Mes: mayo 2015

Batir de huevos

Los más feos, los más raros del barrio viven en mi edificio, lo tengo más que comprobado. Cada vez que veo por la calle a alguien poco agraciado o desfigurado o muy anciano o estrafalario ya sé dónde va: al 35. Y también sé cómo entrará: con aire furtivo. Como si ese portal fuera, más que el acceso a un edificio cualquiera, el pasaje a una cueva o guarida de seres perseguidos y acosados.

Preferiría vivir en el 33 que siempre está muy limpio y cuya lámpara brillante lanza destellos amigables o en el 37 con esos techos altos y unas pulidas escaleras que invitan a subir. En cualquiera de los otros de la calle, en realidad. Menos en el 35, el del felpudo renegrido, las escaleras rotas, las cuatro moscas flotando y la puerta siempre abierta invitando a los ladrones. Entran, claro, pero no a robar, es que viven en el 35.

Feos, malencarados, desarrapados, estrafalarios, contrahechos y revirados cruzan a todas horas la puerta del 35, la que no tiene picaporte y luce un agujero mellado. Entran y salen de medio lado acarreando bolsas de supermercados baratos o tironeando de correas de perros. Perros que se les parecen. Perros del 35.

Procuro no coincidir con mis vecinos, los evito. Si veo que voy a entrar a la vez que alguno aminoro el paso y doy media vuelta a la manzana o me paro a mirar con fingido interés un escaparate mil veces visto. Mañas para no acceder en compañía al siniestro portal de los siniestros.

Cuando llego a mi casa lo primero que hago es mirarme en el espejo de la entrada para comprobar que no soy feo ni tullido ni estrafalario ni decrépito ni harapiento. Y me parece que no lo soy, me veo bastante normal, aceptable por lo menos. Pero después me asalta la duda de si los otros vecinos acabarán de hacer idénticas comprobaciones en sus espejos y, dándose por satisfechos, se habrán puesto a batir huevos como estoy haciendo yo justo ahora.

Abro un poco la ventana y oigo un batir de huevos que, escapando de cada cocina, asciende uniforme y hermanado por el patio de luces.

(Cuaderno de doña Marga)

Envidia

La niña morena del pelo corto tiene envidia de su prima por su coleta larga y rubia adornada cada día con un pasador diferente. Envidia porque mueve muy bien las piernas largas y flacas saltando a la goma y llega a sextas sin caerse, enredarse ni tropezar. Envidia porque dibuja con destreza, con suma pulcritud y armonía en cuidados cuadernos cuyas hojas nunca están arrugadas ni sudadas ni emborronadas.

Envidia porque no se asusta con los problemas de matemáticas y se queda quieta en la silla, serena y concentrada hasta que los resuelve, sin llorar ni pegar a la mesa ni lanzar con desesperación la goma y el lápiz ni sentir deseos de matar a alguien, a ese que ha redactado el enunciado desde algún lugar recóndito.

Envidia porque dos hermanos mayores la protegen cuando niños hostiles se aproximan con intenciones aviesas. Porque su armario, siempre ordenado, contiene mucha ropa bonita nunca heredada de otro, organizada por colores y hasta una caja tapizada en tela llena de diademas, pasadores y gomas para el pelo.

Por todo eso y tal vez por algo más siente envidia. Y como la morena del pelo corto pasa todas las vacaciones de verano con su prima, son tres largos meses de envidia y sol ardiente y, a medida que su piel se va poniendo más y mas oscura, el deseo de ser como la otra se acrecienta hasta hacerse insoportable, como el picor de la piel reseca por el cloro y el sol.

Finalmente los días se acortan, un viento fresco y húmedo agita las hojas de los árboles que ya empiezan a amarillear y cada una se traslada a su ciudad de origen. Así, a medida que la luz mengua y su piel se descama y recupera su tono original, la envidia se va disolviendo. Sin la imagen ideal de la prima rubia en la litera de arriba, recupera la alegría de ser como es: morena, con un pelo  tan corto que no admite adornos, torpe en matemáticas,  y con unas botas de goma heredadas de una hermana mayor que la ignora con las que pisa feliz los charcos camino del colegio.

