Mes: abril 2015

Paulonia Tormentosa

Sinceramente, no sabía de qué hablar hoy pero como si le digo a Eva que no tengo tema se me cuela la de los cuadernitos, he tomado la decisión de mirar al frente, respirar hondo y mentir. Sí, mujer, cómo no voy a tener tema , tú tranquila, vete al pueblo a tu bis a bis con el Toni que verás lo que te escribo. Y así, mirando al frente, he encontrado mi fuente de inspiración: un árbol. Si trabajara, es un suponer, en  el Adolfo Suárez Madrid Barajas, ojito al parco nombre del aeropuerto, igual hablaba de aviones pero al tener el curro en mitad de un parque pues a ver, qué quieres que te diga, de arbolitos y florecitas y pajaritos trinadores.

Pero este no es un árbol cualquiera, destaca sin proponérselo, todo lleno de flores moradas en forma de campanillas, mi Paulonia Tormentosa. Todos tenemos un árbol con el que identificarnos y este, claramente, es el mío. Primero por el apellido, Tormentosa, igual que yo, también soy bastante tormentosa en mi forma de ser, lo mismo me nublo, que arrojo rayos y truenos, que me despejo y luzco luminosa para volver a empezar de nuevo y, segundo y más importante, porque es un árbol que se asocia a la reencarnación y la regeneración, es tan resistente que soporta incendios y podas extremas y resurge una y otra vez. Lo comparto totalmente, podrás verme muy mal, fracasarán todos mis proyectos (y tengo muchos y variados, todos ellos con clara tendencia al fracaso), pero no me achantaré. Volveré a la carga como Paulonia.

¿Que no queréis participar en mi proyecto de micromecenazgo? No soy tonta, ya me he dado cuenta de que sois muy finos, mucho encantada de conocerte , Esmeralda, es un placer, bienvenida al wordpress, pero a la hora de soltar la mosca, la callada por respuesta. Me da igual, ya se me ocurrirán nuevos modelos de negocio.

Y para terminar, un dato más sobre  Paulonia: absorbe diez veces más nitrógeno de carbono que cualquier otro árbol y emite grandes cantidades de oxígeno por lo que es clave en el combate contra la contaminación y el cambio climático. Sí, lo acabo de sacar de la wikipedia, tampoco me pidáis que domine en profundidad todo tipo de cuestiones sean vitales o botánicas. Podéis decirme con qué árbol os identificáis y por qué y así animamos el cotarro, si es que no estáis con un pie fuera para salir de puente, qué bien viven algunos. Yo aquí me quedo, en eso también me parezco a Paulonia, he echado raíces en este parque.

(Si te gustó más, pero que mucho más, el post de ayer y este te ha parecido una porquería, ni se te ocurra comentármelo, me sentaría mal, tengo uno de mis días tormentosos)

Extraños en el sofá

No sé cómo hacen algunos para escribir a diario, ayer estuve todo el día y quién dice todo dice los diez minutos del café, dándole vueltas a algún tema para ofreceros, me terminé el café, miré al horizonte, o más bien a un castaño que tengo delante del quiosco, puse una cara lo más parecida posible a la de Virginia Woolf y la conclusión fue: nada.

Así que quité la cara de escritora de relumbre que ni me da resultados prácticos ni me favorece. Lo sé porque me hice un selfi para colgarlo en mi instagram y tuve que borrarlo. La de selfis que borro, para salir bien en uno me tengo que hacer veinte. Es la edad porque yo he sido guapa no, lo que viene a continuación. Qué pena de pretérito imperfecto. El pretérito se va y te quedas con el imperfecto a secas.

Sin embargo anoche, a la hora de la cena, tuve una iluminación o flash, como se decía en mis tiempos mozos, al contemplar a los dos habitantes de mi sofá, esos extraños a los que un día llamé hijos y ahora se lo sigo llamando más por costumbre o por inercia que porque de verdad se comporten como tales. A veces creo que son los del tercero que han subido para usar mi wifi cómodamente aposentados.

