Día: 14 abril, 2015

Abuelo y nieto

La Esmeralda ha desaparecido del quiosco, no sé en qué enredos andará metida pero ha mandado a su padre y a su hijo a que ocupen su lugar y así, de paso, malpienso yo, se los quita de encima. Esta mañana, cuando me he presentado allí para ingerir la dosis diaria de conversación, esencial para mi supervivencia, me los he encontrado escenificando, como se dice ahora, una extraña pantomima. El abuelo le echaba el sermón al nieto  pero  éste, equipado con sus cascos anti abuelos del mundo, no se enteraba de nada y estaba tan feliz. Por decir algo que es un muchacho un poco sombrío.

Al verme llegar, el señor, que por cierto se llama Juan, se ha puesto muy contento, por fin un par de oídos sin taponar a su disposición. Muchachaaaa, a los buenos días, menos mal que estás aquí, mira éste que alelao, todo el santo día agarrado al cordón umbilical que  así es como llamo yo al cable con el que se conecta al cacharro , el i lo que sea.

Sí, le he contestado yo, ahora es así, no es sólo él, todo el mundo lo lleva, es normal. No le ha agradado mucho mi respuesta. Va a ser eso normal, no me fastidies, hermosa. Como lo de que digan que es un Nini porque ni esto ni lo otro ni para arriba ni para abajo ni estudia ni trabaja. Un vago es lo que es este zagal, a descargar caminones al merca Madrid le mandaba yo y se le quitaban los ninis de un plumazo, ahora que con lo esmirriao que está no sé si lo iban a querer. A su edad yo tenía unos músculos pero que bien fornidos. ¿Me has oído, Jonás? Espabila, hombre, le suelta lanzándole una colleja.

Que me dejes, yayo, protesta el chico sin apartar la mirada de sus múltiples redes sociales y sus variados juegos on line.

No me llames yayo, qué manía, mira que me gusta poco, abuelo es más digno, o Juan, que ese es mi nombre y bien bonito. Porque lo de Jonás, si es que la Esme tiene cada ocurrencia. Yo ya le avisé, mira que le marcas de por vida, que ese fue el que se quedó atrapado en el vientre de la ballena, elígele un nombre normal que ya lo llenará él de contenido. Juan, por ejemplo y por seguir una tradición ancestral. No quiso, míralo ahora al del vientre, no es de el de la ballena, no,  es el de internet y que de ahí no sale. No hacen caso a la voz de la experiencia. Es como lo de leer, se lo tengo dicho: que leas, chaval, que leas, que tienes que desarrollar el espíritu crítico. Pues, ¿sabes lo que me contesta?

Sí que lo sé porque estaba delante el otro día cuando tuvieron la misma conversación  (estos dos también se repiten), el chico le contestó que él ya lee y mucho pero en los foros de internet y en el tuiter, ya que es allí donde está ahora la sabiduría al igual que antes estaba en los monasterios. Y que para entender la vida y surtirnos de ficción ya están las series, que él ve muchas. Todo esto dicho con su lenguaje más bien tirando a rudimentario.

En los foros, en los foros, pero qué blasfemia, se pone el abuelo,  quién escribe en los foros,  pues tres tontos como tú. De esos no vas a aprender nada porque son tus iguales, están a tu misma bajura, hay que picar más alto, hay que beber de los clásicos, ¿tú has leído a algún clásico?

El chiquillo se encoge de hombros con cara de hastío pero el Juan no ceja: eso es que sí pero que te han aburrido o es que no y en tu vida te has topado con uno. Pero habla un poco que pareces autónomo.

Querrás decir autista, yayo.

Y dale con el yayo, pues claro que he querido decir autista, era para ver si me pillabas en el renuncio, que nunca sé si oyes o si no oyes, si miras o si no miras, si duermes o estás despierto, si vivo o muerto. Y que estos sean el futuro…

Oiga, señor Juan, digo yo por defender un poco al Jonás que de tan encogido y tirillas que es ya me estaba dando pena, si es que ahora no tienen los chicos las cosas fáciles, no hay trabajo y se desaniman, son la  generación perdida. Madre mía, en buena hora he dicho eso último que encima ni siquiera era mío, en algún sitio lo he leído.

Que más generación perdida fue la suya, que primero la guerra y luego la posguerra, que eso sí que era crisis y falta de recursos y posibilidades y que, además, qué generación no se pierde de una u otra manera. Echaba humo y no sólo por el puro que llevaba encajado en la boca. A todo esto, el Jonás, muy hábil él, ya se había colocado otra vez sus cascos y, aislado de los sermones, transitaba tranquilo por sus mundos virtuales.

Eso me pasa por ir a por mi dosis en lugar de marcharme a trabajar.