(Cuaderno de doña Marga)

El Negundo

Lo que mentimos las personas con tal de quedar bien, unas más que otras, eso también. Lo digo por lo de las croquetas, pero si Eva no tiene ni pajolera idea de cocina, es lo más zote entre cazuelas que os podáis imaginar. De las literarias no juzgo pero de las de comer…Sí, soy Esme y no estoy entrando a saco como la otra vez, estoy entrando por lo legal, con permiso de la titular o apoderada auque cuando lea que la critico me va a quitar la custodia. Arriesgo, que tiene más gracia.

Os cuento: hace no tanto, cosa de dos o tres meses, me trajo, a modo de ofrenda para contentar a la diosa, o sea, yo, tres croquetas envueltas en un papel de cocina pringoso. Me comí la primera por no desairarla porque la pinta ya echaba para atrás y las otras dos las tiré cerca del castaño en cuanto se dio la media vuelta. De vez en cuando miro por la zona por si se da el  milagro de la siembra y brota un matojo o árbol croquetero. De momento no, pero haciendo esa búsqueda es como me he topado recientemente (hoy) con el Arce Negundo.

¿Que quién es ese? Anda que tú también…es un árbol que vive en este parque y me gusta, y mucho, como novio de Paulonia Tormentosa, ahora voy a explicar por qué.

Es uno de los árboles más resistentes del mundo, tolera el aire contaminado, el suelo compacto, el frío extremo y cortos periodos en aguas estancadas. Vive donde ningún otro árbol podría sobrevivir. Todo esta información la estoy fusilando de un cartel que tiene el árbol delante, no me quiero hacer la falsa experta como Eva con el punto de la bechamel.

Pero lo que más me ha atraído es que es un árbol solidario porque produce tantas semillas comestibles que es clave para la supervivencia de numerosas clases de animales. En concreto hay un pájaro, el picogordo vespertino, que depende casi en su totalidad del Negundo. Y esto, no digo que me haya conmovido, tampoco soy tan fácil de conmover, pero sí me ha tocado levemente la fibra.

No sé  si Paulonia  Tormentosa puede ver al Negundo desde donde está ubicada pero si lo ve va a caer rendida a sus raíces , estoy segura porque a mí me pasó lo mismo con Hipólito. Él también es muy solidario, aguanta el aire contaminado todo el día a bordo de su taxi y numerosas especies, o lo que sean, pero numerosas, lo necesitan para subsistir : sus dos hijas, su  madre,  su ex mujer ( qué mal me cae ) y dos hermanos que tiene en el  paro, ¿te parece poco? Tiene gran vitalidad y fortaleza, el Negundo, lo dice el cartel. Hipólito igual no tanto que se queja de la espalda.

Y esta es mi aportación botánica de hoy. Deja un comentario, no seas muermo, que me aburro mucho en el quiosco.

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Unas croquetillas

Tengo que reconocer que en el aspecto puramente material, se vive mejor con la Noemi que con el Toni. La Noemi es tan activa, tan dispuesta y tan apañá que me tiene el piso reluciente, al suelo solo le falta lanzar destellos como en los anuncios, y no hace más que introducir lo que ella llama mejoras. Ha cosido unas cortinas con una tela que se ha sacado de no sé dónde, ha forrado por dentro el armario con unos papeles de colores y está pintando un trampantojo en la pared frente al sofá. Es un mar con palmeras y dice que cuando nos sentemos con las piernas en alto nos vamos a sentir como en la mismísima riviera maya.

Su teoría, ella es muy de teorías, es que con todas esas mejoras en los interiorismos, el espíritu del Toni se va a sentir tan incómodo que se va a marchar. A mí me parece todo lo contrario, que va a estar tan agusto mirando al mar o dentro del armario forrado, pongo por caso, que de aquí no lo mueve nadie. En el fondo no quiero que se marche por mucho que me haga decir cosas siniestras y apocalípticas que no pegan nada con mi alegre y desenfadado ser. Así somos las personas enamoradas,  muy tontas vistas desde fuera.

Pero bueno, dejémonos de tonis y de reformas del hogar que hace mucho que no os cuento nada de mi jefa y señora, la Patricia, la escritora gestante y meditante. Pues mira, ultimamente escribe mucho menos y esto me tiene a mí muy descolocada. No me gusta trabajar sin saberla recluída en su cuarto de la creación, ella lo llama despacho, bien aposentada en su silla giratoria y con los deditos en movimiento sobre las teclas siguiendo sus impulsos cerebrales. Me desconcierta.

