de una película de terror, ¿a que sí?, por algo será.

Para que no se diga que no  me trabajo  la unión familiar y que ya lo he dado todo por perdido, saqué un tema de conversación al azar y se lo lancé a las carnes de mi carne. Vamos a hablar, leches, que somos una familia y las familias se comunican, se cuentan lo que han hecho durante el día, se transmiten sus anhelos y esperanzas. Yo hablaba y, mientras, esos dos desconocidos, sin separar la vista de sus pantallas, movían las cabezas como aquellos perritos que antaño, pero que muy antaño, estuvieron de moda en la parte trasera de los coches.  Luego ya dejaron de moverla no les fuera a dar una tortícolis. Qué agradecida es la maternidad.

Seguí un poco más hablando a mis cojines de punto de cruz hasta que desistí. ¿Qué hay de cena?, dijo  al cabo de un rato uno de los dos, ahora no me acuerdo si la chica o el chico, en un alarde de comunicación extrema. Puré de verduras, respondí  ¿Otra vez?, puf o puag, dijo el otro o tal vez el mismo. Pues hazte tú otra cosa que ya eres mayorcito,  vergüenza debería daros, blablabla, introduce la frase de madre que más te guste porque da igual, ya no me oían.

Ahí acabó todo,  volví a mirarlos con extrañeza, preguntandome, ¿pero de verdad estos dos han vivido  nueve meses en mis entrañas, de verdad fueron aquellos niños adorables (a ratos) a los que ponía gorritos y se dejaban abrazar, me decían mami te quiero y me dibujaban con una corona de reina y muchos corazones rodeándome? No puede ser, son los del tercero.

Si te ha gustado este tema, te sientes identificado porque tú tampoco tienes paciencia ni pedagogía, habitan extraños en tu sofá o piensas que habitarán  algún día, te da pena de mí, me quieres ayudar o , simplemente, te atrae, y mucho,  el micromecenazgo, deja un comentario, y algo en la hucha, no seas rata.

Se despide hasta el próximo post que se me ocurra vuestra desinteresada amiga, Esmeralda.

Reflexiones de la Esme

A mí escribir tampoco es que me vuelva loca, ahora escribe todo el mundo, como correr, todos corren. Y luego están los que escriben sobre correr. Yo ni corro ni escribo. Cierto que un día corrí pero me sentó mal y verdad también que me escribí una novela en una tarde pero tenía mis intenciones, no era básicamente amor por el arte como es el caso de Eva que escribe porque le gusta y se lo pasa bien, la pobre incauta. Ahora que si una amiga me lo pide…porque no os creáis que soy tan antipática como ella me pinta, tan arisca. Un poco sí, ya me decía mi madre que en paz descanse, qué raspa eres hija, qué asperón. Pero tengo buen fondo, lo que pasa es que los fondos hay que ir a buscarlos precisamente porque están al final, escondidos tras las superficies.

Eva me ha dicho que me dirija a vosotros en confianza como si hablara con unos amigos de toda la vida. Me está costando un poco porque ni os pongo cara ni voz ni manera de ser, me resulta extraño, pero aquí en este espacio soy una mandada, hasta que me desmande y no tardaré mucho, va en mi naturaleza. Mi amiga no pasa por sus mejores momentos, está un poco decaída, es muy joven y padece de los típicos males de la juventud, desamores, acné. Esto último no, tiene buen cutis. Escribe tú unos días, Esmeralda, me ha pedido, hasta que yo me reponga y vuelva a mi ser, no quiero dejar el blog que se me van los lectores. Menudo papelón, guapa, le dije de principio, si es que a mí escribir no termina de apasionarme a no ser que le vea beneficio. Si me hubiera dejado poner un botón de esos de dona si te ha gustado, no se llama timo, se llama crowdfunding, pero no ha querido. Está bien, aunque no me vaya a reportar ningún ingreso, aquí estoy, por eso del buen fondo que os decía antes. Aquí estoy para no decir nada porque como me ha pillado de sopetón no me ha dado tiempo a prepararme el tema.