En latín de andar por casa: mea culpa. Les eduqué mal, a lo que me iba saliendo, sin leerme libros ni ir a la escuela de padres, les eduqué como pude y a veces, me temo que más veces de la cuenta, les dejé a su libre albedrío para que ellos me dejaran al mío. Intenté inculcarles hábitos cívicos como el de ayudar en las tareas del hogar pero si a la cuarta vez que yo pedía que pusieran la mesa ninguno se movía o si se movían era para matarse entre ellos por ver quién hacía menos, terminaba poniéndola yo para acabar antes y evitar masacres.Y este es el resultado de mi poca paciencia: los extraños del sofá. Parece el título de una película de terror, ¿a que sí?, por algo será.

Para que no se diga que no  me trabajo  la unión familiar y que ya lo he dado todo por perdido, saqué un tema de conversación al azar y se lo lancé a las carnes de mi carne. Vamos a hablar, leches, que somos una familia y las familias se comunican, se cuentan lo que han hecho durante el día, se transmiten sus anhelos y esperanzas. Yo hablaba y, mientras, esos dos desconocidos, sin separar la vista de sus pantallas, movían las cabezas como aquellos perritos que antaño, pero que muy antaño, estuvieron de moda en la parte trasera de los coches.  Luego ya dejaron de moverla no les fuera a dar una tortícolis. Qué agradecida es la maternidad.

Seguí un poco más hablando a mis cojines de punto de cruz hasta que desistí. ¿Qué hay de cena?, dijo  al cabo de un rato uno de los dos, ahora no me acuerdo si la chica o el chico, en un alarde de comunicación extrema. Puré de verduras, respondí  ¿Otra vez?, puf o puag, dijo el otro o tal vez el mismo. Pues hazte tú otra cosa que ya eres mayorcito,  vergüenza debería daros, blablabla, introduce la frase de madre que más te guste porque da igual, ya no me oían.

Ahí acabó todo,  volví a mirarlos con extrañeza, preguntandome, ¿pero de verdad estos dos han vivido  nueve meses en mis entrañas, de verdad fueron aquellos niños adorables (a ratos) a los que ponía gorritos y se dejaban abrazar, me decían mami te quiero y me dibujaban con una corona de reina y muchos corazones rodeándome? No puede ser, son los del tercero.

Si te ha gustado este tema, te sientes identificado porque tú tampoco tienes paciencia ni pedagogía, habitan extraños en tu sofá o piensas que habitarán  algún día, te da pena de mí, me quieres ayudar o , simplemente, te atrae, y mucho,  el micromecenazgo, deja un comentario, y algo en la hucha, no seas rata.

Se despide hasta el próximo post que se me ocurra vuestra desinteresada amiga, Esmeralda.

Reflexiones de la Esme

A mí escribir tampoco es que me vuelva loca, ahora escribe todo el mundo, como correr, todos corren. Y luego están los que escriben sobre correr. Yo ni corro ni escribo. Cierto que un día corrí pero me sentó mal y verdad también que me escribí una novela en una tarde pero tenía mis intenciones, no era básicamente amor por el arte como es el caso de Eva que escribe porque le gusta y se lo pasa bien, la pobre incauta. Ahora que si una amiga me lo pide…porque no os creáis que soy tan antipática como ella me pinta, tan arisca. Un poco sí, ya me decía mi madre que en paz descanse, qué raspa eres hija, qué asperón. Pero tengo buen fondo, lo que pasa es que los fondos hay que ir a buscarlos precisamente porque están al final, escondidos tras las superficies.

Eva me ha dicho que me dirija a vosotros en confianza como si hablara con unos amigos de toda la vida. Me está costando un poco porque ni os pongo cara ni voz ni manera de ser, me resulta extraño, pero aquí en este espacio soy una mandada, hasta que me desmande y no tardaré mucho, va en mi naturaleza. Mi amiga no pasa por sus mejores momentos, está un poco decaída, es muy joven y padece de los típicos males de la juventud, desamores, acné. Esto último no, tiene buen cutis. Escribe tú unos días, Esmeralda, me ha pedido, hasta que yo me reponga y vuelva a mi ser, no quiero dejar el blog que se me van los lectores. Menudo papelón, guapa, le dije de principio, si es que a mí escribir no termina de apasionarme a no ser que le vea beneficio. Si me hubiera dejado poner un botón de esos de dona si te ha gustado, no se llama timo, se llama crowdfunding, pero no ha querido. Está bien, aunque no me vaya a reportar ningún ingreso, aquí estoy, por eso del buen fondo que os decía antes. Aquí estoy para no decir nada porque como me ha pillado de sopetón no me ha dado tiempo a prepararme el tema.