Ahora me la encuentro cada dos por tres por los pasillos o choco con ella cuando voy a salir de la cocina y ella va a entrar y no sé qué decir ni qué cara poner cuando me mira con sus escrutadores ojos azules. No estoy acostumbrada a que me mire, hasta el presente solo miraba la pantalla de su ordenador. También intenta entablar conversación conmigo sacando todo tipo de temas pero yo no le entro al trapo, para trapo bastante tengo con el del polvo. Si se cree que le voy a proporcionar ideas fáciles para un relato sin salir de casa, va lista. Permanezco callada porque sé que todo lo que diga puede ser utilizado como material literario.

Y lo sé porque yo hago lo mismo, todo lo utilizo,  es como las croquetas que las puedes hacer prácticamente de cualquier cosa y muy mala mano tienes que tener para que no te queden ricas. Al final es cuestión de darle vueltas y de pillarle el punto a la bechamel.

Pues eso quiere hacer la Patricia conmigo: croquetas de Eva. A mí tú no me vas a hacer picadillo, he pensado esquivándola cuando me ha preguntado, ¿y qué tal en tu pueblo este fin de semana? Normalito, he respondido a sabiendas de que con eso no tiene relleno suficiente. Es que albergo la sospecha de que escribe de mí. A veces me mira, se ríe y luego va corriendo a su ordenador con cara de felicidad. Mira que si me hace protagonista de un best seller de fama mundial. No me veo, ese papel le va más a la Esme.

Por cierto, ya le he perdonado por profanarme el blog. Soy buena, es verdad, pero también tengo que reconocer que con lo que me cuenta me hago una buena tanda de croquetas. Algunas hasta las congelo para sacarlas esos días que dices, qué pongo hoy, qué pongo que no tengo ganas de trabajar. Pues unas croquetillas de la Esme. Justamente.

El espíritu del Toni

Nunca he creído en la metempsicosis, principalmente porque no sabía lo que era y difícilmente puede uno creer en algo que ignora, pero me está pasando una cosa que tiene toda la pinta de ser una variación de este fenómeno, ahora que ya tengo algunos datos.

Resulta que hay indicios de que parte de la psiquis del Toni, y no la mejor, se ha quedado a vivir en el piso o más bien en mi interior, mientras que él , muy feliz, o no tanto pero eso ya es materia para otra narración, sube y baja de los montes fotografiando matojos y riscos, sobre todo riscos. Dice que es un territorio muy poco explorado y que puede que tenga él un futuro exitoso con sus retratos de piedras y otros impedimentos del camino.

El caso es que me sucede algo muy raro, algo muy poco propio de mí, algo que roza lo misterioso y lo arcano. Esto de lo arcano lo aprendí de cuando la Esme y yo echábamos el tarot en el parque, se lo decíamos mucho  a nuestros clientes porque quedaba muy bien, muy de vidente profesional de toda la vida o congénita. Y eso extraño es que las manías del Toni se están apoderando de mi ser. Yo pensaba que eso era amor y del puro, sin mezclas ni aditivos porque cuando quieres mucho a alguien adoptas rasgos de su personalidad sin darte cuenta.

Un ejemplo es el helicóptero que él tanto odiaba y que a mí nunca me había molestado, de hecho ni lo oía. Pues desde que él no está soy yo la que lo oigo a todas las horas del día, me irrita y me veo en la necesidad de comentarlo. Ya está otra vez aquí el caharro ese, le he dicho con tono de cascarrabias a la Noe a la hora del café matinal. Qué susto me he pegado al oír mi propia voz poseída por el espíritu toniano.Y luego, al salir a la calle las dos juntas, ese mismo espíritu me ha hecho exclamar con cabreo: qué sucio está todo, cuánta basura y qué mal huele con el calor, con lo bien que se estaría ahora en nuestro pueblo con su aire limpio, sus aromas a monte y sus pájaros.

Esto ya no es amor, esto es algo bastante peor y tengo que ponerle nombre,  me ha dicho mi amiga deteniéndose en la boca del metro, de siempre un lugar ideal para hacer diagnósticos mientras te empujan y te arrollan las apresuradas hordas trabajadoras. Voy a mirar en google qué es exactamente lo que tienes. Y echando mano de su teléfono y escribiendo mis síntomas ha encontrado la metempsicosis. «Traspaso de ciertos elementos psíquicos de un cuerpo a otro después de la muerte», ha leído muy convencida.

