Sora abandonada en un parque

A primera hora de la mañana, plaf, Sora cayó sobre el estanque de los patos formando círculos concéntricos. Era grande, demasiado grande y olorosa para vivir en un piso pequeño. Aquí estarás bien, dijo la mujer que acababa de lanzarla sin demasiadas contemplaciones. Se dio media vuelta y se alejó trotando con sus zapatillas de trotar por el camino de los trotadores.

Los patos del estanque salieron de su letargo, deshicieron su postura de bola, estiraron los cuellos plegados, desentumecieron sus patas y se acercaron creyendo que un voluminoso desayuno había caído del cielo.

Pero, ¿qué porquería era esa?, mucho peor que las patatas sabor barbacoa que les tiraban los niños por las tardes. Dura, de un color gris poco apetecible y nada sabrosa. El supuesto desayuno sabía nadar y parecía contener algo dentro, algo pequeño que sobresalía de vez en cuando y volvía a esconderse luego. Lo hubieran investigado pero por detrás del puente vieron llegar a las viejas de los moños con su verdadero desayuno y se alejaron moviendo con alegría sus colas de plumas.

Sora aprovechó para salir de ese lugar tan poco seguro, mejor el amplio verde donde podría comer hierba, tomar el sol y llorar un ratito. Iba a soltar la primera lágrima cuando la, al parecer,  dueña de todo aquello bajó veloz de la punta de un chopo y graznó rabiosa, ¿quién se atrevía a pisotear su territorio?

Tres certeros picotazos hicieron retumbar su caparazón. Hubiera querido correr pero como no sabía tuvo que huír muy lentamente, acosada por delante y por detrás por la agresiva de los saltitos, hasta que alcanzó un camino de tierra. Desde lo alto del chopo la urraca se atusó la cola, satisfecha. Habrase visto la tiparraca esa…le dijo al mirlo. El otro trinó para no variar, de ahí no le sacabas.

Sora se escondió debajo de un banco dispuesta, allí sí, a llorar y llorar. Un malicioso gato la observaba con felina cautela desde el banco de enfrente. Tal vez podría afilarse las uñas con eso que tenía por encima o morderle el cogote o…o nada, siempre tenía que venir a alguien a fastidiar sus juegos, ese parque estaba lleno de gente inoportuna.

Una tortuga, gritó la niña, aplaudiendo y saltando a la vez, es preciosa, por favor, por favor, nos la llevamos,  nunca he tenido mascota, dijiste que podía, papi, lo dijiste, papito.

Te quiero, eres guapísima, dormirás en mi cama, te pondré un nombre, te daré helados, jugarás conmigo a la consola y si quieres hacer pis me avisas, oyó decir a la chiflada con coletas mientras viajaba  dando botes aterrorizados, secuestrada en el interior de una mochila rosa.

(Cuaderno de doña Marga)

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20 comentarios en “Sora abandonada en un parque

  1. ¡Precioso cuento de doña Marga! 🙂 Un día le pediré que nos haga uno para un martes 😉
    Pobre Sora, pobrecitas todas las soras del mundo que caen en manos de gente que no respeta la vida ajena, aunque sea la de una tortuguita. Cualquiera que crea que un animal, sea de la especie que sea, no merece todo el respeto del mundo, no ha entendido nada.

  2. Cuando tener una mascota se convierte en una moda…..la propia palabra mascota me ha costado más de una contradicción interna. Los animales son seres inmensos, tanto…que no entienden de nuestras razones.

  3. Pobre Sora. Yo cada vez que veo esos estanques llenos de tortugas que la gente ha ido abandonando se me parte el corazón. No tendría yo valor para abandonar a un animalito. Un besote.

  4. Pobre tortuga!. Ahora no me atrevo a contar lo que le pasó a mi tortuguita. Murió por mi culpa. Leí que a las tortugas de agua les gustaba el agua templada. Un día decidí darle una alegría y le puse agua templada. Se ve que era templada para mi, pero no para ella y murió en pocos minutos. Espero no haberme convertido en una asesina de animales, fue un accidente.

    1. Te queda alguna especie por matar??? estoy pensando si no serás una asesina en serie y todavía no lo sabes….. queriendo o sin querer todo bicho que cae en tus manos tiene los días contados (jajajajjaa no he podido evitar hacerte este comentario, desde el cariño y sin acritud, eso siempre)

      1. Siento decir que no es el único animal que ha muerto bajo mi tutela, pero es que hay bichos muy difícil de mantener. Me regalaron un pez y duró una semana. Los peces son muy delicados, que si el ph del agua, que si la comida justa, ni mucha ni poca.
        Que se aburriría y por eso se murió, no creo que fuera por mi culpa.

  5. y es que somos nosotros los animales, a mi me dan una pena terrible los peces en esas peceras redondas tan pequeñas todo el día dando vueltas, o las tortugas en esas plataformas de plástico con la palmerita arriba….. yo perdí a dos, a Leroy y a Merlin, las enterramos debajo de casa y juré que nunca más.
    Una historia muy chula y tan real como la vida misma.

    1. O los hamster dando vueltas en la rueda, por no hablar de los pájaros en jaulas. Leroy y Merlín, qué nombres más majos. Felicidades otra vez, para que veas 🙂

  6. Hay muchas personas que se desprenden de sus animales cuando se cansan de ellos. Los sueltan donde les peta. No te imaginas lo que te puedes llegar a encontrar por el campo.
    Pero, hablando de tu relato, es muy original y muy tierno.

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