Día: 12 mayo, 2015

Unas croquetillas

Tengo que reconocer que en el aspecto puramente material, se vive mejor con la Noemi que con el Toni. La Noemi es tan activa, tan dispuesta y tan apañá que me tiene el piso reluciente, al suelo solo le falta lanzar destellos como en los anuncios, y no hace más que introducir lo que ella llama mejoras. Ha cosido unas cortinas con una tela que se ha sacado de no sé dónde, ha forrado por dentro el armario con unos papeles de colores y está pintando un trampantojo en la pared frente al sofá. Es un mar con palmeras y dice que cuando nos sentemos con las piernas en alto nos vamos a sentir como en la mismísima riviera maya.

Su teoría, ella es muy de teorías, es que con todas esas mejoras en los interiorismos, el espíritu del Toni se va a sentir tan incómodo que se va a marchar. A mí me parece todo lo contrario, que va a estar tan agusto mirando al mar o dentro del armario forrado, pongo por caso, que de aquí no lo mueve nadie. En el fondo no quiero que se marche por mucho que me haga decir cosas siniestras y apocalípticas que no pegan nada con mi alegre y desenfadado ser. Así somos las personas enamoradas,  muy tontas vistas desde fuera.

Pero bueno, dejémonos de tonis y de reformas del hogar que hace mucho que no os cuento nada de mi jefa y señora, la Patricia, la escritora gestante y meditante. Pues mira, ultimamente escribe mucho menos y esto me tiene a mí muy descolocada. No me gusta trabajar sin saberla recluída en su cuarto de la creación, ella lo llama despacho, bien aposentada en su silla giratoria y con los deditos en movimiento sobre las teclas siguiendo sus impulsos cerebrales. Me desconcierta.

Ahora me la encuentro cada dos por tres por los pasillos o choco con ella cuando voy a salir de la cocina y ella va a entrar y no sé qué decir ni qué cara poner cuando me mira con sus escrutadores ojos azules. No estoy acostumbrada a que me mire, hasta el presente solo miraba la pantalla de su ordenador. También intenta entablar conversación conmigo sacando todo tipo de temas pero yo no le entro al trapo, para trapo bastante tengo con el del polvo. Si se cree que le voy a proporcionar ideas fáciles para un relato sin salir de casa, va lista. Permanezco callada porque sé que todo lo que diga puede ser utilizado como material literario.

Y lo sé porque yo hago lo mismo, todo lo utilizo,  es como las croquetas que las puedes hacer prácticamente de cualquier cosa y muy mala mano tienes que tener para que no te queden ricas. Al final es cuestión de darle vueltas y de pillarle el punto a la bechamel.

Pues eso quiere hacer la Patricia conmigo: croquetas de Eva. A mí tú no me vas a hacer picadillo, he pensado esquivándola cuando me ha preguntado, ¿y qué tal en tu pueblo este fin de semana? Normalito, he respondido a sabiendas de que con eso no tiene relleno suficiente. Es que albergo la sospecha de que escribe de mí. A veces me mira, se ríe y luego va corriendo a su ordenador con cara de felicidad. Mira que si me hace protagonista de un best seller de fama mundial. No me veo, ese papel le va más a la Esme.

Por cierto, ya le he perdonado por profanarme el blog. Soy buena, es verdad, pero también tengo que reconocer que con lo que me cuenta me hago una buena tanda de croquetas. Algunas hasta las congelo para sacarlas esos días que dices, qué pongo hoy, qué pongo que no tengo ganas de trabajar. Pues unas croquetillas de la Esme. Justamente.