Le veo una pega, he tenido que objetar, y es que el Toni no está muerto. Pero ese tipo de pequeños detalles no intimidan a la Noemi ni son capaces de desmontar sus teorías. No está muerto de estar fiambre, en eso te doy la razón, pero sí está muerto en esta vida tuya de ahora porque se ha ido, más muerto que eso… sin embargo, algo de su sustancia interior ha peregrinado para vivificarte momentaneamente, que lo pone aquí tal cual te lo estoy leyendo. Vamos  a ver y para que me entiendas, igual que se ha dejado unos gayumbos y una camiseta olvidados en un cajón, se ha dejado también parte de su mala leche y entonces…

Quitaos del medio, pasmadas, que no dejáis pasar al personal, nos ha gritado un afable usuario del transporte público en hora punta interrumpiendo, por suerte, el discurso argumentativo de la Noe.

Que te den, mamarracho, le ha contestado ella por no faltar a su costumbre de devolver siempre los saludos. Sí, sí, ha proseguido impertérrita, tienes una metempsicosis como la copa de un pino pero ahora no te la puedo solucionar porque llegamos tarde a trabajar, venga, vamos pa dentro.

Y hemos descendido a los infiernos junto al resto de los condenados para expiar, bien apretujados en un vagón de aire viciado, todas nuestras culpas por pertenecer a la miserable y decadente raza humana.

Tiendo de natural al escepticismo y no suelo confiar en fenómenos paranormales pero lo que sí está claro es que yo, como Eva sin contaminar, nunca hubiera escrito semejante frase.

bocatajamón

No me digáis que os habéis creído la historieta que os contó ayer Eva. Pues muy crédulos sois, hay que contrastar fuentes, hay que escuchar varios puntos de vista, hay que leer por lo menos dos versiones y luego ya, con esos datos sobre la mesa, uno se puede construir su propia narración de manera informada y crítica.

Tened en cuenta que los hechos contados tal cual son resultarían tan aburridos que nadie se molestaría en leerlos. Un ejemplo de realismo sin aderezos: hola, Eva, ¿qué tal el fin de semana? Bastante bien, ¿y tú, Esme? Tirandillo que no es poco. ¿Te han gustado mis colaboraciones?Sí, me han gustado, otro día te escribes algo, cuando te apetezca. Bueno, sí, otro día, ya veremos. Sí, eso, ya veremos.

¿Os habéis dormido? Desde aquí oigo los bostezos. Para evitar que se os abra la boca con grave riesgo de desencajamiento mandibular, Eva adorna y trastoca la realidad. Son permisos que se toma ella, licencias. Sé que se dice así porque asistí tres días a un taller literario, al cuarto me fui porque el profesor era un fantoche y pretendía poner puertas al campo de mi creatividad con sus técnicas y tácticas. Cretino. También me fui porque me aburría escribiendo. Describe el vuelo de una mosca, nos puso de trabajo experimental. Descríbelo tú que yo bastante  tengo con espantar las moscas reales que revolotean por el aula.

Luego me apunté a otro taller,  de cocina, es que eran gratuitos. No me gusta cocinar pero como tengo que hacerlo a diario pues al menos que sea con conocimiento de causa. De ese también me largué antes de tiempo, no hacíamos más que picar cebolla y llorábamos mucho mientras el profesor decía, más fina la cebollita que es la base del sofrito. Dije que iba al baño, dejé allí mismo el gorro y el delantal que nos habían proporcionado y no volví, supongo que en algún momento llegarían al guiso. Eso sí, en ambos aprendí los rudimentos para montar en un futuro mi propios talleres que ya no serán gratuitos sino de pronto pago. (Paga ya y disfrutarás de interesantes descuentos).

¿Veis como no escribo ninguna receta de rosquillas? Porque no quiero, no entra dentro de mis intereses, invenciones de Eva como casi todo lo demás, no es tan fiera Esmeralda como la describen.  Si soy un alma cándida, siempre que no me toquen las narices que entonces la cosa cambia.

Ja, se creía Eva que cambiando la clave de acceso iba a impedir el allanamiento de blog. La he sacado al cuarto intento pensando en las cosas que a ella le gustan. Toni, he probado inicialmente. No era. Miblog, escrito así, todo junto, tampoco era. Bocadillo de jamón, separado. Tampoco. bocatajamón, esta vez pegado y en minúsculas y mira por dónde se me han abierto las puertas como diciéndome: pasa Esme, pasa y defiende tu imagen maltrecha. Y eso he hecho.  Que yo también sé tomarme mis licencias.