A Eva ya le he advertido que corre un serio peligro con estas colaboraciones , el de que mi personalidad se imponga y eclipse todo lo demás, incluso el cuaderno de la centenaria que a mí, personalmente y sin querer ofender, no me gusta. O no la entiendo o cuando la entiendo me parece que escribe bobadas, de un gato el otro día, en fin. Mira que si me expando y me expando y como un torrente te lo anego todo. Fíjate qué bonita me ha quedado esta frase y sin ponerle mucho interés. Si es que soy mucha Esmeralda, y cuando me pongo a algo, me sale. Me pasó con el punto, me puse sin saber, por hacer algo con las manos, y me salieron maravillas del tricotado.

Estaría encantada de seguir con vosotros un rato más, queridos amigos invisibles (Eva me han dicho que os trate bien, que no saque a relucir mi lado borde, a ver cuánto aguanto) pero tengo que dejaros porque  llaman a la puerta y es mi padre, fumando, cómo no, mira que le he dicho veces que deje el tabaco pero él, ni caso. Nadie me hace caso: ni mis hijos ni mi padre ni Hipólito (es mi pareja en la actualidad) pero, eso sí, todos piden y exigen.  Hoy, domingo, me toca hacer paella, pues no te creas que me lo van a agradecer, ya verás como le sacan pegas. Un coñazo. Las comidas familiares de los domingos deberían estar prohibidas por ley. Perdón que Eva no quiere que diga tacos, ya me saltaré yo la censura, ya. Se despide de vosotros hasta el próximo post, Esmeralda.

(Si te ha gustado este escrito y crees que lo vale, mándame un email y te paso mi número de cuenta. Apúntate al crowdfunding, es la última moda y tú no querras quedarte desfasado, ¿o es que no te apetece ser un micromecenas?)

Mi madre por teléfono (15)

Eva, hija, estás ahí, ¿verdad?, tengo que darte una mala noticia.

Me estás asustando un poco

No, mujer, si no es nada, no nos hemos muerto ninguno, es que he visto al Toni, esta mañana ha sido, yo iba a por la compra, todos los días hay que ir a comprar algo, qué aburrimiento, y entonces le he visto doblando la esquina, dirección el monte, dónde si no. Te dice que se va al bar pero está de parranda. Una parranda muy rara pero como todo él. Así que ya lo sabes, si luego te viene diciendo que está muy cansado del bar no te lo creas, no es de eso.

No, si es que se ha vuelto para el pueblo, ya definitivo.

Pero, ¿definitivo de para siempre? Que alegría me das, un pelmazo que te has quitao de encima, lo a gusto que vas a estar, todavía estás a tiempo de enderezar tu vida, casarte, tener hijos y todo lo propio.

No, si dejarlo no lo hemos dejado, es sólo un cambio de ….no sé muy bien lo que es pero nos vamos a seguir viendo.

Ah, no, hija, no seas palurda, o sí o no, ¿qué es eso de ni como ni dejo comer?, como me lo encuentre otra vez no voy a hacer como que no le he visto, le voy a pillar por el pescuezo y le voy a cantar a ese las verdades de la vida. Pobrecilla, sola en el piso ese.

No estoy sola, se ha venido la Noemi.

Esa está loca pero, en fin, mejor que el Toni ya será.  Bueno, a lo que importa, ¿Os habéis hecho ya el peinado de la reina?

¿Qué?

Como que qué, el peinado de Letizia, la melena esa tan repreciosa, os lo tenéis que hacer pero ya mismo, aquí en la peña Reina Letizia nos lo vamos a hacer todas, las que tenemos el pelo corto no podemos pero nos lo estamos dejando largo. Una vez que te lo hagas ya verás, no te digo yo que vayas a encontrar un príncipe porque ya no quedan pero un hombre medio normal, eso, a lo mejor, sí. Que te lo corte la Noemi que ella es mañosa y luego me mandas el selfi. Que todos los días tengo que salir a comprar algo, hoy peras, porque tu padre tiene que desayunar todas las santas mañanas una perita. Allá que va la Tere con el carro, pues ahí es donde he visto al tonto el Toni, pero eso ya te lo he dicho, volvemos al principio. Eva, Evaaa, ¿me has colgao?, se habrá ido la cobertura, no entiendo estos teléfonos modernos.

