Día: 24 junio, 2015

Pero que muy merecido

Estoy que me salgo, que me salgo del quiosco porque hace un calor aquí dentro que voy a acabar cocidita madrileña. Me he trasladado a la sombra del castaño y con un ojo contemplo mi sede empresarial, como lo llamaba Eva cuando teníamos el negocio de las mancias, y con el otro vigilo al del acordeón que sigue empeñado en asaetearme los conductos auditivos.

Pero además estoy me que salgo por otro motivo: me han dado un premio. A mí, a Esmeralda in person. Ha sido esa chica tan simpática y con la que tanto me identifico a veces que dícese llamar Tejas Rojas porque tiene el pelo de ese color. Gracias, Natalia.

Eva dice que no me pavonee tanto. Como es un poco infantiloide, lo llama hacerse la chulita. Para bajarme el soufflé me ha explicado que esos premios los tienen todos los blogs porque van circulando como la falsa monea que de mano en mano va y ninguno se la quea.  Sí, será verdad, pero es que este es especial porque no es para un blog sino para uno de sus habitantes,la menda propiamente dicha. ¿A qué tú uno así no tienes? Si es que sí, no me lo digas.

Y no lo voy a aprovechar para fastidiar a doña Marga ni para criticar sus escritos porque me siento magnánima y porque lo que lei el otro día del caminito me gustó. Iba a decir que mucho pero tampoco hay que pasarse. Me gustó la idea del camino, pero a mí café con leche que no me den. A mí, ya puestos, algo más potente para llegar donde haya que llegar con un buen colocón, por si acaso no me gusta mi destino.

Conste que yo no bebo ni tomo drogas porque valoro mucho mi cuerpo serrano, pero pienso que una vez muerta como daño ya no te va a hacer porque no hay hígado que proteger ni neuronas que salvaguardar ni peligro de adicción pues para qué quieres más. La situación ideal.

También me conmovió bastante la abuelita, me hizo acordarme de la mía. Qué leches, pero si mi abuela era una arpía. Siempre nos estaba culpando de la muerte de mi madre, nos decía: la habéis matado vosotras a disgustos, sobre todo tú, Esmeralda, que eres un punto filipino. Nunca entendí esa expresión pero sí que me creí que a mi madre, de manera indirecta, la había matado yo.

Luego, para acabarlo de arreglar, se sacaba un pañuelo burruñoso de la manga para limpiarse las lágrimas y los mocos y exclamaba poseída por la tragedia, ¡pobres, pobres niñas huérfanas! ¿En qué quedamos? ¿éramos  pobres niñas huérfanas, asesinas  a secas o pobres niñas asesinas huérfanas?

Viví con esa culpa hasta que comprendí que no, que yo no había tenido nada que ver con la defunción materna ni mis hermanas tampoco. Mira los disgustos que me dan a mí la Anais y el Jonás, y aquí me tienes, tan pimpante y tan premiada, por si se os había olvidado lo del galardón que me ha otrogado Tejas Rojas.  A mí sola, no al blog, quiero recalcarlo. Al punto filipino.

Voy a ponerme las gafas para contemplarlo en toda su belleza porque sin ellas solo veo un borrón. Qué asco de presbicia, si hasta la palabra es fea. Ahora sí luce y reluce. Precioso, de verdad, y  pero que muy merecido o eso quiero creerme ¿y tú qué miras, so tabardo, nunca has visto a nadie hablando sola y escribiendo a la vez? Se llama inspiración, la que a ti te falta.

Se lo estoy diciendo al del acordeón. No sabe ese a quién se enfrenta: a Esmeralda, la asesina huérfana.

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