La vocación

Los dos hermanos de P habían tenido lo que se llama una vocación, desde pequeños la habían tenido. Sabían con certeza hacia dónde querían dirigirse, lo que deseaban llegar a ser. Esa vocación los definía y acentuaba sus características convirtiéndolos en personas sólidas y delimitadas, con los contornos firmemente trazados, sin resquicios ni puntos de fuga.

P, por el contrario, dudaba entre esto y lo otro y, a medida que los años iban pasando,  seguía sin encontrar su camino, no llegaba a concretarse en nada, a establecerse, siempre volátil, errática. P sufría por esa condición suya y se comparaba continuamente con sus hermanos. Sabía que entre ellos hablaban y que también lo hacían con sus padres lamentando la poca voluntad de P, su inconstancia e incapacidad para decidir algo y mantenerlo.

Como nunca supo qué camino escoger transitó por muchos, pero en ninguno hallaba acomodo. En algunos era excesivo el calor o había demasiadas piedras que le dañaban los pies o terminaban en un callejón sin salida o se bifurcaban a su vez en múltiples vías secundarias aparentemente atractivas de recorrer. Las recorría pero nunca llegaba a tener la sensación de hallarse en el lugar correcto.

Cuando sus hermanos cumplieron los cuarenta celebraron fiestas. Hubo videos en los que se mostraban imagenes de ellos con sus personalidades bien marcadas desde la infancia, con sus inclinaciones ya apuntando y consolidándose después. P no quiso festejar sus cuarenta, se escabulló como solía. Tenía miedo de que esas fotos revelaran su imprecisión, su volubilidad.

A veces, aunque no era creyente, rezaba para que Dios, en el caso de existir, le otorgara un lugar en el mundo, un papel claro al que pudiera ajustarse. Como ya se temía: silencio administrativo. P comenzó a pensar que tal vez era de esas personas que descubren su vocación y el sentido de su vida tarde y  bruscamente, cuando ya todo parecía perdido. Pero otras, esa esperanza desaparecía y creía, cada vez más, que su vocación era no tener ninguna y su papel en el mundo carecer de él interpretando a la que se pierde, la que no sabe, la que busca sin hallar, la dubitativa , la vacilante.

Suponiendo que ese fuera su papel, hay que reconocer que P lo estaba bordando.

(Cuaderno de doña Marga)

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20 comentarios en “La vocación

  1. Dile a P que todos tenemos un papel en la vida y a lo mejor el suyo es seguir buscando. Intuyo que hay muchas formas de encontrar ese papel, o no.
    Besetes de martes nublado…

  2. ¡Ay, pobre P!, “aprendiz de todo y oficial de nada.” Como tantos que transitamos por la vida sin tener meridianamente claro qué hacemos, adónde vamos y de dónde venimos.
    ¿Sabes que he descubierto que Doña Marga me recuerda terriblemente a Bernardo Soares?
    Cada vez que leía su cuaderno, sentía cierto aire familiar en sus letras, pero no podía identificarlo y hoy, de pronto, he descubierto.que me traslada a la Rua dos Douradores con ese intimismo suyo tan melancólico 😉

    1. Dice doña Marga que ella es muy devota de Bernardo Soares pero que, al mismo tiempo, le pone muy triste. Pero que ya quisiera ella parecerse aunque fuera un poco, aún con desasosiego y todo

      1. Bueno, ella no puede ser muy parcial. El que escribe suele creer que sus letras son peor de lo que en realidad son. Dile que haga caso a alguien que ha leído mucho, mucho y que reconoce la buena letra cuando la ve 😉

  3. Vale,lo admito….YO SOY P!!!😅😅 bueno no del todo,aunque me siento un poco P yo siempre he sabido que quería ser,lo único que se me está resistiendo un poco,en fin . Ánimo P!,yo te entiendo😌
    Besos!

  4. Lo que tiene que hacer P es no sentirse presionado por nada ni por nadie. No le beneficia nada pensar lo que sus hermanos sí han conseguido. Lo de tener una vocación está sobrevalorado. Hay gente muy feliz sin una vocación determinada; otros la tienen y tras el paso de los años, la cambian; los hay que se entregan tanto a su vocación que se olvidan de vivir….en fin… Quizá lo que es P es un filósofo, buscando respuestas para sus preguntas. Sea lo que sea, será siempre P!!!

  5. Has descrito la frustración in person, eva, a Don Cómodo y a Don LaCulpaLaTieneElMundo. Creo que P nunca ha tenido vocación de nada porque nunca le habrá faltado de nada, solo ganas y el caso es que, supongo, nadie ha sabido explicárselo.
    Buen artículo … seguro que muchísimos se sentirán identificados.
    Saludos mediterráneos.

    1. Lo bueno de los comentarios es que cada uno le da su propia lectura al mismo texto. No se me había ocurrido verlo desde tu perspectiva pero algo de lo que dices puede
      haber en P. Otro saludo para ti, Enrique, mediterráneo no, mesetario

      1. A mi, a veces, me pasa lo mismo, tengo que volver a leer el artículo para ver si es que estoy leyendo los comentarios de otro texto … es misteriosos, sí.
        Acepto el mesetario, Eva, pero el mio es mediterráneo. Feliz tarde.

  6. Pobres P’s que vagan por el mundo sin saber qué hacer, olisqueando aquí y allá mirando a todas partes con curiosidad pero sin en encontrar su sitio…

  7. Me parece que la “vocación” fue un invento. Que la gente se hace vocacional cuando descubre algo que le gusta después de ejercerlo, pero no antes. La vocación, tal como la veo, no es una “llamada” sino una permanencia.
    La primera vez que oí esa palabra fue en boca de un cura. Era una llamada que, de ser desoída, arrostraría consecuencias terribles para el “llamado”. Los niños nos acojonábamos pero las niñas se reían. Ellas sólo tenían que seguir calentitas en casa con su mamá. Qué discriminación más humillante.

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