El gato del arqueológico

En los jardines del museo arqueológico vive un gato. Un gato gordo y rayado, tan corpulento que se da aires de tigre. Confianzudo se pasea entre las violetas recién nacidas, se apoltrona en los bancos, husmea en las papeleras y captura restos de meriendas que luego se come en el mejor rincón. Con el tronco de la palmera se rasca el lomo y, asombrado de su propia fortuna, se detiene a meditar con mirada de esfinge en mitad de una vereda.

Por la noche , cuando Livia, la mujer de Augusto, el sacerdote Harsomtus, las momias y las damas de Baza y de Elche descansan al fin de tantas visitas, el orondo y bien criado gato se va de farra por callejones y azoteas. Despeinado y ojeroso regresa por la mañana, justo a tiempo de desayunarse las viandas que le tira la vieja a través de la valla, que le trae de su casa el guarda de la puerta, que le lanzan con alborozo los niños del primer colegio.

Es una suerte ser el gato del arqueológico, se reafirma con la barriga llena tumbado sobre un rayo de sol, los ojos a punto de desaparecer, de hacerse dos finas líneas en su oronda cara.

(Cuaderno de doña Marga)

Problemillas de a un euro

Esta mañana hemos ido al parque a hacer la visita relámpago a la Esme. Y digo hemos porque la Noemi se ha empeñado en acompañarme. Tranquila, Noe, que no me voy a tirar a las vías del metro, entre otras cosas porque vamos en autobús que nos pilla mejor.

No, Eva, se pone ella, si no es por eso, es porque así me doy una vuelta antes de meterme en la tienda que después en todo el día no veo la luz del sol y de paso saludo a tu amiga la señora mayor. Ella llama así a Esmeralda, ignora que su vida corre peligro como se entere.

Mírala, ahí está con su abanico, qué graciosa. No tan graciosa, Noemi, le desengaño, si porta abanico es porque porta sofocos, de lo que se deduce que porta también mal talante.

Ay, eso es como lo del colegio, si A es igual a B y B es igual a C pues entonces A es igual a C, me acuerdo, me acuerdo.

Sí, bueno, no tiene mucho que ver pero para una enseñanza de la que te acuerdas no te voy a contradecir. Es que los estudios y la Noe nunca se llegaron a entender, por eso cuando se acuerda de algo se alboroza mucho, por aquello de lo excepcional.

Vaya pareja de dos, ¿se puede saber por qué venís juntas a mi pequeña y mediana empresa?, nos pregunta la Esme con un tono que demuestra lo acertado de mi deducción.

Es que ahora vivimos juntas, somos compañeras de piso.

¿Y eso?, frena en seco su abanico Esmeralda la mayor.

Porque el Toni ya no está, me ha dicho que tiene que vivir su sueño rural y se ha marchado.

Pero cagando leches, agrega la Noe con esa finura tan suya. Y la Eva está triste, añade después, como la princesa, de esa poesía también me acuerdo, “la princesa está triste, qué tendrá la princesa, los suspiros se escapan de su boca de fresa, ha perdido la risa, ha perdido el color”, ya no sé más, es que era muy larga.

Qué chorrada: la poesía para empezar, la comparación de Eva con la princesa para continuar y que estés triste para finalizar.

Pues sí, Esme, un poco deprimida sí que estoy.

Pues hija, me salta ella, sumérgete un rato en las noticias y cuando veas cómo está el mundo, te consuelas; eso sí que son tragedias, pero que se marche el Toni no es más que un problemilla barato, de todo a un euro. No me seas ridícula ni estrecha de miras. Infórmate y verás en qué se queda tu micro desgracia, en nada, polvillo. Sopla y se va. Comprenderás que comparado con el sufrimiento de la humanidad y los múltiples males que aquejan al mundo, que el Toni se haya ido al pueblo no es nada, pero nada.

¡Joder!, pues sí que A era igual a C, exclama la Noe.

No se puede decir que tu amiga la señora mayor haya estado muy simpática, me dice luego cuando ya nos encaminábamos, también cagando leches, reconozcámoslo, hacia nuestros trabajos respectivos.

No, mucho no, pero un poco de razón sí que tiene, me ha hecho pensar.

Tiene y no tiene porque, como dice siempre mi abuela, en este hospital a cada uno le duele su mal.

Qué sentenciosa es tu abuela, Noemi y qué bien le quedan las rosquillas.

Que ha perdido la risa, que ha perdido el color, nada, que no me acuerdo.