Nido de abeja

Como solo éramos tres no nos pareció del todo mal que se nos agregase la nueva. Cuatro siempre es mejor que tres aunque había algunas pegas. La nueva llevaba vestidos de nido de abeja y diademas y eso era bastante horrible. Nosotras también habíamos llevado esos vestidos pero hacía mucho que no nos los poníamos, que no nos los pondríamos ni aún amenazadas de muerte, mucho menos diademas. Por no hablar de los pantalones del hermano de la nueva, pantalones de padre, con la camisa metida por dentro y un cinturón también de padre sujetándolos. Nada bueno podía salir de ahí pero hicimos como si no nos hubiéramos dado cuenta. Y luego estaba lo de la voz, la nueva hablaba como si balara, haciendo temblar las sílabas, alargándolas. Pero por ser cuatro en vez de tres lo dejamos pasar y le dijimos que sí, que se viniera, que se podía venir.

Hasta las cinco y media no podíamos ir a buscarla porque dormía la siesta. Eso de por sí ya era una aberración suficiente como para haberla expulsado de inmediato pero llevadas por el ansia de ser más, a las cinco y media nos presentamos en su casa. Nos abrió su madre y al saludarnos comprobamos que también hablaba con balidos. Se mostró muy entusiasmada con nosotras, nos llamó ricas y nos enseñó a dos periquitos que tenia en una jaula a los que también calificó de ricos. Su hija se estaba vistiendo y tendríamos que esperar. Esperamos sentadas en el sofá que estaba cubierto con una tela para protegerlo y la madre se fue a avisarla. Nos pusimos a asustar a los periquitos, los hicimos aletear de palo a palo ya que volar no podían y alguna que otra pluma se quedó pegada a la tela con la que se pretendía proteger al sofá de manchas y otros desastres de la vida.

Al oír pasos nos sentamos muy formales. Qué ricos los periquitos, vosotras también sois muy ricas, ¿queréis merendar? Merendar, otra palabra asquerosa al igual que siesta. ¿Cómo íbamos a querer merendar?, lo que queríamos era fumar en el local abandonado de los soportales y reírnos entre toses y aspavientos. Salimos deprisa, muy deprisa, ya con las ideas claras,  detrás venía la nueva con su vestido azul de nido de abeja y la diadema sujetándole los rizos, feliz de tener amigas, su risa también era un balido, inocente y puro, no sabía que habíamos decidido sacrificarla cual cordero pascual.

Por mucho que quisiéramos ser cuatro en vez de tres había cosas que no se podían consentir, por lo que echamos a correr por el callejón y le dimos esquinazo. Al llegar a los soportales nos encendimos un cigarro y nos lo fumamos entre las tres. Nunca más fuimos a buscarla. Los domingos, desde nuestro escondite en el local abandonado de los soportales, rodeadas de cascotes y gatos, la veíamos pasar camino de misa con su hermano, el de los pantalones de padre. De la que nos habíamos librado.

(Cuaderno de doña Marga. )

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7 comentarios en “Nido de abeja

  1. Cuánta crueldad… Lo mismo en la fiesta de fin de curso la del nido de abeja se vuelve loca y los descuartiza a todos con una katana mientras bala como una posesa.

    Yo lo haría Jajajaja. Besotes!!!!

  2. Me trae el recuerdo de esas segregaciones infantiles. Tuve suerte de no ser segregado en los juegos. Pero todos sufrimos algún tipo de segregación. A mí me tocó la del dinero, todos los de mi panda se iban a la piscina en verano. Yo me quedaba en un banco del parque haciendo dibujos en la tierra con un palo. En mi casa no había dinero para eso.
    Ya ves como leyendo tus cosas me entero que mi segregación no fue de las malas. 🙂

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