A Eva ya le he advertido que corre un serio peligro con estas colaboraciones , el de que mi personalidad se imponga y eclipse todo lo demás, incluso el cuaderno de la centenaria que a mí, personalmente y sin querer ofender, no me gusta. O no la entiendo o cuando la entiendo me parece que escribe bobadas, de un gato el otro día, en fin. Mira que si me expando y me expando y como un torrente te lo anego todo. Fíjate qué bonita me ha quedado esta frase y sin ponerle mucho interés. Si es que soy mucha Esmeralda, y cuando me pongo a algo, me sale. Me pasó con el punto, me puse sin saber, por hacer algo con las manos, y me salieron maravillas del tricotado.

Estaría encantada de seguir con vosotros un rato más, queridos amigos invisibles (Eva me han dicho que os trate bien, que no saque a relucir mi lado borde, a ver cuánto aguanto) pero tengo que dejaros porque  llaman a la puerta y es mi padre, fumando, cómo no, mira que le he dicho veces que deje el tabaco pero él, ni caso. Nadie me hace caso: ni mis hijos ni mi padre ni Hipólito (es mi pareja en la actualidad) pero, eso sí, todos piden y exigen.  Hoy, domingo, me toca hacer paella, pues no te creas que me lo van a agradecer, ya verás como le sacan pegas. Un coñazo. Las comidas familiares de los domingos deberían estar prohibidas por ley. Perdón que Eva no quiere que diga tacos, ya me saltaré yo la censura, ya. Se despide de vosotros hasta el próximo post, Esmeralda.

(Si te ha gustado este escrito y crees que lo vale, mándame un email y te paso mi número de cuenta. Apúntate al crowdfunding, es la última moda y tú no querras quedarte desfasado, ¿o es que no te apetece ser un micromecenas?)

Mi madre por teléfono (15)

Eva, hija, estás ahí, ¿verdad?, tengo que darte una mala noticia.

Me estás asustando un poco

No, mujer, si no es nada, no nos hemos muerto ninguno, es que he visto al Toni, esta mañana ha sido, yo iba a por la compra, todos los días hay que ir a comprar algo, qué aburrimiento, y entonces le he visto doblando la esquina, dirección el monte, dónde si no. Te dice que se va al bar pero está de parranda. Una parranda muy rara pero como todo él. Así que ya lo sabes, si luego te viene diciendo que está muy cansado del bar no te lo creas, no es de eso.

No, si es que se ha vuelto para el pueblo, ya definitivo.

Pero, ¿definitivo de para siempre? Que alegría me das, un pelmazo que te has quitao de encima, lo a gusto que vas a estar, todavía estás a tiempo de enderezar tu vida, casarte, tener hijos y todo lo propio.

No, si dejarlo no lo hemos dejado, es sólo un cambio de ….no sé muy bien lo que es pero nos vamos a seguir viendo.

Ah, no, hija, no seas palurda, o sí o no, ¿qué es eso de ni como ni dejo comer?, como me lo encuentre otra vez no voy a hacer como que no le he visto, le voy a pillar por el pescuezo y le voy a cantar a ese las verdades de la vida. Pobrecilla, sola en el piso ese.

No estoy sola, se ha venido la Noemi.

Esa está loca pero, en fin, mejor que el Toni ya será.  Bueno, a lo que importa, ¿Os habéis hecho ya el peinado de la reina?

¿Qué?

Como que qué, el peinado de Letizia, la melena esa tan repreciosa, os lo tenéis que hacer pero ya mismo, aquí en la peña Reina Letizia nos lo vamos a hacer todas, las que tenemos el pelo corto no podemos pero nos lo estamos dejando largo. Una vez que te lo hagas ya verás, no te digo yo que vayas a encontrar un príncipe porque ya no quedan pero un hombre medio normal, eso, a lo mejor, sí. Que te lo corte la Noemi que ella es mañosa y luego me mandas el selfi. Que todos los días tengo que salir a comprar algo, hoy peras, porque tu padre tiene que desayunar todas las santas mañanas una perita. Allá que va la Tere con el carro, pues ahí es donde he visto al tonto el Toni, pero eso ya te lo he dicho, volvemos al principio. Eva, Evaaa, ¿me has colgao?, se habrá ido la cobertura, no entiendo estos teléfonos modernos.