Rosquillas tontas, rosquillas listas

Menuda con la Esme, que no me quería devolver el blog, dice que ya es tan suyo como mío y que soy muy mala persona por arrebatárselo ahora que tiene amigos verdaderos. Digo, pero Esme, ¿de qué amigos hablas?, si les querías dar el sablazo. Que esa es otra, la vergüenza que me ha hecho pasar comportándose como una mendiga digital o timadora, no sé con cuál de las dos acepciones quedarme. Pues me suelta que soy una paleta sin remedio, que no sé nada de nuevos hábitos sociales y que ella la amistad la reconoce así.

Así, ¿cómo?, ¿pidiendo dinero a la gente?, muy raro me parece. Claro, dice,  porque así calibra qué tipo de personas tiene delante, si son avispadas como ella y no muerden el primer anzuelo que les lanzas o si son unos pardillos de cuidado y en ese caso no tienen nada que hacer con un mujerón de su especie. Lo de mujerón son palabras suyas. Y que  su conclusión es que le caéis bien pese a que seáis devotos de la virgen del Puño, también en sus propias palabras.

Que le deje el blog a ella que le va a dar unos aires renovados, un remozao, un alicatao, un acuchillao de suelos y una mano de pintura que lo va a dejar de revista. Y que si no me importa igual tira también algún tabique por aquello de despejar espacios. Que va a inaugurar una nueva sección de botánica, eso para empezar, con fotos, música, videos interactivos y muchas diversiones más. Y como le digo que para tanto cambio mejor es que empiece ella uno propio, me salta que no, que tiene que aprovechar los mercados que yo he ido abriendo y mi know- how (no sabía que tuviera de eso) y que me lo tome como si fuera una franquicia, yo sería la marca original y ella la emprendedora franquiciada.

Ante mi negativa, porque sé que me quiere liar  para salirse con la suya, se ha puesto en jarras y desmelenada y con los ojos desorbitaos como si fuera la Anna Magnani del Retiro y con unos aires chabacanos que para qué , me ha amenazado.

Me da igual lo que digas, se  me pone, conozco la clave de acceso y voy a irrumpir siempre que me dé la gana. Si prefieres por las buenas, me dejas un día o dos a la semana, pero si no, ya entraré yo por mis medios forzando las cerraduras, palurda.

Ahora entiendo lo del novio presidiario y espérate que ella misma no haya experimentado su buena estancia entre rejas.

Eva, no te mosquees, por favor, me grita a continuación cuando ya me iba camino arriba bastante enfadada, te quiero un montón, eres una persona maravillosa, todo bondad, he aprendido mucho contigo y eso que yo sé más de todo que tú, pero, aún así y no sé cómo, he aprendido. No tengas encuenta mis arrebatos, soy Paulonia Tormentosa, no hace falta que me dejes el blog si no quieres, no sé qué me ha pasado, yo nunca te robaría el juguete, jamás, jamás. Y se sienta a abanicarse con cara de arrepentimiento.

Venga, Esme, cedo desandando el camino, te perdono y hasta puede que te deje una colaboración de vez en cuando, si ya sé que eres de arrebatos aunque a veces te pasas un poco.

Sí, me paso, me paso, lo admito,  no sé cómo podría resarcirte. Bueno, mira, se me acaba de ocurrir cómo, ¿quieres participar como socia preferentista en mi proyecto de crodwfunding?, con una pequeña aportación inicial me basta. Dámela ahora y borramos este incidente lamentable.

El colmo, pretendía darme el palo aunque lo niega y dice que sólo quería saber si soy lista o tonta, como las rosquillas de San Isidro, esos dulces tan típicos de la gastronomía madrileña en el mes de mayo. Que a mí de qué tipo me gustan más,  me cambia de tema para disimular, que a ella, paradójicamente, las que no llevan nada por encima, o sea, las tontas, porque las listas con esa cobertura azucarada le resultan un poco empalagosas y que si puede escribir aquí la receta de las rosquillas, que quedaría muy bien, le daría el toque chef de lo que actualmente nada ni nadie puede carecer.

Vamos mal de espacio, le he dicho con voz de  redactora jefe en funciones, para otro post, si acaso.