Día: 17 junio, 2015

El niño interior

Tenía yo ya a mi jefa muy delimitada, muy bien colocada en mi personateca, esa que todos llevamos en la mente y en la que vamos instalando a los que conocemos por estantes muy bien organizados. Bueno, igual esas estanterías imaginarias solo las llevo yo, que tampoco he visitado las mentes de otros, no por falta de ganas, ya me gustaría, sino porque no se puede.

El caso es que no sacaba a la Patri de sus reducidas actividades diarias que son las que ya he contado aquí mil veces: escribir, meditar, asanear ( no confundir con asesinar, se trata de practicar las asanas del yoga). De vez en cuando también quedar con alguna amiga o grupo de ellas que no la entienden nada ni la satisfacen, eso se nota, la Patricia no es un ser fácil de entender, o salir de compras y volver con cara de haber sido torturada en los probadores. Sospecho que no le gusta mucho ir de tiendas.

Pero hoy, de buena mañana, la he visto sentada en su mesa de la siguiente manera: el ordenador de sus escritos estaba echado a un lado, justo en la esquina de la mesa y a puntito de despeñarse y su lugar lo había ocupado una lámina con un dibujo. También había lapices de colores, rotuladores, acuarelas, sacapuntas y otros objetos similares. Primero pensé que le estaba haciendo, como hacen y harán muchas buenas madres del mundo, el trabajo de fin de curso al Jacobín, pero al acercarme a saludar he podido comprobar que la lámina no era infantil aunque tampoco me ha parecido muy adulta. Además el Jacobín ya ha terminado el curso, ahora que me acuerdo.

Me he puesto a mis faenas sin dejar de pensar que las artes de mi jefa se despliegan cual alas, que se bifurcan cual no se me ocurre qué, pero cual algo que tienda a la bifurcación y que, cansada de la escritura, pero con esa necesidad de expresarse y de crear que todo artista lleva dentro, le ha dado por las artes plásticas. Pues no, tampoco era eso.

He tenido que esperar a que se levantara para ir al baño para acercarme con el trapo, ese objeto que me da acceso a todos los rincones, a modo de pase mágico, y ver aquello más de cerca. El dibujo representaba a una mujer de pelo largo que dormía sobre una colcha de estrellas, de las hebras del pelo le salían nenúfares, pájaros y ranas. Un tanto extraño pero bello, muy hadesco. En realidad no era una sola lámina sino muchas agrupadas en un libro y en la contraportada de ese libro explicaba: colorea para encontrar tu niño interior. ¿Perdón?

Ha regresado ella  y me ha conminado a que abandonara esa estancia y me adentrara en otras porque estaba trabajando y no gusta de ser interrupida. Se me ha pegado el lenguaje adecuado, a mi parecer, a la lámina de la durmiente. He hecho como que me lo creía pero no soy tan tonta como para pensar que buscarse niños sea un trabajo, será otra cosa. Demeasiados niños para una sola persona. Ella ya lleva en su vientre un niño en formación y luego está el ya formado de fuera, el Jacobín, al que mucho caso no hace. Entonces, ¿qué niño es ese al que busca pintándole el pelo a una mujer con lotos y ranas en el mismo? No entiendo nada. Tengo que reconocer que hoy me ha descolocado y se ha descolocado ella misma.

He sacado el libro Patricia-mi-jefa de la estantería mental y lo he dejado a un lado para ver si lo tengo que volver a poner donde estaba o le busco otra ubicación distinta. Consultaré con  mis dos asesoras de confianza, la Esme y la Noe, para ver qué saben ellas de niños interiores. Y aquí queda mi tontería de hoy. Voy a ponerme a jugar a los dinosaurios con el niño exterior mientras su madre se busca el interior coloreando señoras raras. Para rara, la gente a veces.