Qué remedio

A la doña Marga no le gusta el verano o, mejor dicho, no le gusta su verano de ahora porque muchas veces me ha contado con gran pasión sus pasadas gestas estivales. Pero su verano en estos momentos significa toldos echados, persianas bajadas, calor, penumbra, soledad y el Cortinglés. Esto último es bueno, no malo.

Como tiene uno muy cerca de su casa, todas las tardes a última hora, la chica que la cuida habitualmente, que no soy yo, yo sólo la sustituyo unas horas para que pueda descansar, empuja su silla hasta ese templo de la supervivencia de las ancianas. Se pone toda guapetona, en su estilo estrafalario colorista y allá que van a disfrutar del aire acondicionado.

Mira, me explica la doña Marga, el día que inauguramos la temporada me compro algo. Cualquier cosa, lo primero que pillo de una percha sin reparar en precio ni talla porque no me lo voy a quedar, es como un préstamo. Como lo he comprado al azar y sin probármelo, nunca me queda bien. Ahí está la clave. Al día siguiente tenemos que volver a hacer el cambio y esa es nuestra ocupación tarde tras tarde. Dirás que qué aburrido, bueno, eso depende de la emoción que quieras ponerle, a estas edades hay que tener una motivación para salir de casa, aunque sea tonta, para pasar de un día a otro sin caerse al abismo. No sé qué haría yo en verano sin esos grandes almacenes…se pone así muy soñadora como si estuviera diciendo no sé que haría yo sin el amor de mi vida.

Si lo oye el Toni que siempre dice que es poner un Cortinglés y sembrar sus alrededores de muerte y destrucción…huy, que no puedo decir nada de él, lo que me cuesta no citar sus frases apocalípticas.

La EMT también está muy bien para pasar el verano entretenida: es gratis para los viejos, está refrigerado y vas viendo el paisaje por la ventanilla. Antes, cuando no iba en silla, me subía al Circular y daba la vuelta entera a Madrid, primero para un lado y luego para el otro. Tan ricamente, no te creas que no añoro esos paseítos. ¿Quieres que inauguremos esta tarde la temporada tú y yo?, me propone.

Y eso hemos hecho. La doña Marga se ha comprado un bañador de gatos en la sección infantil y luego hemos subido a merendar a la última planta. Mira qué vistas, me dice extendiendo la mano y mostrándome la ciudad allí abajo, parece nuestra, como si pudiéramos mover los hilos. Ojalá pudiéramos, suelta toda melancólica. Pero enseguida abre la bolsa y se le pasa la pena de no tener poderes para hacer el mundo a su gusto mirando su bañador para niña de tres años y cavilando por qué otro objeto inútil lo sustituirá.

Es monísimo, si tuviera una bisnieta se lo regalaría pero sólo tengo bisnietos y yo no necesito bañador. Tendré que volver mañana a cambiarlo, qué remedio.

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26 comentarios en “Qué remedio

      1. Sí pero a la imaginación también hay que alimentarla saliendo de vez en cuando o se te pone mustia. Así que aunque a mí no me gusta nada ir de compras, entiendo a doña Marga.

      2. La imaginación mustia… Pues te voy a hacer caso y mañana me doy una vuelta por el CI a ver si me inspiro entre la planta de electrodomésticos y la sección de jardineria. ¡Un abrazo, Eva!

  1. A mí me encanta la última planta de El Corte Inglés de Madrid…así que con gusto acompañarìa a Doña Marga si estuviera allá. En cuanto a las compras, por qué no? William Blake dijo que hay que agotar el deseo para trascenderlo, Doña Marga debe saberlo y sigue sus consejos.

    1. Tal vez sea eso que tú tan bien has citado o tal vez sea simplemente una necesidad de adornar un poco las horas, con compras o con lo que sea. Doña Marga estaría feliz de invitarte a un café en la última planta.

  2. Vaya, Eva, creo que me estoy convirtiendo en doña Marga … esa praxis es genial … creía que ra cosa mía.
    Un relato muy cercano, Eva.
    Saludos.

  3. Lo del “Cortinglés” me ha “llegao”. Para una determinada generación es casi una institución. Yo hace tantos años que no voy que me he puesto hasta melancólica. Esas escaleras mecánicas….que cuando las encuentras siempre van en el sentido opuesto al que buscabas….ay….

  4. Lo del autobús también lo practicaba yo en Córdoba en mis años mozos. Cuando no tienes ni un duro para tomarte algo en una terraza, dar vueltas en el autobús es una buena solución, es como montar en un coche de caballos, pero con más gente y con aire acondicionado.
    Me encanta doña Marga.

  5. La actitud de doña Marga me recuerda las teorías de la evolución. Mejor dicho, la adaptación de las especies a su medio.
    Todo lo deleznable que algunas personas pueden encontrar en las “grandes superficies” (de compras, no de la sabana africana ni otras) ella lo emplea para su entretenimiento. En cierto modo lo usa para sus gustos y las explota, en lugar de que suceda lo contrario.
    Tiene mucho talento doña Marga en el arte de la supervivencia.

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