El gato del arqueológico

En los jardines del museo arqueológico vive un gato. Un gato gordo y rayado, tan corpulento que se da aires de tigre. Confianzudo se pasea entre las violetas recién nacidas, se apoltrona en los bancos, husmea en las papeleras y captura restos de meriendas que luego se come en el mejor rincón. Con el tronco de la palmera se rasca el lomo y, asombrado de su propia fortuna, se detiene a meditar con mirada de esfinge en mitad de una vereda.

Por la noche , cuando Livia, la mujer de Augusto, el sacerdote Harsomtus, las momias y las damas de Baza y de Elche descansan al fin de tantas visitas, el orondo y bien criado gato se va de farra por callejones y azoteas. Despeinado y ojeroso regresa por la mañana, justo a tiempo de desayunarse las viandas que le tira la vieja a través de la valla, que le trae de su casa el guarda de la puerta, que le lanzan con alborozo los niños del primer colegio.

Es una suerte ser el gato del arqueológico, se reafirma con la barriga llena tumbado sobre un rayo de sol, los ojos a punto de desaparecer, de hacerse dos finas líneas en su oronda cara.

(Cuaderno de doña Marga)

Problemillas de a un euro

Esta mañana hemos ido al parque a hacer la visita relámpago a la Esme. Y digo hemos porque la Noemi se ha empeñado en acompañarme. Tranquila, Noe, que no me voy a tirar a las vías del metro, entre otras cosas porque vamos en autobús que nos pilla mejor.

No, Eva, se pone ella, si no es por eso, es porque así me doy una vuelta antes de meterme en la tienda que después en todo el día no veo la luz del sol y de paso saludo a tu amiga la señora mayor. Ella llama así a Esmeralda, ignora que su vida corre peligro como se entere.

Mírala, ahí está con su abanico, qué graciosa. No tan graciosa, Noemi, le desengaño, si porta abanico es porque porta sofocos, de lo que se deduce que porta también mal talante.

Ay, eso es como lo del colegio, si A es igual a B y B es igual a C pues entonces A es igual a C, me acuerdo, me acuerdo.

Sí, bueno, no tiene mucho que ver pero para una enseñanza de la que te acuerdas no te voy a contradecir. Es que los estudios y la Noe nunca se llegaron a entender, por eso cuando se acuerda de algo se alboroza mucho, por aquello de lo excepcional.

Vaya pareja de dos, ¿se puede saber por qué venís juntas a mi pequeña y mediana empresa?, nos pregunta la Esme con un tono que demuestra lo acertado de mi deducción.

Es que ahora vivimos juntas, somos compañeras de piso.

¿Y eso?, frena en seco su abanico Esmeralda la mayor.

Porque el Toni ya no está, me ha dicho que tiene que vivir su sueño rural y se ha marchado.

Pero cagando leches, agrega la Noe con esa finura tan suya. Y la Eva está triste, añade después, como la princesa, de esa poesía también me acuerdo, “la princesa está triste, qué tendrá la princesa, los suspiros se escapan de su boca de fresa, ha perdido la risa, ha perdido el color”, ya no sé más, es que era muy larga.

Qué chorrada: la poesía para empezar, la comparación de Eva con la princesa para continuar y que estés triste para finalizar.

Pues sí, Esme, un poco deprimida sí que estoy.

Pues hija, me salta ella, sumérgete un rato en las noticias y cuando veas cómo está el mundo, te consuelas; eso sí que son tragedias, pero que se marche el Toni no es más que un problemilla barato, de todo a un euro. No me seas ridícula ni estrecha de miras. Infórmate y verás en qué se queda tu micro desgracia, en nada, polvillo. Sopla y se va. Comprenderás que comparado con el sufrimiento de la humanidad y los múltiples males que aquejan al mundo, que el Toni se haya ido al pueblo no es nada, pero nada.

¡Joder!, pues sí que A era igual a C, exclama la Noe.

