Día: 19 abril, 2015

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Que le siga, se pone el Toni. Pero bueno, Toni, le digo, ¿es que te has abierto un blog o una cuenta en tuiter?, poco te van a ti esas marchas. Que le siga al pueblo porque se va. Así, de sopetón. Pero será a pasar unos días, le tanteo temiéndome lo peor. Unos días detrás de otros, ha sido su respuesta. Del susto casi se me resbala de las manos el plato con la tortilla de patata (nunca sé si se dice patata o patatas pero no es momento de dudas linguísticas).

Que lo siente muchísimo pero que él aquí va a ser siempre un amargado, que necesita la naturaleza para vivir, que odia Madrid cada día más y más y que se le van pasando los años y a este paso se le va a pasar la vida entera sin hacer lo que le gusta y sin vivir como quiere  y que hay que ser sincero y congruente con uno mismo y ahí ya he desconectado porque ese rollo ya me lo sé y no digo que no tenga sus razones pero, vamos, dejar el trabajo de golpe y sin tener otro en perspectiva, dejarlo todo, a mí incluida, y pegar esa espantada, eso no me lo esperaba yo.

Dice él que no entiende por qué no me lo esperaba, que se veía venir de lejos desde hace mucho,que no será porque no me ha ido dejando pistas, indirectas y directas. Anda, pues porque hay muchas cosas que se dicen pero no por ello se hacen; la Esme, por ejemplo, siempre les está diciendo a sus hijos lo hartita que está de ellos y que cualquier día se va a largar y no le van a volver a ver el pelo, pero ellos se ríen porque saben que una madre no hace eso. O sí, que ya tengo mis dudas.

Y no es que sea algo que se le ha ocurrido así, de repente, cual iluminación,  tenía hasta los bártulos preparados y eso ya es una premeditación pero de las gordas, rayando en el delito, qué menos que un preaviso de quince días para ir asimilando la noticia. Pues dice que lo ha hecho así para que no le pueda convencer con mis liosos argumentos. Vamos, que además de abandonarme me llama lianta.

Que no me está abandonando, que puedo irme con él perfectamente. Si, hombre, voy a dejar mis trabajos que por muy precarios que sean me dan de comer y me voy a volver, parada como ya estuve, a la casa de mis padres, donde también estuve ya. Que esa es otra, en el pueblo no tenemos casa salvo la de nuestras familias. Yo me quedo, majo, ya te seguí a Madrid una vez y tanto seguimiento no me va.

Bueno, pues que me lo tome como que él se va a marchar delante para ir abriendo camino y cuando ya esté el camino desbrozado, es un decir, me llama. Y, mientras tanto, nos podemos ver los fines de semana, que no es tan grave, incluso puede reforzar nuestro amor y nuestra pasión. Y dicho esto tan bonito de los caminos, los desbrozaos y los refuerzos pasionales, ha cogido el hatillo o trolley en versión moderna, me ha plantado un beso que más parecía el sello que se pone a los documentos, tal como si me estuviera compulsando, y sin mirar atrás,  se ha largado tan panchamente, en pos de sus músicas celestiales.

Qué ganas de llorar me han entrado. Pienso: lloro un rato primero y luego llamo a la Noe para que me consuele. No, mejor lloro después porque yo este piso sola no lo puedo pagar. Noe, le he llamado de máxima urgencia, que dejes tu habitación sin vistas y te vengas a vivir aquí que el Toni se ha ido y tenemos que compartir gastos.

Huy qué bien, pero qué bien, va y me salta dando muestras de gran sensibilidad. Al cuarto de hora ya estaba en la puerta con su maleta atiborrada de traperíos baratos y su cargamento de revistujas raras. Hija mía, qué rauda, tenía la llantina del desamor a medias. Bueno, ya sigo luego por la noche  si es que no me duermo antes del disgusto, que a mi los sofocones me dejan para el arrastre.

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