Primos morenos y primos rubios

Algunos fines de semana nos llevaban  a ver a los primos y según la dirección que tomáramos , llegábamos a una casa o a la otra. Si íbamos por el camino sur atravesando una zona de fábricas, descampados con lomas peladas y árboles raquíticos es que nos dirigíamos a la casa de los morenos.

Los morenos eran muchos y su casa, pequeña, siempre estaba llena de cosas, de gente, de ruidos. Era muy divertida para nosotros esa casa y también ellos mismos lo eran. Allí se podía jugar a tinieblas, saltar en las camas, disfrazarse con la ropa de los armarios.  Debajo de los sofás había pelusas y tostadas a medio comer.

Los primos morenos se peleaban entre ellos casi constantemente pero eran peleas triviales, fruto de la intensa covivencia porque también se reían casi constantemente. La madre se sentaba en un sillón a hacer punto y los miraba a todos sin inmutarse como si estuvieran locos y no fueran suyos. El padre intentaba poner un poco de orden sin conseguirlo pero parecía feliz en medio de toda su prole, satisfecho de haber engendrado tantos hijos morenos.

Los morenos no eran muy aficionados al estudio pero sí muy buenos en todas las actividades físicas, no hablaban del todo bien, pronunciaban con un deje extraño y les hacía gracia que tanto mi hermano como yo habláramos con lo que a ellos les parecía demasiada corrección. La madre, desde el sillón, decía “mira que son repipis estos dos” y los morenos se tiraban por el suelo de la risa. Todos participaban en las tareas de la casa a su caótica manera, era frecuente ver a alguno subido a una escalera limpiando algo por los altos, a otro dando escobazos sin mucho sentido o a otro recogiendo la cocina con estruendo de cacharros entrechocando.

Pero si tomábamos la dirección norte y dejando un poco atrás la ciudad nos adentrábamos en un territorio verde, de zonas ajardinadas, árboles altos y muros con hiedra y jazmín es que íbamos a ver a los rubios. Eran tres y su casa siempre estaba impoluta y ordenada, tranquila ,con muebles bruñidos que se aposentaban con seguridad sobre alfombras muy aspiradas.

Los rubios eran muy estudiosos, sacaban sobresalientes y tocaban instrumentos. Nunca supimos qué instrumentos eran y eso nos impresionaba más que si se hubiera concretado. Su madre, que también era rubia, nos ofrecía unos aperitivos muy ricos servidos en recipientes que hacían juego. Estaba muy mal visto no usar el posavasos o no limpiarse la boca con la servilleta antes de beber y aunque todo estaba muy bueno nos sentíamos un poco cohibidos y avergonzados. Allí ya no éramos niños repipis sino más bien  dos zotes que no tocaban instrumentos,  vulgares, bastos.

Nuestro pelo  era castaño pero  en casa de los rubios nos llamaban los primos morenos y en la  de los morenos, los primos rubios.

(Cuaderno de doña Marga)

Anuncios

18 comentarios en “Primos morenos y primos rubios

  1. ¡Qué maravilla de entrada! Me ha cautivado completamente 🙂
    El cuaderno de Doña Marga es precioso, diga lo que diga la Esme. Es posible, como si de una película se tratara, “ver” a la perfección todo lo que pasa cuando lo cuenta y todo lo que sintió al vivirlo.

  2. Prefiero los morenos mil veces. Qué importante es sentirse a gusto, como en tu casa. Me parece a mi que los rubios eran un poco estirados. Se puede ser estudioso, culto y refinado y no ser un estirado. Mi casa se parecía a la de los morenos, con ruído, peleas y risas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s