No se puede decir que tu amiga la señora mayor haya estado muy simpática, me dice luego cuando ya nos encaminábamos, también cagando leches, reconozcámoslo, hacia nuestros trabajos respectivos.

No, mucho no, pero un poco de razón sí que tiene, me ha hecho pensar.

Tiene y no tiene porque, como dice siempre mi abuela, en este hospital a cada uno le duele su mal.

Qué sentenciosa es tu abuela, Noemi y qué bien le quedan las rosquillas.

Que ha perdido la risa, que ha perdido el color, nada, que no me acuerdo.

Ya es hoy

Al final no lloré más porque no me dio tiempo y cuando por fin me metí en la cama estaba tan cansada que me quedé dormida al instante. Dormir es muy bueno cuando se tiene alguna preocupación porque entras en el mundo de lo onírico y allí lo más probable es que la preocupación no esté. Claro que a veces por mucho que te empeñes en entrar, la puerta está cerrada y no hay manera, aquí te quedas dando vueltas a tu problema y a las sábanas.

Pero tuve suerte y entré muy bien, de golpe, y gracias, en parte, a lo agotadora que es la Noemi. Nada más llegar se puso a deshacer la maleta porque es de esas personas que hasta que no tiene todo su entorno organizado no puede estar tranquila, después tampoco puede porque se le ocurren nuevas ordenaciones del territorio y así sucesivamente. Como me necesitaba todo el tiempo de mayordoma, o eso decía, no me dejó parar. Creo que era una táctica de amiga íntima para impedirme pensar.

Además de hacer de ayuda de cámara también tuve que resolver algún que otro problemilla derivado de las altas expectativas de la Noe. Pues no me cabe toda la ropa en el armario, se pone, ¿dónde la guardo?En el armario de los pobres, maja, en la maleta debajo de la cama. Huy qué cutre, dice ella toda palaciega, habrá que pensar algo. Sí, le digo yo, habrá que pensar en buscar a alguien más para compartir piso porque tú ganas muy poco y vamos justitas. Que ella en un piso patera no se ve viviendo, que ya nos apañaremos comiendo menos o lo que sea. Mejor lo que sea, Noemi, que de comer no me quiero quitar y eso que se me ha esfumado el hambre del disgusto.

Te va a entrar otra vez en cuanto cocine, me asegura ella, he traído tofu y verás lo que sé hacer, está buenísimo, pero solo por ser hoy que comer como las celébritis es caro. No te molestes, que las penas con pan son menos pero con tofu son más, mejor nos comemos la tortilla de patata que ya está hecha. Venga, pues  como no hay que cocinar, me pongo con el feng shui, voy a hacer que la energía positiva fluya y fluya porque está esto muy estancado. El sofá lo pongo del otro lado, mirando a la  pared contraria, empuja de ahí, tira de aquí, las sillas a la izquierda, la mesa patas arriba, esto sí, esto no, dale, dale.

Ya os digo, agotada de tanta mudanza me fui a la cama y ella todavía seguía trasteando, colocando sus afeites en el cuarto de baño, (madre mía la de potingues de marca blanca que atesora) y prendiendo barritas de incienso por las esquinas. Por mí, pensé antes de dormirme, como si saca el botafumeiro,  hoy he tenido bastante y mañana será otro día.

Y así fue, ya es hoy, es la seguridad que tienen los días, nunca te defraudan en su aparición, ellos siempre se presentan fieles a su cita y eso, en un mundo tan inestable y cambiante, no está mal como asidero.

Sígueme

Que le siga, se pone el Toni. Pero bueno, Toni, le digo, ¿es que te has abierto un blog o una cuenta en tuiter?, poco te van a ti esas marchas. Que le siga al pueblo porque se va. Así, de sopetón. Pero será a pasar unos días, le tanteo temiéndome lo peor. Unos días detrás de otros, ha sido su respuesta. Del susto casi se me resbala de las manos el plato con la tortilla de patata (nunca sé si se dice patata o patatas pero no es momento de dudas linguísticas).

Que lo siente muchísimo pero que él aquí va a ser siempre un amargado, que necesita la naturaleza para vivir, que odia Madrid cada día más y más y que se le van pasando los años y a este paso se le va a pasar la vida entera sin hacer lo que le gusta y sin vivir como quiere  y que hay que ser sincero y congruente con uno mismo y ahí ya he desconectado porque ese rollo ya me lo sé y no digo que no tenga sus razones pero, vamos, dejar el trabajo de golpe y sin tener otro en perspectiva, dejarlo todo, a mí incluida, y pegar esa espantada, eso no me lo esperaba yo.

