Día: 12 junio, 2015

A tiempo

La doña Marga está muy emocionada con una noticia que ha visto en la tele, la de una mujer de su quinta, 102 añitos de nada, que acaba de doctorarse en Alemania. Resulta que a esa señora, que se llama Ingeborg y que es pediatra, los nazis no le dejaron leer su tesis doctoral cuando le tocaba porque su madre era judía y por eso ha tenido que esperar tanto, setenta y siete años, en concreto. Dice la doña Marga que ella también está a tiempo de hacer algo interesante, bonito y satisfactorio.

Claro que sí, le digo yo por no llevarle la contraria y porque me gusta que sea tan optimista, ¿se quiere doctorar también? Eso no, me contesta ella, aunque tampoco te digo que no me dé por escribirme una tesis. Por matar el rato antes de que el rato me mate a mí. Al llegar a mis años hay que tener mucho cuidado con los ratos, son muy traicioneros, más vale tenerlos ocupados para que no se les ocurran malas ideas. También he leído que hace poco una de mi edad se tiró en paracaídas, me dice a continuación guiñando un ojo.

No me diga que se quiere tirar en paracaídas, doña Marga.

No, hija, no quiero pero porque eso ya lo he hecho, lo hice de joven con un paracaídas que me construí yo misma y nos tiramos mi primo y yo desde el tejado de la casa de los abuelos. Él se rompió una pierna, yo me sacudí las faldas nada más. Yo he sido muy bárbara, pero que mucho, se me pone toda orgullosa de sus hazañas guerreras.

Yo creo que se lo inventa porque tiene mucha fantasía aunque igual es verdad, la veo bastante capaz. Por tirarle de la lengua le he dicho que no me la imaginaba llevando una vida de acción y riesgo, que más la veía como alguien reflexivo, escribiendo en sus cuadernos, dando paseos tranquilos y así. Oye, pues le ha sentado mal.

Eso ha sido luego, dama de compañía metomentodo, cuando ya el cuerpo se me ha gastado de tanto uso pero yo he sido tremenda, a escribir me he puesto después por eso que te he explicado de matar los ratos, de atacarles a ellos antes de que te ataquen a ti, pero primero he viajado, he tenido amantes, he subido montañas y he navegado por el Ebro.

¿Por el Ebro? Eso me parece un poco raro.

Es que soy de Zaragoza, me dice, y el Ebro es un río muy bravo, como algunas jotas.

De lo que se entera una, resulta que la doña Marga es maña y mujer de acción.

Todo eso te cuento, me dice observándose las medias de colores. ¿Crees que antes de morirme me publicarán los cuadernos en tapas duras? Me haría ilusión, pero en tapas duras.

¿Me ves mejor o peor que Ingeborg?, de guapa, me refiero.

Mucho más guapa que la Ingeborg, y eso que ella no está nada mal, se nota lo de la navegación por el Ebro, eso tiene que influir.

Pues claro, me contesta. Yo estoy muy ilusionada, tengo esperanzas, siempre las tengo. Casi siempre, casi siempre. Y se ha quedado dormida tan plácidamente. Soñará con Ebros bravos o con tapas duras o con vete tú a saber.