Algunos padres: los cuentos de Chejov

Un padre era muy aficionado a la lectura. Le gustaba, sobre todo, leer relatos y, en especial, los cuentos de Chejov. Para este padre no había otro autor comparable al ruso, tanto lo admiraba que bautizó a sus cuatro hijos con nombres sacados de sus cuentos. Al primero le llamó Yegor, a la segunda Zinaida, al tercero Andrei y a la cuarta Ekaterina.

Los hijos enseguida odiaron sus nombres pues los hacían distintos de los otros niños otorgándoles un exotismo sin fundamento del que se avergonzaban. Pronto, en cuanto supieron de dónde provenían, odiaron también al escritor ruso.

En cuanto fueron un poco mayores, el padre empezó a leerles cada noche, a todos ellos en grupo y como paso previo obligado antes de irse a la cama, alguno de los relatos de Anton P. Chejov. Los hijos, mientras el padre leía, pensaban en otras cosas deseando que terminara.

Cuando ya los cuatro sabían leer y habían alcanzado lo que el padre consideró la madurez suficiente, les entregó a cada uno, con mucha ceremonia y misterio, un ejemplar de “la señora del perro y otros relatos”. Como los había comprado en librerías de viejo, de las que era un asiduo visitante, los libros tenían las hojas amarillentas y rugosas y olían a polvo, a rancio. A los hijos les pareció una porquería de libro y ninguno de los cuatro lo leyó aunque en algún momento todos espiaron entre sus páginas en busca de sus nombres.

Ya viejo, el padre fue perdiendo facultades mentales, olvidaba palabras, confundía unos lugares con otros y hasta llegó a no reconocer demasiado bien a sus hijos. La hija menor, Ekaterina, lo visitaba cada viernes. Daban un paseo por los alrededores de la casa y compraban bizcochos alargados en una pastelería del barrio. El padre, al que nunca le había gustado el dulce, se había vuelto muy goloso.

Uno de esos viernes, con la boca llena de bizcocho, el padre le preguntó a la hija, a quién en ese momento no reconocía, cómo se llamaba. Soy Ekaterina, dijo ella. El padre contestó con una risilla burlona y dijo ofreciéndole el último bizcocho desmigado: vaya nombre, guapita.

(Cuadernos de doña Marga)

Tranquilos, que no he visto más padres por el cuaderno de la doña Marga. Buen fin de semana para todos pero antes de salir pitando  me gustaría que os diérais una vuelta por el blog Ruka de Colores (ahora sí que me da rabia no saber enlazar) porque  Vero, su dueña y señora, ha tenido el detallazo de dibujarnos a la doña Marga y a mí. Así, además de ver la buena pinta que tenemos, podéis admirar los dibujos tan preciosos, alegres y poéticos que hace Vero.

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26 comentarios en “Algunos padres: los cuentos de Chejov

    1. Te lo he dicho en tu blog pero te lo digo también en el mío: es un regalo precioso y me he emocionado. Muchísimas gracias, Vero. Además has tenido la delicadeza de colocarnos de espaldas para preservar nuestra intimidad, no sea que nos hagamos famosas y luego no podamos pasearnos tranquilamente por el parque. Muchos pero que muchos besos y además de colores.

      1. Jajaja…
        Es que sin permiso expreso del “dibujado”, no puedo poner su cara, no vaya a ser que me demanden… XD
        Me alegra mucho que te guste.
        Besicos para ti y Doña Marga y dile también al Toni que un día de estos le toca a él. 😉

  1. Parece que lees la mente a los lectores. Cuando nos has advertido que ya no había más padres, en una milésima de segundo antes lo estaba pensando. Esta Doña Marga termina los relatos de una manera que se me encoge siempre el corazón.
    Voy ahora mismo a ver ese famoso dibujo!!!.

  2. Desde luego, los hijos no nos contentamos con nada. La ilustración es preciosa, aunque yo me imagino a Doña Marga con dos trenzas, :). Besicos y buen finde (esto es para darle un tirón de orejas al Toni, que está desaparecido). Besicos

  3. Hace unos años tuve una alumna que tuvo la suerte de ser hija de un afamado arquitecto y una decoradora de interiores. Y digo suerte porque decidieron llamarla Columna. Y no es un chiste aunque lo parezca. Que se lo digan a ella….Por cierto, que celebra su santo el Día del Pilar.
    A veces, queremos inculcar tanto nuestras pasiones a nuestros hijos, que se nos olvida que quizá puedan no ser las suyas.
    Por otro lado….tener un hijo es algo tan maravilloso que cuando elegimos su nombre ponemos a funcionar hormonas, neuronas, recuerdos, pasiones…….y ahí quedan….para toda la vida.

    1. Muy fuerte lo de columna aunque fuera con buena intención. Yo conocí a una Viridiana porque sus padres eran muy fanáticos de Buñuel, pero Columna lo supera. Saludos, Natalia.

  4. Curiosa, triste y hasta cruel, historia, Eva. Me ha enganchado.
    (He llegado aquí a través de Ruka).
    Tienes un magnífico blog

    1. Muchas gracias, Enrique y a Ruka también por la promoción que me ha hecho con su estupendo dibujo. Espero que sigamos visitándonos, a mí también me ha gustado lo que he leído en tu blog. Un saludo

  5. Qué bien que a tus cuentos les haya salido ilustradora. Sin duda lo merecen. Ya me gustaría a mí saber dibujar. Pero, de momento, confórmate con mi admiración y mi agradecimiento.
    Me voy a comprar que luego hay mucha cola.

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