Dice él que no entiende por qué no me lo esperaba, que se veía venir de lejos desde hace mucho,que no será porque no me ha ido dejando pistas, indirectas y directas. Anda, pues porque hay muchas cosas que se dicen pero no por ello se hacen; la Esme, por ejemplo, siempre les está diciendo a sus hijos lo hartita que está de ellos y que cualquier día se va a largar y no le van a volver a ver el pelo, pero ellos se ríen porque saben que una madre no hace eso. O sí, que ya tengo mis dudas.

Y no es que sea algo que se le ha ocurrido así, de repente, cual iluminación,  tenía hasta los bártulos preparados y eso ya es una premeditación pero de las gordas, rayando en el delito, qué menos que un preaviso de quince días para ir asimilando la noticia. Pues dice que lo ha hecho así para que no le pueda convencer con mis liosos argumentos. Vamos, que además de abandonarme me llama lianta.

Que no me está abandonando, que puedo irme con él perfectamente. Si, hombre, voy a dejar mis trabajos que por muy precarios que sean me dan de comer y me voy a volver, parada como ya estuve, a la casa de mis padres, donde también estuve ya. Que esa es otra, en el pueblo no tenemos casa salvo la de nuestras familias. Yo me quedo, majo, ya te seguí a Madrid una vez y tanto seguimiento no me va.

Bueno, pues que me lo tome como que él se va a marchar delante para ir abriendo camino y cuando ya esté el camino desbrozado, es un decir, me llama. Y, mientras tanto, nos podemos ver los fines de semana, que no es tan grave, incluso puede reforzar nuestro amor y nuestra pasión. Y dicho esto tan bonito de los caminos, los desbrozaos y los refuerzos pasionales, ha cogido el hatillo o trolley en versión moderna, me ha plantado un beso que más parecía el sello que se pone a los documentos, tal como si me estuviera compulsando, y sin mirar atrás,  se ha largado tan panchamente, en pos de sus músicas celestiales.

Qué ganas de llorar me han entrado. Pienso: lloro un rato primero y luego llamo a la Noe para que me consuele. No, mejor lloro después porque yo este piso sola no lo puedo pagar. Noe, le he llamado de máxima urgencia, que dejes tu habitación sin vistas y te vengas a vivir aquí que el Toni se ha ido y tenemos que compartir gastos.

Huy qué bien, pero qué bien, va y me salta dando muestras de gran sensibilidad. Al cuarto de hora ya estaba en la puerta con su maleta atiborrada de traperíos baratos y su cargamento de revistujas raras. Hija mía, qué rauda, tenía la llantina del desamor a medias. Bueno, ya sigo luego por la noche  si es que no me duermo antes del disgusto, que a mi los sofocones me dejan para el arrastre.

Consultorio absurdo a más no poder

Este post no te va a interesar mucho si no eres empleada doméstica, si lo eres posiblemente tampoco pero no lo he podido resistir. Harta de que mis ojos alucinaran al pasar de refilón por las claves de búsqueda (hay días que hasta cierro la pestaña para no enterarme de lo que pesco por los mares de internet) he decidido ser buena persona y aclarar las dudas no resueltas por el buscador. He eliminado las dudas sexuales, muy numerosas, para cuando me haga sexóloga o pornóloga especializada en el servicio doméstico. Ahí hay filón o nicho laboral, como diría la Esme.

Son tres los tipos básicos de preguntadores:  los patronos o empleadores, las propias empleadas domésticas y los despistados. Esta es mi breve selección de preguntas y respuestas.

Dudas de los empleadores:

¿Es normal que me guste mi empleada vieja? No, no es normal, es bastante patológico. Pide cita en tu centro de salud.

¿Por qué la doméstica se lleva el jamón y el queso? Hombre, pues porque tonta no es y prefiere que la mortadela te la comas tú.

Pillé a la empleada doméstica boca abajo en la escalera con la pierna cruzada, ¿qué hago? Búscala un buen fisio, lo va a necesitar.

Quiero imágenes de chachas en primavera: lo siento, no es aquí, en este blog no hay imágenes.

Receta mágica de san Expedito para que la empleada devuelva lo robado: querrás decir oración porque los santos no hacen recetas ni tampoco magia, si acaso milagros. Creo que has visto demasiado máster chef y brujas de la tele y te has liado. Sea como sea, llegas tarde: la empleada ya se ha comido el jamón.

Dudas de las empleadas:

¿Qué hago si no me gusta ser empleada doméstica? Lo que yo: ábrete un blog y cuentas tus aventuras

¿Es normal que el jefe te diga “no me interrumpas”? Normalísimo, maja.

¿A qué se llama trabajo de chacha? Pues si que empezamos bien

¿Cómo retuerzo el trapo sin que me duelan los brazos? No aprietes tan fuerte que el trapo no tiene la culpa, no es necesario

Dudas de los despistados:

¿Por qué se me resbala el bolso del hombro? A mí también me pasa a veces, colócatelo en bandolera.

No he podido dormir en toda la noche porque me entra frío en la dentadura, ¿qué hago?: puedes probar a dormir con la boca cerrada o a quitarte la dentadura y dejarla, bien tapada, sobre la mesilla de noche.

Nido de abeja

Como solo éramos tres no nos pareció del todo mal que se nos agregase la nueva. Cuatro siempre es mejor que tres aunque había algunas pegas. La nueva llevaba vestidos de nido de abeja y diademas y eso era bastante horrible. Nosotras también habíamos llevado esos vestidos pero hacía mucho que no nos los poníamos, que no nos los pondríamos ni aún amenazadas de muerte, mucho menos diademas. Por no hablar de los pantalones del hermano de la nueva, pantalones de padre, con la camisa metida por dentro y un cinturón también de padre sujetándolos. Nada bueno podía salir de ahí pero hicimos como si no nos hubiéramos dado cuenta. Y luego estaba lo de la voz, la nueva hablaba como si balara, haciendo temblar las sílabas, alargándolas. Pero por ser cuatro en vez de tres lo dejamos pasar y le dijimos que sí, que se viniera, que se podía venir.

Hasta las cinco y media no podíamos ir a buscarla porque dormía la siesta. Eso de por sí ya era una aberración suficiente como para haberla expulsado de inmediato pero llevadas por el ansia de ser más, a las cinco y media nos presentamos en su casa. Nos abrió su madre y al saludarnos comprobamos que también hablaba con balidos. Se mostró muy entusiasmada con nosotras, nos llamó ricas y nos enseñó a dos periquitos que tenia en una jaula a los que también calificó de ricos. Su hija se estaba vistiendo y tendríamos que esperar. Esperamos sentadas en el sofá que estaba cubierto con una tela para protegerlo y la madre se fue a avisarla. Nos pusimos a asustar a los periquitos, los hicimos aletear de palo a palo ya que volar no podían y alguna que otra pluma se quedó pegada a la tela con la que se pretendía proteger al sofá de manchas y otros desastres de la vida.

Al oír pasos nos sentamos muy formales. Qué ricos los periquitos, vosotras también sois muy ricas, ¿queréis merendar? Merendar, otra palabra asquerosa al igual que siesta. ¿Cómo íbamos a querer merendar?, lo que queríamos era fumar en el local abandonado de los soportales y reírnos entre toses y aspavientos. Salimos deprisa, muy deprisa, ya con las ideas claras,  detrás venía la nueva con su vestido azul de nido de abeja y la diadema sujetándole los rizos, feliz de tener amigas, su risa también era un balido, inocente y puro, no sabía que habíamos decidido sacrificarla cual cordero pascual.

Por mucho que quisiéramos ser cuatro en vez de tres había cosas que no se podían consentir, por lo que echamos a correr por el callejón y le dimos esquinazo. Al llegar a los soportales nos encendimos un cigarro y nos lo fumamos entre las tres. Nunca más fuimos a buscarla. Los domingos, desde nuestro escondite en el local abandonado de los soportales, rodeadas de cascotes y gatos, la veíamos pasar camino de misa con su hermano, el de los pantalones de padre. De la que nos habíamos librado.

(Cuaderno de doña Marga. )